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r-caldas: Como para pensar

esapbo
Tue, 19 Feb 2002 04:18:12 -0800

Title: Colombia Libre - Autodefensas Unidas de Colombia AUC
 
Los Comandantes Carlos Castaño, Ernesto Báez, Salvatore Mancuso y Julián Bolívar, integrantes de la Dirección Política y Militar de las AUC, emiten en este espacio editorial, el pensamiento de las Autodefensas Unidas de Colombia.
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Amenazas Extremas, Soluciones Extremas

El señor Mauricio Vargas ha puesto los ojos sobre las Autodefensas en su última publicación de la revista Cambio. Anuncia el prestigioso columnista que en Colombia no se repetirá el ejercicio de la Alianza del Norte contra los Talibanes en Afganistán, pero advierte que podría suceder.

Para iniciar mi comentario por el final de la columna de Vargas, debo decirle que las Farc nos están obligando a los colombianos a recurrir a todo contra ellas. Nos preparamos y, aunque Vargas dice que las AUC tendrán que dejar de matar para recibir un tratamiento político, debo advertir a los colombianos que caerán guerrilleros, uniformados y de civil. Desde enero anunciamos que habría sorpresas para las Farc, y tan sólo han visto la punta del iceberg hasta ahora; pero algo que también tenemos claro es que ni somos terroristas ni nos comportaremos como tales.

Tal vez las Farc provoquen la instauración de una Alianza al mejor estilo afgano en Colombia.  Lo que no dudo es que ésta, de llegar a darse, no será con el Ejército, como lo recomienda el señor Vargas en su columna. Si así fuera, los Estados Unidos habrían hecho la guerra en Afganistán con tropas regulares; pero no. Fue con irregulares y de manera muy irregular que se erradicó el Talibán. En Colombia están las AUC para erradicar a los terroristas, y que las Fuerzas Armadas del Estado se encarguen de refrendar con su presencia y control la soberanía del Estado en los territorios que vayamos recuperando.

Que el problema es de ética, dirán los moralistas. Soy idealista y conservo mi ética, pero la cosa ahora no es de falsa moral, sino de salvar a Colombia.

Lo que recuerdo de nuestra historia reciente es que a Escobar y su cartel lo derrotamos entre Autodefensas, narcos, gringos y Estado. Igualmente sucedió con Rodríguez Gacha. A los Rodríguez Orejuela, y a buena parte del cartel de Cali, los arrasó una alianza entre unos policías, unos narcos, unos gringos y el Gobierno, llevando a la cárcel a unos, y a otros al cementerio. A otros narcos los persigue hoy la alianza entre otros policías, otros de la Autodefensa, unos del Gobierno, y uno que otro gringo merodeando.

Y es que siempre ha sido así, a lo largo de la historia: los países, ante un agresor común, se han unido, incluso pueblos hostiles entre sí, para enfrentar la amenaza superior. En Colombia, estas alianzas extremas, aunque no deseables, fueron necesarias para erradicar el cartel de Medellín, el de Cali, y hay más, en todos los casos emparentados con organizaciones guerrilleras; unos se aliaron con el M-19; otros, con las Farc; y otros con el Eln. Esto lo ha comprendido Colombia olvidando, lamentablemente, que la constante en los casos de esos enemigos ha sido la guerrilla como amenaza perenne a nuestra institucionalidad.

Aceptemos algo: en Colombia hay otro establecimiento, el ilegal, que enfrenta al tradicional, y es ésa  la guerra que padecemos entre compatriotas. Ese otro establecimiento comparte y se disputa espacios con el tradicional en una estructura de poder piramidal, en cuya cúspide gravitan los capitalistas narcos, tan ricos, desde luego, como los capitalistas tradicionales; narcos que han comprado riqueza lícita con dinero ilícito a los dueños del establecimiento tradicional, y se han enquistado en la sociedad económica colombiana, representando una amenaza para el establecimiento tradicional y su régimen, al que consideran su rival, pretendiendo, incluso, destruirlo para suplantarlo.

