Acumulacion de capital y accion politica: que hacer?
Bases para un programa de la clase obrera argentina
- El auge de la accion popular directa
En 1989, con la hiperinflacion desatada y la deuda publica externa en cesacion de pagos, la explosion de los saqueos y el acoso del fantasma de las huelgas generales pasadas precipitaron la caida del gobierno radical de Alfonsin y la asuncion anticipada del ya electo peronista Menem. Sin embargo, rapidamente se puso en evidencia que el aparente pico en la accion popular directa no habia sido sino una forma politica concreta clave de la profundizacion del neoliberalismo. Mas aun, asi como el neoliberalismo avanzaba en el proceso escandaloso de privatizacion de las empresas publicas, la precarizacion de las condiciones de trabajo y la generacion del desempleo, la accion popular directa entraba en un periodo de retroceso. En 1990, la conversion forzosa de los depositos bancarios privados en titulos de la deuda publica no tuvo ninguna respuesta directa colectiva por parte de los pequennos ahorristas damnificados. Las privatizaciones, el alza de tarifas y las reducciones masivas de personal que las siguieron levantaron resistencias gremiales fragmentarias, cuando lo hicieron. La debilidad de la oposicion practica a las privatizaciones se reflejo en su canalizacion bajo la forma de acciones legales en un sistema judicial del cual ya no quedaba siquiera la formalidad.
Mas bien, la pequenna burguesia, las porciones de la clase obrera a cargo del trabajo mas complejo e, incluso, la clase obrera en general, se vieron arrastradas por el avance neoliberal. Tanto en 1989 como en 1995, Menem gano las elecciones presidenciales practicamente con el 50% de los votos; solo que la primera vez lo hizo con un discurso populista para realizar luego una politica neoliberal, y la segunda lo hizo con sus antecedentes y discurso abiertamente neoliberales. Por cierto, ya habian resurgido para entonces algunas explosiones de protesta popular (el "Santiagazo"), pero no pasaban de ser fenomenos locales. Incluso habian tenido lugar jornadas de protesta nacional realizadas por fracciones del movimiento sindical con apoyo de la pequenna burguesia. Pero las jornadas de huelga general convocadas por la totalidad del movimiento obrero recien resurgieron en 1996, con la agudizacion del desempleo por la crisis nacional asociada con el efecto "tequila". Del mismo modo en que habia resurgido, esta accion se aquieto cuando la economia argentina parecia haber superado la crisis, aunque la tasa de desempleo no cayera por debajo del 13%. El unico movimiento popular que emergio en un proceso sostenido de expansion y organizacion fue, precisamente, el de los desocupados cuyos piquetes en demanda de subsidios por desempleo se van tornando dominantes en los cortes de rutas.
Pero, a partir de 1999, asi como la crisis renace con mas fuerza que nunca, la consciencia popular acerca de la necesidad de tomar en las propias manos la resistencia a las politicas neoliberales va escalando niveles ineditos. Todo apunta a alimentar esta consciencia. Se suceden los recortes de los salarios publicos y las jubilaciones, que arrastran consigo a los salarios privados, la destruccion de los servicios publicos de educacion, salud, seguridad, etc.. La desocupacion aumenta nuevamente. En contraste con la creciente miseria popular, las empresas privatizadas no cesan de ganar y de violar sistematicamente sus compromisos contractuales, mientras los bancos hacen su agosto con comisiones y diferencias usurarias entre tasas activas y pasivas. Todo esto ocurre con la anuencia comprada de los organos politicos del estado y la garantia de la impunidad juridica absoluta. La ultima ilusion popular de que los representantes politicos electos fueran a revertir estos procesos en base a una actitud etica se esfuma con la renuncia del vicepresidente Alvarez, impotente tras denunciar a su propio gobierno por comprar votos en el Congreso.
Al mismo tiempo, se pretende hacer pasar a las manifestaciones de la insolvencia irreversible del estado nacional, el "blindaje" y el "megacanje", por saltos adelante que la economia argentina da gracias a su estabilidad sostenida en la convertibilidad. Y si la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa, Cavallo, el artifice de la politica neoliberal de apertura y convertibilidad con el gobierno peronista en 1991, ocupa nuevamente en 2001 el ministerio de economia como la esperanza salvadora del gobierno de la Alianza formada por el partido radical y sus asociados.
