Subalternidad al PSOE y voto �til:
la tenaza definitiva
�ngeles Maestro
El Viejo Topo
"No se renuncia al
programa; lo �nico que se hace es aplazar su realizaci�n... por tiempo
indefinido. Se acepta el programa, pero esta aceptaci�n no es en realidad para
s� mismo, para seguirlo durante la vida de uno, sino �nicamente para dejarlo
en herencia a los hijos y a los nietos. Y mientras tanto, "todas las fuerzas y
todas las energ�as" se dedican a futilidades sin cuento y a un remiendo
miserable del r�gimen capitalista, para dar la impresi�n de que se hace algo,
sin asustar al mismo tiempo a la burgues�a"
De la Carta Circular a A. Bebel, W. Liebknecht, W.
Bracke y otros.
K. Marx y F.
Engels (1879)
Los recientes
resultados electorales constituyen una privilegiada y contundente lecci�n de
pol�tica de la que quiero resaltar los siguientes aspectos:
En primer lugar hay que destacar, en
homenaje a este pueblo, que la reacci�n ante los terribles atentados del 11 M
- a diferencia de lo ocurrido en EE.UU. - no ha sido la exaltaci�n
reaccionaria del discurso patri�tico y la hegemon�a de los valores m�s
conservadores. Se ha exigido desde la calle la verdad al gobierno sobre su
autor�a, gritando no a la guerra y se ha votado contra el PP. El voto al PSOE,
m�s que la esperanza de cambio, ha sido el privilegiado instrumento popular
para echar al gobierno.
En segundo lugar, aparece en Catalu�a con
inusitada potencia un voto rebelde, contra todos los l�mites de lo
pol�ticamente correcto, expresado en el crecimiento electoral de
ERC.
En tercer lugar, y en ello quiero detenerme,
se sit�a el hundimiento del voto a IU. Se reproducen pat�ticamente los
resultados del PCE en 1982 y por motivos an�logos: ante una conmoci�n
pol�tica, entonces el 23-F, con el objetivo de echar a la derecha y ante un
mensaje coincidente "juntos podemos", el electorado apuesta por la opci�n de
la izquierda m�s �til.
La primera valoraci�n de Llamazares
apuntando al "voto �til" como causa del desastre electoral de IU es una
perogrullada. Siempre ha existido y existir� el tir�n hacia el voto �til para
toda fuerza situada a la izquierda del PSOE. El problema es c�mo se resiste.
Si con el discurso de las dos orillas y la alternativa frente a la
alternancia, o con la perspectiva del "gobierno de la izquierda plural" como
�nico horizonte pol�tico. La diferencia es un 11% de voto, al alza, frente al
5%, en ca�da libre.
Es el resultado, otra vez como en 1982, no
solo de enviar al caj�n de los recuerdos propuestas y principios de
transformaci�n social, sino de olvidar una premisa que aparece en cualquier
manual de derecho: para que una fuerza pol�tica sea capaz de configurar un
espacio electoral tiene que diferenciarse suficientemente de las
dem�s.
Lo m�s grave es que no parece que haya en
este momento, dentro de izquierda unida, suficiente voluntad pol�tica para
hacer frente en serio a la situaci�n. El �nico s�ntoma de vitalidad ser�a la
dimisi�n en bloque de la direcci�n, el nombramiento de una gestora y la
convocatoria de un congreso extraordinario. Por desgracia los indicios no
apuntan en esa direcci�n. Otra vez las palabras de Llamazares tras las
elecciones niegan otra perspectiva pol�tica que la �rbita del PSOE: hemos
ganado porque echamos al PP. Es evidente que una IU as�, no es
necesaria.
