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01 02 2008 El guaraní la lengua oficial de la espera Según la Constitución de 1992, el español y el guaraní -en ese orden, en el artículo 140- son las lenguas oficiales del Paraguay. En la práctica, el castellano es la única lengua de uso oficial. El guaraní sigue siendo la lengua dominada, postergada, ultrajada. A casi 16 años de la promulgación de aquella Carta Magna, esa declaración vegeta en los papeles. Satisfizo a los constituyentes que pelearon por alcanzar ese imprescindible pie de igualdad y a los amantes de esa lengua autóctona, pero, después, como tantas cosas en el Paraguay, caminó con la maldición nacional del oparei sobre su espalda cada vez menos ancha. La idea era tener un país bilingüe coordinado. Eso significa que cada paraguayo/a tuviera la máxima competencia para manejarse con igual solvencia -escribiendo, leyendo y hablando-, en ambos instrumentos de comunicación verbal. Como el artículo 77 dice que la primera enseñanza "se realizará en la lengua oficial materna del educando", muchas escuelas públicas hicieron que los niños ingresaran al universo de la escritura por la puerta del guaraní. Ya después, con el tiempo, entrarían a la otra, el español. O viceversa, para los español parlantes. Ese esperanzador arranque inicial opyta rei tapére. Casi no tuvo ningún valor agregado. ¿Dónde está la Asunción bilingüe que alguna vez se soñó? ¿En qué portal de internet se pueden leer las leyes en las dos lenguas? ¿Alguna vez alguien asistió a un juicio oral que no fuera en el estricto idioma de Cervantes, de pe a pa? ¿Quién puede contar en qué archivo se encuentra la Ley de Lenguas que lidere y organice institucionalmente cuanto esté vinculado al ava ñe?ê? Los dos proyectos de ley de lenguas duermen a patas sueltas en el Congreso. Tal vez esperan el día del cataclismo final, algún febrero con 30 días o un enero sin dengue. Uno está en las comisiones de Legislación y Codificación; Educación, Cultura y Culto y Presupuesto de la Cámara de Diputados. Fue presentado por la Comisión Nacional de Bilingüismo -órgano asesor del Ministerio de Educación y Cultura-, con el patrocinio de los diputados Edgar Venialgo (Unace), Héctor Lacognata (Patria Querida), Juan Lorenzo Ramírez (Colorado) y Rocío González (PLRA) el 18 de mayo de 2006. Los que se hicieron cargo del proyecto nunca retiraron el documento. Otro está en las comisiones de Asuntos Constitucionales, Defensa Nacional y Fuerza Pública; Legislación, Codificación, Justicia y Trabajo y Cultura, Educación, Culto y Deportes de la Cámara de Senadores. Fue elaborado por el Taller de la Sociedad Civil y presentado al Poder Ejecutivo que, a través del Ministerio de Educación y Cultura, hizo llegar a la Cámara Alta el 17 de setiembre de 2007 y tuvo entrada en el plenario el 20 de setiembre, siendo girado a las comisiones mencionadas. Este proyecto salió del consenso con los autores del proyecto que está en la Cámara de Diputados. La intención era acelarar el proceso y evitar discusiones estériles en el estudio del futuro instrumento legal. Mientras tanto, la Policía Nacional está por cometer dos asesinatos de un solo tiro: va a matar el guaraní de los pasaportes y las cédulas de identidad. Tendrán textos en castellano, inglés y portugués. Las autoridades, en los discursos, aman mucho el idioma de Ñesû, Avambare y Guarambare. A la hora de la prueba de amor, le disparan a la cabeza. Una ley de lenguas no salvará, mágicamente, al guaraní. Pero le ayudará a arrancar rumbo a la bilingüización tan esperada. Si se la aprueba pronto, tal vez podrá evitar que el funeral del guaraní esté a la vuelta de la esquina. De lo contrario, en unas cuantas décadas, será solo ceniza de la ceniza. Autor: El Ojo Despierto. [Non-text portions of this message have been removed]
