Entrevista a Casimira Rodríguez, Ministra de Justicia de Bolivia  Equilibrio y 
paciencia  Empezó a trabajar a los 13, haciendo tareas domésticas a cambio de 
techo y comida, aunque fue despedida al reclamar su salario. Desde entonces la 
actual ministra de Justicia de Bolivia, Casimira Rodríguez Romero, se ha 
dedicado a luchar por los derechos de trabajadoras como ella. Su primer desafío 
en la gestión, dice, será combinar las prácticas 
ancestrales con la Justicia ordinaria.    
  Por Gimena Fuertes- Las/12
  Viernes, 10 de Febrero de 2006 / Ukhamawa Noticias
   
   
   
  Su voz es humilde pero firme. Los rastros de su dulce quechua natal 
atraviesan sus palabras, sus sentimientos y su lucha. Casimira Rodríguez Romero 
es la nueva ministra de Justicia de Bolivia y sostiene que llegó a ese puesto 
gracias a “la perseverancia en la lucha en defensa del gremio de las 
Trabajadoras de Hogar”, que fundó junto con sus compañeras, cansadas de “la 
discriminación y la explotación”.
   
  Casimira se identifica como indígena y trabajadora de hogar. La denominación 
de trabajadora doméstica no le gusta porque dice que “domésticos son los 
animales”. Desde su puesto se propone defender “los derechos de las personas 
que tienen menos posibilidades y recursos”.
   
  La vida de Casimira Rodríguez Romero acaba de cambiar. Para asumir en el 
ministerio se tuvo que mudar a La Paz y ahora vive “en forma comunitaria” junto 
a sus compañeras del sindicato. Si bien reconoce estar sorprendida de estar en 
ese alto puesto gubernamental, esta sindicalista se sostiene en el aprendizaje 
de las distintas experiencias de lucha.
   
  Nació en Mizque, Cochabamba. “Eramos una familia pobre, de tres hermanos y 
tres hermanas. Recuerdo que mi madre nos crió con mucho amor”, cuenta.
   
  A los trece años empezó su vida laboral como trabajadora de hogar a cambio de 
una habitación y comida, pero sin salario. La primera injusticia la sufrió al 
reclamar su sueldo a su patrona, quien la denunció por robo para poder echarla.
   
  Después siguió trabajando en casas de otras familias alrededor de 16 horas 
por día. Los domingos, Casimira y otras trabajadoras de hogar tenían tres horas 
libres a la tarde. Entonces, aprovecharon para juntarse en una parroquia y 
empezar a hablar de sus experiencias y analizar cómo organizarse.
  Las “trabajadoras de hogar” no tenían una ley que las reconociera como tal. Y 
ellas sabían que tenían derecho a tener contrato, salario, vacaciones y 
aguinaldo.
   
  En 1993 llevaron a cabo el primer Congreso Nacional de Trabajadoras de Hogar. 
Elaboraron un proyecto de ley y lo presentaron ante el Congreso. En 1996, 
Casimira Rodríguez asumió como secretaria ejecutiva del sindicato y desde allí 
coordinó la organización de las trabajadoras de varios departamentos de 
Bolivia. Recién en 2003 lograron que se promulgara la ley que regula su 
actividad. En el medio, estas trabajadoras sufrieron ataques de la prensa y de 
los diputados, pero el objetivo era claro y la lucha inclaudicable.
   
  En diálogo con Las/12, la ministra asegura que el gobierno de Evo Morales 
significa el “renacimiento de la esperanza para el pueblo boliviano” y remarca 
su “firme compromiso de no defraudar”.
  También, de paso, aprovecha para enviar “saludos especiales a las 
trabajadoras de hogar argentinas de Catamarca, Córdoba y Buenos Aires por 
luchar”, a quienes conoció en distintos encuentros sindicales.
   
