Alejandro Landes acompañó a al presidente durante los dos meses previos al
triunfo electoral
Se estrenó ´Cocalero´, el documental sobre la llegada de Evo Morales al poder
Claudio D. Minghetti
"La Nación"
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=51063
Alejandro Landes dice que Cocalero es menos una película sobre Evo Morales
que sobre el movimiento de los cultivadores de coca, que después de dos décadas
consiguió llevar a uno de los suyos al poder. Landes nacido hace 26 años en
Brasil, criado en Ecuador y graduado en Economía en la universidad
norteamericana de Brown empezó a pensar en la figura de Evo cuando trabajaba
para el programa Oppenheimer presenta, del periodista Andrés Oppenheimer,
destinado al público latino aunque producido en Estados Unidos. Landes le
propuso a la producción un diálogo vía satélite entre el líder cocalero y
Gonzalo Sánchez de Lozada, quien acababa de abandonar La Paz para instalarse en
Estados Unidos. Era octubre del 2003, una semana después de lo que para
Sánchez de Lozada había sido un golpe de Estado y para Evo una fuga. Era como
tener a Batista y a Fidel, cuenta Landes. Evo tenía de fondo una bufanda de
wipala, la bandera indígena, que decía Evo Presidente y se caía. Alguien tenía
que entrar en cuadro mientras Evo hablaba y volver a ponerla. Era una cosa de
color que resultaba muy graciosa pero a la vez te hacía notar la bandera. Y te
hacía pensar por un momento ¿será que este hombre puede ser presidente?
La anécdota de la bandera es mínima, pero Landes sabe que expresa algo que en
la película aparece reflejado en el seguimiento de la campaña de Evo Morales,
dos años después de aquel programa, a fines de 2005: la precariedad de recursos
con los que parece construirse su carrera hacia la presidencia. El seguimiento
de campaña es un subgénero documental que ya cuenta con cierta tradición;
Landes evoca uno de sus mayores referentes, que es The War Room, la película de
D. A. Pennebaker y Chris Hegedus sobre Stephanopoulos y Carville, los
estrategas de la operación electoral de Bill Clinton para su primera
presidencia, en 1992. Y en parte la menciona para establecer diferencias: las
que tienen que ver con el enorme aparataje que rodea a un candidato a jefe del
país más poderoso del mundo, y la aparente inmediatez en la que, por momentos,
parece moverse el líder cocalero en campaña. En Cocalero no hay una estructura
dramática clásica como la que se construye con Clinton, en
choque con la voz en off de Bush. Acá era sólo observarlo a él, lo más
detenidamente posible, para permitir que afloren los matices. En todo caso,
Cocalero es mucho más parecida a Entreatos, el film de Joao Moreira Salles (el
hermano de Walter) sobre la llegada de Lula al poder, y Peones, de Eduardo
Coutinho, que explora las raíces sindicalistas de Lula, su trabajo en la
ensambladora de autos y la consolidación del PT.
Pero la película sobre la construcción de un candidato político y el marketing
electoral más interesante de los últimos años, dice Landes, es Our Brand is
Crisis: La hizo una chica norteamericana que accedió a una compañía consultora
de James Carville el socio del protagonista de The War Room, cuando estaba
haciendo trabajos de consultoría para candidatos en Africa, Asia y América
latina. Su intención era estudiar varios casos, pero el boliviano terminó
pareciéndole el más interesante; entonces llegó con el equipo consultor para
asesorar la campaña de Sánchez de Losada, lo ayudó a ganar, y después pasa lo
que pasó y ella sigue todo este proceso. Pero lo que ella hace es acompañar al
candidato más rico con la compañía de mercadeo político más cara y sofisticada
del mundo, mientras que en Cocalero tenemos una mirada sobre alguien con un
olfato político impresionante, con una astucia en circunstancias muy precarias,
en un movimiento medio cenicienta, en el sentido de que
nadie cree que pueda llegar, y con una mirada verdaderamente de abajo hacia
arriba.