Hace poco m�s de un mes dec�a en un
an�lisis sobre la VII Asamblea de IU, que la mayor�a Llamazares-Frutos
hab�a decidido instalarse en el espacio pol�tico de subalternidad al PSOE que
inaugur� el pacto pre-electoral de marzo de 2000. La puesta en escena, que
incluy� a Santiago Carrillo y Jose M� Fidalgo como invitados estrella y un
video sobre los 17 a�os de existencia de IU - en el que aparec�an
profusamente los dirigentes de Nueva Izquierda sin que se mencionara siquiera
a Julio Anguita, constituyeron los elementos simb�licos de importantes
decisiones pol�ticas. Fue el pen�ltimo broche - faltaba la rotunda realidad
del 14 M - de tres a�os destinados a liquidar, pol�tica y
organizativamente lo poco que quedaba del proyecto originario. Pero la
historia viene de mucho m�s atr�s.
La clave de b�veda de la convocatoria para
construir un bloque y un proyecto alternativo que pretendi� ser IU y que, en
consecuencia, desenmascaraba al PSOE situ�ndole en el neoliberalismo en la
pol�tica econ�mica y como lacayo del imperialismo en relaciones
internacionales, choc� pronto con sus tres prolongaciones: el grupo PRISA, la
direcci�n de CC.OO. e Iniciativa per Catalunya.
Estos tres poderes f�cticos, al tiempo que
socavaban la credibilidad de IU en la "opini�n publicada" -que no en la calle,
ni en los resultados electorales- engendraron el brev�simo invento de Nueva
Izquierda, mientras revitalizaban todo el posibilismo y el oportunismo de la
hegemon�a carrillista, bien arraigados en amplios sectores de la
organizaci�n.
La venta del proyecto pol�tico de
transformaci�n social y de la propia organizaci�n, a cambio de un lugar al sol
-durante poco tiempo, como bien comprob� el PCE en la transici�n e IU en
Arag�n, Baleares, etc. - en instituciones, gobiernos y medios de comunicaci�n,
no fue descubierta por "hombres de Estado" como Santiago Carrillo; la cita que
reproduzco al comienzo da cuenta de que la pat�tica b�squeda de la
respetabilidad del poder por parte de sectores de la izquierda es tan antigua
como la lucha de clases.
Sorprendentemente a medida que se
intensificaba la explotaci�n y aparec�a la guerra a gran escala como
instrumento privilegiado del imperialismo, iba diluy�ndose la resistencia
sindical, en un aut�ntico suicidio de los intereses de clase. Frente a la
precarizaci�n masiva, la Ley de extranjer�a y la sucesi�n de recortes en
derechos y prestaciones sociales y laborales, la respuesta por parte de
CC.OO. y UGT es - a partir de la contrarreforma laboral de enero de 1994 - una
espesa paz social, levemente alterada por huelgas generales
testimoniales.
Al mismo ritmo, el acoso interno y externo
al discurso de "las dos orillas" y la experiencia de pactos
generalizados de IU con el PSOE en diferentes federaciones, sobre todo Madrid,
iban preparando el terreno para el abandono, uno a uno, de sus rasgos
alternativos. El 11 de noviembre de 1999, en su �ltima intervenci�n
parlamentaria y menos de tres meses antes de los pactos IU-PSOE, Julio Anguita
defendi� la Iniciativa Legislativa Popular de las 35 horas, en c�mputo
semanal, sin reducci�n salarial, eliminaci�n de las horas extraordinarias,
reducci�n de la edad de jubilaci�n, contrato de relevo, salario social, etc.