  ¿Cuáles son los principales objetivos para su gestión frente al ministerio?
  –El compromiso como ministra que me han encomendado es la difícil tarea de 
luchar contra la corrupción y mantener la transparencia. Es un desafío 
recuperar la confianza del pueblo boliviano para que pueda creer que se pueden 
manejar y administrar nuestros recursos con transparencia. Asimismo 
implementaremos políticas de defensa pública y de derechos humanos. Vamos a 
vigilar el cumplimiento de los derechos de las personas que tienen menos 
posibilidades y recursos. Las dos líneas de acción que implementaremos desde el 
ministerio serán la justicia comunitaria y la justicia ordinaria, que 
pertenecen a diferentes ámbitos. La justicia comunitaria es la que nos 
enseñaron nuestros ancestros. Siempre hemos desempeñado la justicia según 
costumbres ancestrales, sin apelar a las normas. En cuanto a la justicia 
ordinaria, es un objetivo que los procesos no sean tan retardados, porque hasta 
ahora la gente pobre siempre tenía que esperar para que se hiciera justicia.
   
  ¿Por qué cree que Evo Morales la eligió para ese puesto?
  –Humildemente, creo que por la trayectoria de lucha que llevo desde hace 18 
años en defensa del gremio de Mujeres Trabajadoras de Hogar. Fueron muchos 
procesos de confrontación, con diferentes problemas. Me ha tocado decir lo que 
pienso y siento y lo que es justo para defender nuestros derechos. Creo que he 
sabido tener equilibrio y paciencia para lograr una ley que regule nuestra 
actividad y que tardó 12 años para ser tratada en el Parlamento. Fue la 
perseverancia más que todo lo que nos ha permitido a todas lograr la ley.
   
  ¿Cuál fue el principal motivo que la llevó a organizarse y armar un sindicato 
con sus compañeras?
  –Lo que nos llevó a organizarnos fue la situación que se vive como 
trabajadora de hogar. La injusticia, la discriminación, el desamparo. Era 
necesario juntarnos, analizar nuestra situación, ver las posibilidades de 
mejorar el trato laboral, estar juntas. Estar sola es complicado ante el 
desamparo y la explotación que sufrimos como mujeres migrantes indígenas y 
campesinas.
   
  ¿Cuáles fueron sus principales logros desde el sindicato?
  –Uno de los logros más importantes fue la obtención de los derechos laborales 
del gremio. Porque además de la ley de regulación del trabajo asalariado del 
hogar, lo importante fue haber podido visibilizar el movimiento de estas 
trabajadoras, hacer ver públicamente lo que siempre había sido tapado. Hemos 
sacado nuestra lucha a la luz.
   
  ¿Cuáles fueron las reacciones de las clases altas durante la lucha de las 
trabajadoras de hogar?
  –Tuvieron las peores actitudes. No querían perder los privilegios. Pretendían 
mantener las condiciones de servidumbre, seguir violando los derechos de las 
mujeres migrantes. Hubo mucha resistencia a pesar de que ya teníamos la ley 
desde 2003. Hubo una actitud muy fuerte de no cumplir los derechos que nos 
corresponden. Todavía hay un sentimiento y un pensamiento colonialista muy 
fuerte. Ellos creen que hay mujeres que no deben reclamar y exigir como seres 
humanos. La propia experiencia de lucha nos enseña a aplicar la promoción de la 
ley y a afianzarla desde estos espacios institucionales.
   
  ¿Se imaginó alguna vez estar en el puesto en el que se encuentra ahora?
  –Nunca. Es un sueño haber llegado a este espacio. También es una sorpresa, y 
un desafío a cada día, cada minuto. Vengo de una familia humilde, pobre, en la 
que me dieron mucho cariño y amor. He recibido mucho en la niñez, y por eso 
pude aprender a escuchar a mis hermanas y hermanos bolivianos que vienen 
buscando justicia, vienen a hacerse escuchar en este ministerio.
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