Indio, coca y gas
El 18 de diciembre de 2005 Morales ganó las elecciones presidenciales con casi
el 54 por ciento de los votos. Landes había llegado a Bolivia dos meses y medio
antes. La idea que llevaba sobre la situación del país podía concentrarse en
tres puntos: La corriente indigenista, el gas y la coca. En ese momento,
especialmente desde afuera, la noticia sorprendente era que Evo iba a ser el
primer presidente indígena, el primer indígena aymara en llegar al poder, dice
el director. Esperaba que al principio fuera una historia más semejante a la
de Sudáfrica, del tipo de el primer negro llega al poder. Pero me encontré
con que, mientras la prensa internacional estaba detrás del fenómeno del indio
presidente, el primer presidente indígena no habla aymara o quechua de forma
fluida; no tiene un gran discurso indigenista, se viste con remera del Real
Madrid, jeans y zapatillas Nike. La gran pregunta era por qué él, si había
otros líderes aymaras que se vestían a diario de ropa y
gorrito tradicional, y la respuesta a eso estaba en el sindicato cocalero que
es el verdadero corazón de la historia, una historia impresionante.
A principios de los 80 cuenta Landes los mineros desalojados bajan del
Altiplano al trópico en busca de una mejoría de vida, y empiezan a plantar la
hoja de coca, porque por cuestiones de la oferta y la demanda da más que la
naranja o el plátano. En ese momento llega la intervención militar
norteamericana, de una manera muy fuerte y represora, y esta gente, que no
tiene ideología política y es analfabeta, se empieza a aglutinar y a armar un
sindicato muy fuerte, a partir de esa represión, en la tradición del
sindicalismo minero, que es tan fuerte en Bolivia, y empiezan a luchar en
defensa de la hoja de coca como símbolo de soberanía nacional. Después van un
poquito más lejos de Cochabamba, a luchar en contra de la privatización del
agua, y ahí nace la campaña a favor de la nación de los hidrocarburos.
Palo Santo
Cocalero permite asomarse un poco a la vida en el Chapare, Cochabamba, la
región tropical en la que se concentra una parte importante del cultivo de coca
del país. Allí todo parece quedar en manos del sindicato, y aparece la polémica
noción de justicia comunitaria. Leonilda Zurita, senadora cocalera, explica
por ejemplo cómo es el castigo que consiste en atar al infractor al palo santo
el tiempo suficiente para que sea mordido por unas voraces hormigas de la zona.
En el Chapare, al no tener la presencia del Estado, sólo la del ejército, se
crea un Estado fuera del Estado, dice Landes. El sindicato nace de la
represión, y de esa represión nacen rasgos autoritarios muy marcados; para
mantenerse unidos desarrollan mecanismos muy estrictos, con su propia cárcel,
su adoctrinamiento, sus castigos culturales. Yo no creo en esta idea de
justicia comunitaria, como no creo tampoco en el pelotón de fusilamiento, pero
es algo que está muy presente en Latinoamérica.
Algo sobre Evo
Landes cuenta que aunque el acceso al candidato cocalero era una negociación
diaria, Evo Morales les abrió sus puertas enseguida, a él y a su equipo. La
primera semana, sin pedirles explicaciones sobre su proyecto (sin siquiera
echarles un vistazo a las filmaciones que le llevaban preparadas) los invitó a
acompañarlo en su recorrido de campaña. Pero un día recuerda Landes no sé si
se había cansado de las cámaras, o estábamos muy tensos o cometimos algún
error, pero de pronto se le cruzaron los cables y nos dijo que ya no confiaba
en nosotros, que creía que éramos agentes de la CIA. Y ojo que Evo es un aymara
también en el sentido de que controla sus emociones; no es como un italiano, de
sangre caliente: hay una brecha cultural; él viene de una cultura donde no se
dice no constantemente.
Ni siquiera nos echó con un portazo, simplemente se tornó más frío y callado
con nosotros, y eventualmente ya no tuvimos cabida ahí. Nos fuimos entonces al
Chapare, y luego, por ninguna razón en particular, le pedimos permiso para
acompañarlo de nuevo y nos dejó. Y ahí fue que viajamos con él a la
anti-cumbre, acá en Argentina y esa cena con Maradona y Chávez que se ve en la
película.