Para los sostenedores de las politicas neoliberales, la crisis es consecuencia de no haberlas profundizado suficientemente. Argumentan que esta insuficiencia ha llevado a la perdida de confianza interna y externa en las perspectivas de la economia argentina y a la corrupcion generalizada. Se trata, entonces de reconquistar la confianza mediante mas neoliberalismo. Para los criticos al neoliberalismo, este ha logrado el crecimiento del producto social. Pero lo ha hecho a expensas de socavar las bases del mismo en el consumo interno hasta el punto de tornarlo insostenible. Se trata, aqui, de retomar el crecimiento mediante la aplicacion de una politica economica que distribuya el producto social de manera mas equitativa, cuya transparencia haga renacer la confianza y la etica publicas. Hasta para la izquierda la naturaleza de la crisis tiene su clave en la consciencia: se trata de la consecuencia del desarrollo del capitalismo mundial a cuyo arrollador avance destructivo solo puede ponerle fin la resistencia consciente de la clase obrera argentina y de sus eventuales aliados populares.
Llegan asi las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001. El movimiento obrero declara la huelga general. Los hambreados saquean los comercios, con la secuela de treinta muertos. Los piquetes de desocupados organizados sostienen sus cortes de rutas y calles. La pequenna burguesia y la porcion de la clase obrera que realiza el trabajo complejo (1) comienzan los cacerolazos y salen a la calle. En la ciudad de Buenos Aires convergen sobre la Casa de Gobierno. El presidente aliancista De la Rua responde reprimiendo sangrientamente a su propia base social, causando siete muertos. La situacion se le torna insostenible, y debe huir dejando el gobierno en manos del parlamento con mayoria peronista. Pero el presidente nombrado por el Congreso, Rodriguez Saa, dura poco mas de una semana. Un nuevo cacerolazo y concentracion en Plaza de Mayo imponen su desplazamiento. El Congreso designa como presidente a Duhalde, quien comanda la estructura partidaria y capacidad de movilizacion mas fuerte dentro del peronismo.
La desocupacion y la baja del salario real por el efecto del traslado de la devaluacion a los precios internos se agravan dia a dia, mientras el movimiento sindical pasa a un discreto segundo plano. La perspectiva de nuevos saqueos masivos permanece latente, y explota esporadicamente, en los barrios mas empobrecidos. El movimiento de los desocupados organizados oscila entre agudizar sus demandas por subsidios y no desbordar el conflicto politico general. La protesta circunstancial de la pequenna burguesia y la porcion de la clase obrera que realiza trabajo complejo se consolida en la organizacion permanente de las asambleas populares barriales e interbarriales, y en los "escraches" a politicos y bancos. Las asambleas llegan a aprobar propuestas tales como el rompimiento con el FMI, la nacionalizacion de los bancos y la reestatizacion de los servicios publicos privatizados. Pero la consigna absolutamente comun, nacida en la protesta callejera y dirigida a cualquier representacion politica institucionalizada, sigue siendo "que se vayan todos". Entre piqueteros y asambleistas no se reconoce mas legitimidad representativa que la surgida inmediatamente del ejercicio de la democracia directa.
En estas condiciones surge la pregunta acerca del papel politico que les cabe a los trabajadores intelectuales criticos del capitalismo y, mas aun, a un partido politico de la clase obrera argentina que exprese los intereses generales de esta. Se encuentra fuertemente difundida la idea de que el aporte pasa por la produccion de un programa de consignas reivindicativas cuyo sostenimiento en la practica de la lucha politica cotidiana vaya transformando a la consciencia inmediata de resistencia popular en una consciencia revolucionaria portadora de la superacion del modo de produccion capitalista mismo. Se trataria, por lo tanto, de actuar sobre las condiciones abstractamente subjetivas de esta transformacion, dando por sentado que sus condiciones abstractamente objetivas ya han sido alcanzadas, tal como lo pondria de manifiesto la crisis economica misma.
