Creo que ésto es de vuestro interés, no se si ya lo conoscan. Es de von Vacano.
  -Waldir-
   
   
  La prensa de Bolivia me censura. Mucho le agradeceré la difusión de esta nota 
si lo considera conveniente. Muchas gracias. 
   
  El New York Times aplaude a Evo
   
  Arturo von Vacano
   
  No acababa yo de reírme de las tonterías que escriben algunos comentaristas 
pequeño burgueses que se placen en morder los talones de Evo cada vez que Evo 
habla al mundo, cuando vengo a leer este domingo 24 de septiembre en el New 
York Times un comentario que aplaude al primer Presidente indio de Bolivia tras 
su discurso en la ONU. 
   
  No será esta la primera vez en que aplaudo yo a Evo por tirar al canasto las 
manidas frases que le preparan asistentes “diplomáticos” y preferir las 
palabras que salen de su corazón  y de su conciencia para hablar al mundo como 
si fuera su familia inmediata. 
   
  El mundo, cansado de escuchar bobadas y cansadas fórmulas, reacciona siempre 
de modo positivo ante las emociones de Evo porque, aunque lastiman el español 
(idioma foráneo para él, al fin de cuentas) llegan mucho más lejos que 
cualquier discurso enlatado gracias a la fuerza y la justicia de sus 
convicciones. Hablará “mal” para esos burgueses diminutos que le critican su 
poca elegancia, pero habla muy bien para un mundo que ve en Evo mucho de 
admirable a pesar de sus dificultades con los usos “diplomáticos”.
   
  También esta vez, mientras en Bolivia dos o tres “periodistas” le atacan 
porque no es Churchill, seis o siete agencias internacionales, diez o doce 
periódicos de circulación internacional, 15 o veinte radios y estaciones de TV 
han aplaudido y elogiado a Evo porque dice verdades como catedrales. Sólo los 
tontos de capirote o los bellacos de mala fe si fijan más en el envase que en 
el contenido de los mensajes que Evo lleva al mundo. 
   
  La sola hazaña de haber puesto a Bolivia en el mapa universal tras su gira 
por el mundo debió haber merecido el aplauso y la gratitud de todos los 
bolivianos decentes. Yo mismo me vi beneficiado en forma indirecta cuando el 
interés por Evo y Bolivia en USA agotó la segunda edición de mi “Biting 
Silence” en dos semanas. Valga la ocasión para agradecérselo desde aquí. 
   
  ¿Van a decir que Expocruz no se beneficia con la imagen de Evo? El interés 
mundial por Bolivia se ha multiplicado por diez mil: basta ver la cantidad de 
artículos y fotografías que aparecen en diarios y revistas del mundo todo y 
semana a semana. Nunca antes aparecieron el Gonicito, el Tuto ni otros canallas 
del mismo calibre en esa prensa. Antes, Bolivia estaba en la luna y muchos 
creían que era un lugar de ficción
   
  Es de esperar que ahora, cuando esos “periodistas” locales con buenos 
compinches entre los enemigos del país pueden ver los efectos de la verba de 
Evo, se decidan por fin a abrir los ojos, meterse su racismo despreciable donde 
deben meterselo e intenten levantar la vista para ver los días actuales con 
ojos, si no de historiador, por lo menos de personas honestas. 
   
  En fin, esta es la nota del NYT que aplaude al Presidente de Bolivia. La 
traduzco sin más ni más. 
   
  Septiembre 23, 2006
   
  LEYENDO LAS HOJAS DE COCA 
   
  Por JOHN TIERNEY
   
  El discurso más interesante en las Naciones Unidas esta semana fue, lamento 
decirlo, el de Evo Morales de Bolivia.
   
  No digo que fuera un discurso bueno, ni siquiera coherente. Eso sería mucho 
pedir a los gobernantes del mundo en ese maratón de gas anual. La calidad de la 
retórica es (allí) extremadamente baja. Morales, como su amigo Hugo Chávez, 
gastó demasiado tiempo desvariando sobre un nuevo orden mundial basado en 
políticas económicas que han logrado tantas maravillas en Cuba.
   
  Pero Morales trajo al menos una ayuda visual — y gracias a Dios, no fue un 
libro de Noam Chomsky. A diferencia de Chávez, no asignó tareas de lectura a la 
ONU. En vez, presentó una hojita verde de coca y, cuando habló de políticas 
internacionales sobre drogas, habló con mayor lógica que cualquiera que trabaje 
parea el gobierno de Estados Unidos. 
   