Y algo sobre la oposición
Cuando yo le decía a la gente que iba a hacer una película sobre Evo, me
preguntaban: ¿A favor o en contra? como si fuese un partido de fútbol, dice el
director. Ahora que la película ya se estrenó comercialmente en Bolivia con un
arranque flojo en tres salas en todo el país, pero un segundo fin de semana en
el que, boca a boca mediante, presume Landes, quedó ranqueada segunda, justo
después de El Hombre Araña 3, buena parte del público todavía no sabe cómo
recibirla. Para el lunes pasado estaba planeada una proyección en una
universidad pública, pero el consejo estudiantil de la Facultad de Ciencia
Política se opuso diciendo que era ofensiva para la imagen de Evo. Entonces el
organizador le pidió al rector de Derecho su biblioteca para pasarla ahí, pero
el rector se negó aduciendo que no quería parecer oficialista. Es muy gracioso
que haya gente que salga diciendo que es ofensiva con Evo y otra que diga que
es oficialista.
El traje
Sobre el final, hay una breve escena posterior al triunfo electoral. La
senadora Leonilda Zurita (que a lo largo de la película ha sido uno de los
personajes más presentes) y su madre discuten sobre si Morales se dignará a
usar traje y corbata según se espera como parte del protocolo oficial. El tema
de la ropa no es menor, dice Landes. Me preguntaron por qué no terminé la
película en el acto de asunción en las ruinas de Tiahuanaco, en el Altiplano.
Pero mis últimas escenas apuntan a un tema importante de la película que es el
de la identidad. Si hubiese terminado con Evo arriba de una piedra arcaica con
un traje indígena que él nunca se pone en la vida cotidiana, sí, hubiera
terminado con Evo, indio presidente, que es como lo va a vender la prensa. Pero
el hecho de que se ponga un traje que es un híbrido entre el poncho que él no
se pone y el saco y la corbata que tampoco se pone, termina siendo muy
simbólico de la única manera que tiene Bolivia de salir adelante, que
es dentro de una cultura mestiza. Siendo indígena o blanco, el punto medio
siempre va a ser que naciste y viviste y vas a seguir viviendo en una cultura
mestiza. La señora que hace el traje (a la que se ve en imágenes intercaladas
entre los créditos finales del film), es Beatriz Canedo Patiño, la modista más
famosa de Bolivia, que tiene una casa de modas en París y en Nueva York, y que,
siendo el emblema de la aristocracia boliviana, es quien le hace la ropa al
próximo indígena presidente. Todo el mundo hablaba esa mañana, posterior al
triunfo, de la ropa de Evo; en el Chaco como Leonilda, y en los cafés en Santa
Cruz: ¿Qué se va a poner este tipo?
Avant Coca
Un mes atrás, Landes y su productora argentina Julia Solomonoff organizaron el
estreno boliviano de la película en una función gigante en el Chapare, para los
cocaleros. Había como tres mil cocaleros, y el presidente llegó con el
embajador cubano, en helicóptero, 40 minutos antes de la proyección.
Contratamos dos pantallas de 10 metros por 10 metros, una en lugar techado y
otra afuera. El ambiente adentro era más tenso, más oficial, y afuera eran
personas de las ONG, cocaleros taxistas, todo más distendido, con la gente en
los techos de sus autos o echados en el piso, un ambiente de autocine
californiano. Evo me dio la mano antes de la proyección; al terminar, la prensa
se le vino encima, y él se paró y dijo que la película decía la verdad, pero
iba a haber otras películas que iba a tener que perfeccionar el trabajo.
Mencionó una ficción con actores, Evo pueblo. Lo interesante es que la
proyección se hizo en un lugar en el que no se expone otra cosa que la línea
política
del MAS es ese lugar que aparece al principio de la película, en el que Evo
da ese discurso en el que dice ¡Que viva la coca, que mueran los yanquis!y
es muy extraño poder proyectar allí una película que vaya por fuera de la
propaganda oficial y del partido, y dice mucho de Evo que se haya presentado
ahí sin haber visto la película antes. Pero cuando llegó me dijo entre bromas:
Oye, espero que no te metas mucho conmigo compañero, que aquí te van a colgar.
¡Palo santo!
