Les envio un articulo publicado en Cyberayllu. Este tema a vuelto a la 
palestra. Los invito a leer un articulo de Fernando Ampuero, titulado Cora Cora 
Melody, publicado en Caretas 1881.

Evadidos y telúricos
Notas sobre del I Congreso Internacional de Narrativa Peruana (Madrid, mayo 
2005)

Dante Castro
(En http://www.andes.missouri.edu/andes/Cronicas/DC_Madrid.html)

Mario Vargas Llosa inauguró el Congreso de Madrid con el pie en alto. No había 
una razón suficiente para resucitar su vieja tesis contra la narrativa 
«telúrica», sin embargo echó mano al baúl de los recuerdos y con premeditación 
y alevosía esgrimió el manido argumento. ¿Qué pretendía el famoso escritor sino 
poner el parche antes que apareciera la llaga que sigue ardiendo en la 
literatura peruana? Sabía por anticipado que sus epígonos no iban a estar solos 
y que los seguidores de José María Arguedas les disputarían la atención del 
público. Alguien me dijo: «Vargas Llosa no quiso decir eso, sino que se refería 
a una añeja polémica de los 50». Pregunto: ¿por qué ahora? 

La narrativa peruana es atractiva para muchos especialistas, a nivel mundial, 
justamente por su riqueza de matices y variedad temática. El desarrollo de una 
corriente no invalida la otra, excepto en circunstancias de monopolización de 
los medios de difusión. Bien dijo José Carlos Mariátegui: «El desarrollo de la 
corriente indigenista no amenaza ni paraliza el de otros elementos vitales de 
nuestra literatura. El indigenismo no aspira indudablemente a acaparar la 
escena literaria. No excluye ni estorba otros impulsos ni otras 
manifestaciones». Difícilmente  se puede demostrar que la narrativa andina 
tenga constituida una «argolla» sin contar con medios de comunicación que den 
cuenta de ella. La narrativa urbana no-andina lo tiene todo, pero no en función 
estricta de su mayor calidad literaria. Si se trata de medir o cuantificar 
grados de calidad estética, la novela y el cuento andinos quedarían en buena 
posición. Tanto como algunas obras de temática urbana a las cuales no 
regateamos méritos.

El mejor saldo que nos queda después del Congreso de Madrid, lo constituye el 
haber mostrado a los críticos y estudiosos españoles que nuestra literatura 
tiene una prolífica gama de matices y corrientes. También se mostró que la 
narrativa peruana no está representada por una sola manifestación y quizá éste 
sea el origen de la irritación que exhiben los mal llamados «criollos». Digamos 
que a estos últimos los hemos obligado a escribir irritantes artículos con 
nuestra sola presencia en un escenario que consideraban propio.

Sugerir —como hizo el escritor y crítico Iván Thays y refrendó el narrador 
Fernando Ampuero— que los escritores andinos alcancen el éxito con las mismas 
fórmulas que los populares músicos Dina Páucar o Chacalón, es trivializar el 
debate. Sería lo mismo que invitar a los narradores «cosmopolitas» o «evadidos» 
a que triunfen imitando las estrategias publicitarias de Michael Jackson. Está 
demás decir que la buena literatura nunca alcanzará los niveles de  
masificación de la música popular.

Recojamos el guante que se nos lanza y sigamos en esa línea. La cantante andina 
Dina Páucar ha logrado un éxito sorprendente, incluso en la pantalla chica. 
Pero, paralelamente, en la televisión suele ridiculizarse a la mujer andina 
mediante un personaje patético: la paisana Jacinta. Antes tuvo otra 
competidora: la chola Chabuca. Ambas son caricaturizaciones de la mujer del 
Ande que tienen un común denominador: hombres vestidos de mujer que parodian 
los peores aspectos de un fenómeno complejo. Detrás de ello deberíamos 
descubrir la verdadera esencia de un conflicto intercultural e interétnico que 
se resuelve siempre a favor de la cultura hegemónica. La literatura no ha 
podido sustraerse a los rigores de este fenómeno discriminatorio. 

La discriminación en unos resulta inconsciente y en otros es una actitud 
deliberada: el día en que se desarrolló el panel de narradores andinos, los 
«criollos» brillaron por su ausencia. De ser una postura intencional, es 
condenable por constituir una falta de respeto o desaire a quienes consideran 
ajenos. Y tampoco son de confiar los artículos que sobre el Congreso de Madrid 
han escrito quienes se ausentaron de él en reiteradas ocasiones. 