Esta iniciativa estaba destinada a ser - seg�n los documentos aprobados por IU
- el pilar de todo un proceso de relanzamiento unitario de la lucha por parte
la organizaci�n junto al movimiento obrero cr�tico y combativo y otros
movimientos sociales. En su informe al Consejo Pol�tico Federal (CPF) del 13
de noviembre, tras perderse la votaci�n en el Congreso - como estaba previsto
- Anguita afirm�: "La batalla por las 35 horas contin�a. Deben
continuar la movilizaci�n y las iniciativas legislativas, as� como las
alianzas, sobre todo sociales". En ese mismo CPF, Julio Anguita pregunt� a
Joaqu�n Almunia: "Si os hacen falta los votos de IU, �pactar�is un
programa de izquierdas?". En el informe se reiteraba la soberan�a y la
voluntad de independencia de IU frente al PSOE, pero era ya el canto del
cisne. Anguita se vio obligado a aceptar una enmienda de Frutos que anticipaba
el golpe de tim�n que se avecinaba: "Si dentro de los plazos que IU se fije
para la elaboraci�n del programa y de sus listas electorales, apareciera una
situaci�n de di�logo con fuerzas pol�ticas de car�cter estatal en torno
a un programa y las consecuencias derivadas de dicho di�logo (sic), la
direcci�n federal dirigir� tanto el proceso como la aplicaci�n, en su caso, de
las consecuencias del mismo para todo el Estado espa�ol"[1].
Dos meses despu�s, con Anguita fuera de
juego, estaba cocinado el pacto. Frente a las protestas de una militancia, que
en diciembre aprueba un programa electoral y en enero se encuentra con
que en la propuesta com�n se han eliminado los contenidos clave, y, sobre
todo, que se hab�a dejado la piel - junto a otras organizaciones - recogiendo
1.750.000 firmas para la ILP de las 35 horas[2], se respond�a desde la
direcci�n diciendo que �sos eran los m�nimos del acuerdo, pero que IU manten�a
su programa para... tiempos mejores (otra vez, l�cido Marx).
Con el programa com�n PSOE-IU del a�o
2000 - del que desaparec�a la salida de la OTAN y la eliminaci�n de las Bases,
la liquidaci�n de las ETT,s, las 35 horas por ley, la paralizaci�n y revisi�n
de las privatizaciones, la progresividad fiscal, etc. - la instalaci�n de IU
entre las fuerzas del sistema, en lo "pol�ticamente correcto" adquir�a �mbito
estatal. Las palabras del candidato del PSOE J. Almunia ante la patronal
catalana - en el mismo hotel en el que medio a�o antes 400 empresarios
aportaron 100.000 Ptas. cada uno a la campa�a electoral de Pascual Maragall -
son suficientemente expl�citas: "El acuerdo alcanzado sit�a a IU, una fuerza
que ha tenido un papel importante en los �ltimos 20 a�os, en el �rea de la
gobernabilidad (...) en el marco econ�mico que fija la Uni�n Europea y su
pacto de estabilidad ", de forma que sus propuestas "sirvan para ser llevadas
a la pr�ctica y no para discutir o contestar desde fuera un sistema pol�tico,
econ�mico y social"; aunque. "lo que mejor cay� entre los empresarios
catalanes fue el anuncio de Almunia de que un eventual gobierno presidido por
�l no aplicar� por ley la semana laboral de 35 horas"[2][1]
Contra toda l�gica, el impresionante
descalabro electoral (se pierden 1.400.000 votos, m�s del 50% de los obtenidos
en 1996) no lleva a cuestionamiento alguno de la estrategia pol�tica. Se hab�a
entrado en un camino sin retorno.
Mientras en todo el territorio, el sector de
la militancia situado m�s a la izquierda abandonaba la organizaci�n, la
direcci�n insist�a en que el pacto era correcto pero que no hab�a habido
tiempo suficiente para explicarlo bien. No exist�a otra pol�tica que la de la
unidad de la izquierda plural, apostando por gobernar como fuera, obviando
cualquier an�lisis sobre los contenidos.
Precisamente cuando terminaba la paz social
de la mano del enorme malestar que se expresa en el movimiento
antiglobalizaci�n y en los sectores m�s combativos del movimiento obrero, la
direcci�n de IU dio un giro de 180�. Se instal� en la �rbita del PSOE
produciendo un doble efecto : la legitimaci�n de �ste como fuerza de la
izquierda y la configuraci�n de un gran espacio pol�tico radical que no tiene
referente pol�tico. Ahora, con los demoledores resultados electorales,
asistimos al acto final del drama del desmoronamiento de IU y del despilfarro
del esfuerzo pol�tico de miles de personas.