  (USA) ha sacrificado la vida de soldados y gastado miles de millones de 
dólares tratando de impedir que los campesinos cultiven coca en los Andes y 
opio en Afganistán y en otros países. Pero esas cosechas continúan aumentando y 
en Estados Unidos el precio en la calle de la cocaína y la heroína ha bajado 
mucho durante las ultimas dos décadas.
   
  Entretanto, (los norteamericanos) hemos estado ayudando a terroristas y a 
otros enemigos en el exterior. El Senado ha aprobado el envío de más dinero 
para programas destinados a reprimir a los cultivadores de opio, cuyo 
descontento es explotado por un resurgente Taliban. En los Andes, la política 
norteamericana sobre drogas enfureció tanto a los bolivianos que eligieron a 
Morales, un ex dirigente de los cultivadores de coca que hizo su campaña para 
la presidencia sobre la retórica anti-norteamericana que repitió esta semana.
   
  Denunció ante la ONU “la colonización de los pueblos de los Andes” por un 
intento imperialista de criminalizar la coca. “Se ha demostrado que la hoja de 
coca no daña al ser humano”, dijo, una declaración que se acerca mucho más a la 
verdad que la opinión de Washington sobre esas hojas. El polvo blanco que se 
vende en las calles norteamericanas es peligroso porque es una forma muy 
concentrada de la cocaína , pero cualquier otra substancia puede ser peligrosa 
en dosis suficientemente altas.
   
  Los sudamericanos acostumbran beber te de coca y mascar hojas de coca. La 
ínfima cantidad de cocaína de cada hoja  es un leve estimulante y supresor del 
apetito que es menos amenazadora que el café y las colas; de hecho, puede ser 
menos adictiva que la cafeína, y en buena cuenta puede hasta ser buena para 
usted y yo. Cuando la Organización Mundial de la Salud  pidió a los científicos 
que investigaran el te de coca durante los 1990’s, dijeron que no parecía ser 
causa de problemas de salud y podría dar resultados beneficiosos para la salud.
   
  Pero los funcionarios norteamericanos combatieron la publicación de ese 
informe y la reducción de las restricciones contra los productos de coca, del 
modo en que resistieron contra las propuestas de permitir que los cultivadores 
afganos vendieran opio a las empresas farmacéuticas en lugar de venderlo a los 
narcotraficantes aliados con el Taliban. La política norteamericana es 
continuar atacando los cultivos aunque ello empobrece a los campesinos o, lo 
más típico, les hace delincuentes.
   
  La prohibición contra las drogas en Bolivia y Afganistán ha hecho exactamente 
lo mismo que hizo la prohibición del alcohol en Estados Unidos: ha financiado 
el crimen organizado. 
   
  La única solución efectiva es el rechazo de esa prohibición. Dar a los 
cultivadores afganos de opio una oportunidad de venderlo para que se lo use 
como medicinas contra el dolor; dar a los campesinos de los Andes un mercado 
internacional legal para sus cosechas y productos como la goma de mascar, 
pastillas, jabones, tés y otras bebidas. Como propone Ethan Nadelmann, de la 
Drug Policy Alliance, “Poner otra vez la coca en la Coca-Cola.”
   
  Es lo que quiere también Morales, y tiene razón cuando se queja contra los 
imperialistas norteamericanos que criminalizan una substancia que ha sido usada 
durante siglos en los Andes. Si los gringos abusan de un producto hecho de 
hojas de coca, ese es un problema que Estados Unidos debe solucionar dentro de 
su casa. El modo más efectivo en cuanto a costo son los programas de 
tratamiento contra las drogas, no esos esfuerzos inútiles de recortar la oferta.
   
  Norteamérica hace muchas cosas que son malas para la salud de otros pueblos, 
como los grasosos Big Macs, la Coca Cola y sus azúcares, los letales Marlboros, 
pero nunca ha permitido que los extranjeros nos digan lo que debemos hacer o no 
hacer. Los sauditas pueden combatir el alcoholismo prohibiendo la venta del 
Jack Daniels, pero diríamos que están locos si nos ordenaran acabar con 
nuestras plantaciones de cebada en el estado de Tennessee.
   
  Estarían más locos aún si trataran de destruir todas las plantaciones de 
cebada del mundo, pero eso es lo que intenta hacer nuestra política sobre las 
drogas. Creemos que podemos resolver nuestro problema con la cocaína al acabar 
con la hoja de coca, pero todo lo que hacemos es dar más poder a demagogos (un 
gringo escribe esto, recuérdelo usted) como Evo Morales. Nuestros guerreros de 
las drogas le dieron ese poder. Por eso puede ahora decir lo que dice al mundo.


                
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