Por Mariano Kairuz
Fuente: suplemento "Radar" del diario "Página 12"
Más información: www.pagina12.com.ar
--------------------------------------------------
CRÍTICA
Evo Morales, indio aymara que combina jeans y zapatillas con llamativos
pulóveres de llama o vicuña tejidos a mano con iconografía del altiplano, es
uno de los más controvertidos mandatarios latinoamericanos con que amaneció el
siglo XXI. Polémico por más de un motivo, seguramente el más inquietante sea el
que tiene que ver con su postura frente al cultivo de coca en su país, lo que
en realidad, por lo que de una manera muy sutil insinúa Cocalero , el
documental del ecuatoriano Alejandro Landes, se relaciona con su explícita
enemistad con la actual conducción política norteamericana y los mandatos del
ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas), una actitud que, sin embargo, ha
recibido en forma permanente la solidaridad de su par venezolano, Hugo Chávez;
del veterano líder cubano Fidel Castro, y, sin comunicarlo de viva voz, la de
otros gobernantes simpatizantes con el latinoamericanismo en ascenso de los
tiempos que corren. Landes esquiva el panfleto, o cualquier
recurso que pueda ser interpretado como "de campaña". El joven periodista
cineasta eligió observar a Morales como un testigo de los dos meses -68 días-
que precedieron a su llegada, por la vía democrática, al poder, dispuesto a dar
un giro histórico al destino de su país.
Landes sigue a Morales palmo a palmo, cámara en mano y sonido directo
(registrado con la misma cámara digital), sin echar mano de discurso alguno que
pueda ser interpretado (o malinterpretado) como simple propaganda. Se
entromete, sí, para descubrirlo a través de numerosas escenas de su vida
cotidiana, en las que aparece con su gente y lo llevan a convertirse en la
única alternativa posible para su país. La cantidad de horas registradas en el
recorrido por todo el altiplano -120 en total, que necesitaron seis meses de
edición-, codo a codo con el político en campaña, permiten descubrir cómo y por
qué Morales ocupa hoy la presidencia de su país, más allá de las críticas que
sin pausa generan sus opositores.
Ardiente paciencia
Cocalero sirve para entender las complejidades de Bolivia y su lugar en el
mundo de hoy, y si lo consigue es porque Landes tuvo la paciencia tan ardiente
como imprescindible para capturar los gestos que definen una personalidad
singular como la de Morales, y también la de Leonilda Zurita, confidente de
Evo, líder sindical de las mujeres cocaleras y actual senadora del Movimiento
al Socialismo, que es retratada por el director como la voz del pueblo que lo
llevó al poder.
La jungla del Chapare en Cochabamba, retratos del Che, banderas wiphala de
colores, murales con las imágenes de los líderes indígenas revolucionarios
-como la guerrera Bartolina Sissa y el rebelde Tupac Katari-, el candidato
acicalado con extremo cuidado por una peluquera (que consigue el corte estilo
monje que también es uno de sus sellos distintivos), un grupo de sastres que
preparan la vestimenta que lucirá como gobernante, son parte de este todo
prolijamente presentado (es destacable la calidad fotográfica del material
llevado finalmente a 35 mm) y montado con precisión, en el que, además, tiene
fundamental importancia la música, de Leo Heiblum y Jacobo Lieberman.
Landes descubre que la fórmula secreta para el éxito del cocalero que llegó al
cargo político más alto de su país no es, a fin de cuentas, tan secreta como la
de la Coca-Cola, sino que está expuesta para quienes la quieran ver. Ese es su
principal mérito.
FICHA TÉCNICA: Cocalero (Argentina-Bolivia/2006). Dirección: Alejandro Landes.
Producción: Julia Solomonoff, Alejandro Landes. Fotografía: Jorge Manrique
Behrens. Montaje: Kate Taverna, Jorge Manrique Behrens, Lorenzo Bombicci y
Jacopo Quadri. Música: Leo Heiblum, Jacobo Lieberman. Presentada por Primer
Plano.
[Ukhamawa: Red de Noticias Indigenas]
http://espanol.groups.yahoo.com/group/ukhamawa/
__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis!
Regístrate ya - http://correo.espanol.yahoo.com/
[Non-text portions of this message have been removed]