El gran tema a analizar es por qu� la misma
mayor�a que apoy� el proyecto de IU que encabez� Julio Anguita, se aprestaba a
su liquidaci�n, retomando los mismos contenidos que representaban Nueva
Izquierda e Iniciativa per Catalunya y por los que se produjo una traum�tica
ruptura dos a�os antes. La respuesta hay que encontrarla en varias razones que
se retroalimentan: la salida de IU de los sectores comprometidos con el
proyecto originario ante la constataci�n cotidiana del abandono del programa
alternativo, el aplastamiento y la marginaci�n - utilizando todas las v�as
antidemocr�ticas imaginables - de quienes se atrev�an a discrepar, el
clientelismo que abre camino primero y asegura despu�s el acceso a los
cargos institucionales, el miedo de una militancia acostumbrada a
obedecer..etc.
Estos y otros muchos son elementos
importantes, pero, a mi juicio, el asunto clave que explica la escasa
resistencia interna a la desnaturalizaci�n de IU es esencialmente pol�tico.
Tanto en el proyecto inicial de Gerardo Iglesias, como en la refundaci�n que
desencadena la llegada de Julio Anguita a la Coordinaci�n General hay una
debilidad cong�nita estrat�gica. Se pretendi� erigir un proyecto pol�tico
alternativo, basado en la lucha de masas, sin cuestionar el Pacto de la
Transici�n ni, en consecuencia la Constituci�n mon�rquica de
1978.
Sin pretender analizar a fondo este tema que
desborda el objetivo de este art�culo, es indispensable se�alar que la sincera
vocaci�n de alternativa de IU entre 1989 y 1999, la identificaci�n del PSOE -
y sus ramificaciones medi�ticas y sindicales - como instrumento pol�tico de
las clases dominantes y la apuesta decidida por la movilizaci�n y por formas
nuevas de organizaci�n, tuvieron el enorme agujero negro de no identificar que
la renuncia a la ruptura pol�tica en la Transici�n, interrumpi� el hilo rojo
hist�rico de la lucha secular de las clases populares por su
emancipaci�n. Lo que no pudo conseguir la guerra, ni el exilio, ni los m�s de
200.000 asesinados tras el uno de abril de 1939, ni la c�rcel, ni el terror,
lo consigui� la entrega del tesoro pol�tico y organizativo tan duramente
construido a lo largo de la dictadura, a cambio del ingreso de un pu�ado de
dirigentes en la "gobernabilidad" de la que hablaba J. Almunia.
Era, y es imposible, reconstruir el proyecto
hist�rico revolucionario sin abordar una etapa absolutamente clave de nuestra
historia[3] sin pa�os calientes, con datos, con rigor y sobre todo con los
ojos nuevos de una generaci�n que no vivi� la Transici�n, que no se siente
responsable de ella[4] y que pisa fuerte en la reconstrucci�n del movimiento
obrero y popular. El mar de banderas republicanas sostenidas mayoritariamente
por j�venes, y su destacada presencia en la manifestaci�n del 6 de diciembre
pasado, niega con rotundidad el discurso oficial de la izquierda en la
transici�n: la escasa trascendencia de la forma de Estado frente a los
supuestos contenidos "progresistas" en lo econ�mico y lo social de la
Constituci�n. A ese mismo objetivo de enmascarar la realidad apunta el
pat�tico chascarrillo del monarca-republicano que han desempolvado
recientemente Llamazares y Zapatero. Lo que la juventud intuye es lo mismo que
late en el cerebro y en el coraz�n de tanta gente de todas las
edades:
la verdad es siempre concreta y en esta
tierra, Rep�blica es rebeld�a. En esta tierra la II Rep�blica simboliza la
posibilidad de acabar con el orden establecido, irrupci�n de la gente de la
calle en la pol�tica, abrir caminos de poder popular... democracia, en
definitiva.