Si descendemos por los costados de esa pirámide, encontramos una cúpula de narcotraficantes de segunda línea insertados forzadamente en la sociedad y, más abajo, ajustados a su correspondiente costado, se ubican las guerrillas y las Autodefensas, respectivamente. Por los otros dos costados, pende el resto del país económico y social, el que padece la guerra. Y descendiendo hasta el final se encuentran otros fenómenos delincuenciales, desde la corrupción hasta las últimas manifestaciones de la delincuencia común. Aceptando mi visión, debemos concluir que hasta hoy se han atacado los síntomas, y se ha dejado de lado la solución para el origen del problema. De ahí la permanencia del conflicto colombiano.

Más temprano que tarde, aceptará el país que esta lectura que hago del conflicto es la mayor aproximación a su diagnóstico.

El mal que aqueja a Colombia es, entonces, la relación simbiótica entre violencia y narcotráfico. Y en el centro de dicha relación, se encuentra un pueblo sumido en la pobreza.  Así las cosas, los colombianos padecen una guerra que enfrenta a dos establecimientos: el narco y el tradicional, por el control de la estructura de poder. Y el conflicto armado, que no dejaremos de llamar político, es hoy tan sólo una expresión de ese enfrentamiento de poderes económicos.

Definido el actual conflicto colombiano, encuentra uno varios tipos de tratamiento y habrá que decidirnos por el que mejor resultado ofrezca a Colombia.

La Alianza del Norte en Afganistán se consolidó con la unión de varios grupos de narcotraficantes ex comunistas, enemigos todos de los Estados Unidos, hasta el 11 de septiembre.

Si conseguimos que en Colombia el establecimiento narco deje de ser una amenaza para el establecimiento tradicional, y plantee, de manera sincera, un sometimiento a la justicia de los Estados Unidos en un proceso en el que esté garantizada a sus miembros la posibilidad de volver en el futuro a Colombia sin causar daño a la sociedad y sin el torrente económico del narcotráfico que alimenta a la subversión y le damos, previamente, la estocada final entre todos a los  narcoterroristas de las Farc, ya este resultado valdría la pena.

Lo anterior sería cómodo -prácticamente gratis y altamente fructífero para el establecimiento tradicional, que poco arriesga por el beneficio de Colombia-. Y una vez derrotadas las Farc, nos conformaríamos con recibir, para la nación colombiana, lo que ya ha ofrecido el gobierno  a las Farc; nada más. Por supuesto, a la par con la inversión en políticas coherentes de sustitución de cultivos ilegales, se liberarían los inmensos recursos internos y externos que actualmente se invierten en la lucha militar contra el narcotráfico, y podrán ponerse en acción grandes políticas de reactivación rural en un marco de desarrollo sostenible que contrarresten el fenómeno de deserción agraria. También se contará con la inversión extranjera para generar empleo masivo como remedio a los grandes males de la población urbanizada durante los años del conflicto. Éste será el momento para que realicemos un verdadero movimiento Político de Autodefensa Social y Económica en contra de los grandes sufrimientos que aquejan a Colombia.

Al final, seguramente aceptaremos ante el gobierno de los Estados Unidos que, para salvar a Colombia de la amenaza de las Narcofarc, fue necesario recurrir a algo similar del lado nuestro.  No pido impunidad para nadie: que unos y otros respondamos por nuestros respectivos actos. Y que el establecimiento tradicional permita que podamos volver a vivir en un país donde quepamos todos. Y tal vez los gringos entiendan lo que fue inevitable, y su juicio sobre todos nosotros se haga interpretando las circunstancias que han rodeado nuestra  actitud forzada frente a este absurdo conflicto.

Reflexionará el poder en Colombia.  Y aunque nadie se atreverá a comentar, en conciencia y públicamente este proyecto, debo advertir que aquí pensamos en Colombia  y nos la jugamos toda, y ante amenazas extremas, soluciones extremas.

Carlos Castaño
Dirección Política AUC

Colombia, 15 de febrero de 2002.

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