El debate puede entenderse desde otro punto de vista. La narrativa andina no ha 
gozado de un reconocimiento justo en la prensa local, puesto que los autores de 
crónicas literarias privilegian una sola expresión de la narrativa peruana. 
Quienes traten de sacar conclusiones acerca de la literatura contemporánea 
leyendo las páginas culturales de los principales medios de prensa, se llevarán 
la falsa impresión de que en el Perú ha desaparecido la temática andina. En 
distintas ponencias pudimos percibir un reclamo por mayor objetividad en el 
periodismo cultural y eso no constituye delito ni afán de figuración, como 
expresó al cierre el novelista Miguel Gutiérrez.

¿Frente unitario andino?
Decir que la literatura no hegemónica carece de méritos artísticos o que no ha 
pulimentado la forma, es absurdo. Reiterar que la envidia carcome el hígado de 
quienes no obtienen publicidad, es algo más que cómico. Los narradores andinos 
han convencido en diferentes ocasiones a jurados de concursos nacionales e 
internacionales. También han alcanzado niveles de ventas que harían sonrojar a 
sus críticos más acerbos. Ésos no son argumentos serios para una polémica que 
bien los merece. Si se trata de hípica literaria, los narradores «cosmopolitas» 
del Perú deberían prosternarse ante el éxito comercial de Harry Potter o de El 
código Da Vinci. La narrativa andina ha conseguido en dos décadas un lugar 
privilegiado que necesita confirmarse en el terreno de la crítica literaria y 
consolidarse alrededor de elementales ejes como la aproximación conceptual y la 
unidad de acción. Por ejemplo, dos semanas antes del Congreso de Madrid, 
debatíamos en casa de Mario Suárez acerca de un concepto por definir: ¿qué es 
lo andino? José Antonio Bravo sometió a los invitados a resolver la ecuación y 
llegamos a la conclusión de que hacía falta un nuevo encuentro de narradores 
andinos para solucionar la incógnita.

La unidad de acción es de suma importancia frente a la discriminación. Algunos 
andinos de origen también discriminan a quienes no lo son, a pesar de que las 
obras de estos últimos testimonien la problemática social del Ande. No pocos de 
ellos han divorciado la reivindicación social de su quehacer narrativo, 
pretendiendo que esta concesión se convierta en una ventaja para incorporarse a 
la literatura hegemónica. Sin embargo, ni aún con esa sutileza alcanzan el 
reconocimiento anhelado. Vale recordar la fábula de Esopo acerca de una lechuza 
que pintándose de blanco quiso incorporarse al mundo del palomar, pero cuando 
fue descubierta por las palomas, éstas la botaron a picotazos. Luego, tampoco 
las lechuzas quisieron aceptar a la impostora que fingió ser paloma. La actitud 
de algunos «andinos» en el Congreso de Madrid, quienes no demostraron 
suficiente irritación ante las provocaciones de los «criollos», parece sugerir 
un intento de «blanquearse». La prueba más fehaciente está en la ausencia de 
respuestas en blanco y negro, desde la publicación por Vargas Llosa de La 
utopía arcaica hasta los actuales artículos de «criollos» y anti-andinos que se 
están quedando sin contestación.

Ya en coche, escapando por las calles madrileñas de una ebriedad prevista, 
escuché el lamento de un escritor cusqueño: «Pobrecitos los andinos, nos 
defienden Ricardo Vírhuez, de Iquitos y Dante Castro del Callao. ¡Y nosotros no 
decimos nada!». Alguien que leerá estas líneas mañana afirmará que sí se opuso 
a las provocaciones de los «criollos», pero su oposición se oyó apenas como el 
ruido del susurro de una queja.

Sin conceptos, sin doctrina ni programa, será difícil hablar de literatura 
andina en el siglo XXI. Cuando pretenden definir la polémica entre andinos y 
criollos, les preguntamos: ¿qué tienen en común Felipe Pinglo, quien compuso y 
cantó para la clase trabajadora, y el Fernando Ampuero de Miraflores melody? Y 
si se trata de pedir explicaciones a quienes conspiran contra lo andino: ¿No 
son andinos quienes le han dado un perfil definido a Lima, como Chabuca Granda 
y Ricardo Palma, ambos nacidos en Andahuaylas?



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