La imagen de la cabecera de la manifestaci�n
del viernes, 12 de marzo, en Madrid que junt� a los m�ximos responsables de
todas las fuerzas pol�ticas institucionales, incluida IU, con Berlusconi y
toda la familia real, representando fielmente el gui�n de la "unidad de los
dem�cratas frente al terror" y repitiendo, 36 horas despu�s de los
atentados[5], el mentiroso discurso de la responsabilidad de ETA, es
suficientemente expl�cita de la necesidad ineludible de cuestionar el sistema
para mantener un discurso independiente.
La ineludible y urgente tarea de abordar la
refundaci�n del proyecto hist�rico revolucionario, aqu� y ahora, tiene muchos
interrogantes, pero algunas cosas van apareciendo con claridad como elementos
b�sicos:
* la III Rep�blica forma parte decisiva del
programa pol�tico;
* el cuestionamiento global del sistema es
el punto de partida del proyecto alternativo; abordar la reconstrucci�n
del movimiento obrero en la perspectiva de la unidad de clase y sobre la base
de la democracia, la voluntad de lucha y el internacionalismo;
* la vinculaci�n del movimiento obrero con
el movimiento antiglobalizaci�n en la b�squeda de nuevas formas de resistencia
y de unidad;
* rehacer el concepto de representaci�n (el
mandato imperativo, el mandar obedeciendo, la revocaci�n, los salarios del
representante),
* construir mecanismos y medios de
comunicaci�n alternativos como elementos esenciales en la lucha
ideol�gica
* si el escenario de la lucha de clases es
mundial, a esa escala hay que construir el proyecto emancipatorio que
tendr� el internacionalismo y la pluralidad en su c�digo
gen�tico;
En la declaraci�n de Principios de Corriente
Roja[6][5], sin olvidar que las alas son cortas y las nubes altas, se hace
menci�n expresa a la necesidad imperiosa de situar con claridad los
objetivos:
"Somos conscientes de la enorme debilidad
pol�tica de la clase obrera, de la magnitud de las tareas que tenemos por
delante y de la importancia de las luchas concretas en la construcci�n de un
bloque pol�tico capaz de generar una alternativa global al sistema
capitalista. (...) Frente al reformismo hegem�nico en la izquierda, que
esteriliza tantas luchas y tanto esfuerzo con la inalcanzable finalidad de
suavizar el neoliberalismo, es necesario afirmar que la transformaci�n radical
del sistema y la construcci�n del socialismo son las �nicas alternativas
posibles a la barbarie".
Madrid, 16 de marzo de 2004
Notas:
[1] VOCES. Peri�dico Electr�nico Semanal de
IU Federal. N� 2. 19 de noviembre de 1999
[2][1] El Pa�s, jueves 17 de febrero de
2000
[3] Hay tres libros a mi juicio esenciales
para entender esta etapa: J. Garc�s (1996) Soberanos e Intervenidos". Siglo
XXI de Espa�a editores S.A. P. Sverlo (2000) Un rey golpe a golpe, Arakatzen
SL. J. Navarro (2003) 25 a�os sin constituci�n. Editorial Foca.
[4] Manifiesto convocatoria 6 de
diciembre de 2004 por la III Rep�blica.
[5] A la hora de la manifestaci�n, las 7 de
la tarde, se hab�an producido ya los siguientes hechos: las dos condenas de
Arnaldo Otegi negando la autor�a de ETA, el descubrimiento de la furgoneta de
Alcal� de Henares, el m�vil configurado en �rabe, etc, la reivindicaci�n de
Al-Qaeda y la llamada de ETA a ETB y a Gara negando cualquier responsabilidad
en los atentados.
[6][5] Declaraci�n de Principios de
Corriente Roja. I Encuentro Estatal, julio de 2003.