Por muy revolucionaria que parezca, semejante concepcion no hace sino invertir de manera idealista la determinacion de la consciencia de la clase obrera, reduciendola a los avances y retrocesos aparentes de la misma. La consciencia de la clase obrera argentina no es sino la expresion de su ser social, y este se encuentra concretamente determinado por el modo especifico en que se organiza la produccion material de su vida. Para poner verdaderamente en evidencia las potencias historicas de la clase obrera argentina y, por lo tanto, para contestarse acerca del que hacer respecto de la situacion politica actual para expresar en ella los intereses generales de la clase obrera, es necesario partir de contestarse por el caracter especifico del proceso nacional argentino de acumulacion de capital. No se trata de esperanzarse con que el grado alcanzado por la consciencia politica del pueblo va a engendrar por si el cambio en el proceso nacional de acumulacion de capital sino, por el contrario, de descubrir que cambios en este proceso son los que estan tomando forma concreta necesaria en la accion popular directa y, de ahi, conocer cual es la potencialidad historica que ella encierra.
- La realidad de la economia argentina en el ultimo cuarto de siglo (2)
Como ya dijimos, los economistas neoliberales han difundido la imagen de que la profunda crisis argentina actual no tiene mas base que la falta de confianza interna y externa generada por el propio conflicto social. O, como dijera el secretario del tesoro norteamericano, ya se sabe que los argentinos son asi. Presentan como prueba irrefutable el crecimiento que tuvo el volumen fisico del PIB durante la ultima decada. En efecto, en el promedio del periodo 90/01, el nivel de actividad economica supera en un 26% al del periodo 75/89 (caracterizado por el estancamiento) y en un 73% al del periodo 60/74 (de sostenida expansion). Ante semejante crecimiento, los propios economistas criticos del neoliberalismo plantean que la crisis actual no nace de las condiciones de produccion sino de las de distribucion: bastaria un shock de demanda logrado via una distribucion del ingreso mas equitativa para que la economia argentina retomara la senda del crecimiento.
Sin embargo, bien sabemos que en las sociedades donde impera el modo de produccion capitalista la riqueza social no se presenta simplemente bajo la forma de un cumulo de valores de uso o bienes. Lo hace bajo la forma especifica de ser un cumulo de valor. Dicho de otro modo, es obvio que no basta con poseer mas bienes para ser mas rico; lo que importa es la suma del valor de esos bienes. Esta cuestion es particularmente delicada para una economia como la argentina, en donde la produccion industrial compleja se ha visto desplazada por la importacion, mientras se han expandido la produccion de materias primas y actividades de bajo valor agregado.
El resultado ha sido catastrofico. El PIB a los precios efectivamente vigentes en el mercado y expresado en una unidad de poder adquisitivo constante (3) apenas ha crecido un 24% desde el periodo 60/74 al 90/01. Peor aun, en el periodo 90/01 ha caido un 10% por debajo del valor correspondiente al periodo 1975/89. Si, durante su periodo de aparente expansion sostenida en base al crecimiento de la escala de actividad, la economia argentina ha perdido una decima parte de su valor. Y para 2001 este valor se ubica un 9% por debajo del nivel que ya habia alcanzado en 1974. En sintesis, el volumen fisico incrementado encierra una masa contraida de riqueza social. El valor producido anualmente por la economia argentina ha permanecido estancado, y mas bien en retroceso, durante el ultimo cuarto de siglo. En terminos internacionales (4), la economia argentina tenia una magnitud equivalente al 3,2% de la norteamericana en 1960; en 2001 esta proporcion ha caido al 1,5%. En terminos internos, el valor del PIB de la Argentina alcanzaba en el 60/74 para comprar mensualmente 18 millones de las canastas de bienes y servicios sobre las que se computa el indice de precios al consumidor. En el 75/89, equivalia a 24 millones de canastas, cayendo en el 90/01 a 22 millones de canastas. Mientras, la poblacion pasaba de 23 millones a 29 millones y 34 millones en el promedio de cada uno de esos periodos.
Como tambien sabemos, la produccion capitalista no tiene por objeto la mera produccion de valor, sino la produccion de plusvalia. Y la plusvalia neta de los gastos corrientes de circulacion (y a la que se suma el valor del capital fijo consumido durante el anno) crece del periodo 60/74 al 75/89 en un 90%, pese a que el crecimiento del producto de valor no supera al 40%. Sin embargo, la contraccion en el producto de valor entre 75/89 y 90/01 solo ha permitido expandir la plusvalia neta en un 8%. No es simplemente la escala de la economia argentina la que choca contra un limite especifico a su expansion, sino que es la propia acumulacion de capital la que lo hace. Y si la masa total de plusvalia neta no ha terminado cayendo en terminos absolutos, ha sido a expensas de minar la propia base de la reproduccion normal de la acumulacion de capital, o sea, a expensas de la compraventa sistematica de la fuerza de trabajo por debajo de su valor.
En el 60/74 el empleo (5) crecio un 17% menos que la poblacion; en el 75/89 lo hizo en un 49% menos; y en el 90/01 el crecimiento del empleo se ubico un 43% por debajo del de la poblacion, pese a que la tasa de crecimiento de esta se habia reducido en un tercio. El crecimiento del desempleo y el subempleo se ha consolidado asi como una condicion normal de la economia argentina. Sus tasas se acercan hoy, cada una, al 25% de la poblacion economicamente activa. Resulta claro que el proceso nacional de acumulacion de capital presenta una tendencia especifica a la formacion de una poblacion obrera sobrante, y que la misma brota de manera inmediata del estancamiento y retroceso en la magnitud de valor que le cabe producir a la economia argentina.
Sobre esta base, lejos del "salariazo", el salario real ha caido de manera sostenida, ubicandose manifiestamente por debajo del valor de la fuerza de trabajo. Durante el periodo 90/01 el salario real industrial resulto un 35% inferior al vigente durante el periodo 60/74 y un 23% inferior al del periodo 75/89 (6). Al mismo tiempo, el salario indirecto se ha reducido oficialmente en no menos de un tercio, y mucho mas profundamente en terminos reales por la multiplicacion del empleo en negro, el deterioro de las jubilaciones, del sistema de salud, etc. La clase obrera argentina se ha visto asi progresivamente despojada hasta de la posibilidad de reproducir su fuerza de trabajo con los atributos productivos que habia alcanzado antes de comenzar este proceso.
En la decada de 70, solo una sangrienta dictadura militar sistematicamente dedicada a hacer desaparecer a los delegados gremiales de base, con las tropas en las fabricas, pudo hacer caer el salario real en un 35% respecto del nivel que habia alcanzado en el trienio 73/75. En la decada del 90, el salario real ha pasado a tener de manera normal un nivel que ha llevado esa caida al 40%. Pero, ahora, este nivel mas deprimido aun se ha alcanzado y mantenido a traves de la accion de un gobierno encabezado por el partido que representa politicamente de manera masiva a la clase obrera nacional. Y la misma caida se ha prolongado con otro gobierno democratico para el que, ser progresista, se reducia a enunciar la administracion honesta de la miseria progresiva. La vuelta del peronismo al gobierno se ha abierto con el aumento de los precios internos por efecto de la devaluacion, mientras que los salarios nominales se encuentran fijos y, mas bien, acentuan su tendencia descendente al multiplicarse la desocupacion. Solo con la estimacion oficial del aumento de precios al consumidor para el primer trimestre de este anno, el salario real industrial ha caido a la mitad del nivel alcanzado en el periodo 73/75. La respuesta de los gremios se ha limitado a la advertencia de que, de agudizarse la situacion, podria llegar a estar en riesgo la paz social. Tal el grado de debilitamiento sufrido por la fuerza politica y sindical de la clase obrera argentina a lo largo del ultimo cuarto de siglo.
En contraste con el estancamiento y retroceso del producto de valor, la deuda externa no ha cesado de crecer. En 1975, la deuda publica con acreedores del exterior no llegaba a equivaler al 10% de PIB. Para 1991 ya equivalia casi al 50% del mismo. Pese a habersela cancelado parcialmente mediante la privatizacion de las empresas publicas, su saldo a fin de 2001 se aproximaba al 60% del PIB. A este endeudamiento hay que agregarle el correspondiente al endeudamiento publico contraido en el exterior con capitales argentinos, de modo que escapa a la soberania del estado argentino. Este endeudamiento alcanzaba al 10% del PIB a fin de 2000, habiendose multiplicado significativamente en el ultimo anno. Por su parte, la deuda privada con acreedores del exterior ha crecido vertiginosamente durante la vigencia de la convertibilidad, del mismo modo que lo habia hecho durante el anterior periodo de fuerte sobrevaluacion de la moneda nacional a comienzos de la decada de 1980. De modo que, aun cuando buena parte de su saldo fue convertido en deuda publica externa en 1982, y esta conversion ya habia comenzado a operarse nuevamente, su saldo a 2001 equivalia al 23% del PIB. Los intereses devengados sobre la suma de la deuda publica y privada con acreedores del exterior durante el ultimo anno ha equivalido asi al 7,4% del PIB.
Juan Iņigo Carrera
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