No hay duda, esta señora Patricia esta anclada en el siglo XIX o antes, repite 
las quejas de esa era de principios del siglo XX, osea, recita de memoria las 
cosas que se creían que ocurría en la más profunda serranía; (porque ellos 
mismos no se atrevían a llegar hasta esos lugares). 
 
Yo nací y viví en medio de esa profundidad serrana y, nunca vi esos extremos; 
¿los mios eran progres?.
 
No estamos hablando de una niña que podría haber sufrido todavía esas 
condiciones de antaño; estamos hablando de una señora que por lo menos ganó 20 
000 soles mensuales por casi 3 años (mas de 6000 dólares mensuales, más de 5000 
euros) en un país pobre, y que no cumple con su trabajo.
 
Las condiciones hace mucho rato que cambiaron para ella, si es que alguna vez 
emergió de esa masas sin oportunidades, a ella se le dió todas las facilidades 
para que se preocupe por mejorar esas condiciones peruanas, Y NO LO HACE, ¿o no 
lo quiere hacer?. 
 
Por culpa suya, se pueden incitar dezfachateces (perdón Walter), como querer 
prohibir sus derechos ciudadanos.
 
Waldir Tuni

 

--- El vie, 24/4/09, agustín guzmán <[email protected]> escribió:

De: agustín guzmán <[email protected]>
Asunto: [aymara] Quechuahablantes y discriminación
Para: 
Fecha: viernes, 24 abril, 2009 10:21








 
 
http://peru21. pe/impresa/ noticia/quechuah ablantes- discriminacion/ 
2009-04-24/ 244797
Quechuahablantes y discriminació n 

Autor: Patricia del Río
 

No hablemos de la congresista Hilaria Supa. Hablemos de lo que significa ser 
una mujer quechuahablante y haber nacido en alguna zona rural del Perú. 

Según las cifras del Censo 2007, el 31.1% de estas mujeres son analfabetas, el 
38.3 % tiene estudios de primaria, el 22.6% llega a la secundaria y solo el 
2.9% alcanza la universidad. Para una niña, nacer en el campo implica estar 
condenada a la falta de oportunidades pues, en contextos de pobreza extrema, 
las familias prefieren apostar por la educación de sus hijos hombres con la 
idea de que ellos tienen más posibilidades de salir adelante con una carrera. 
Las niñas, en cambio, se quedan ayudando a su madre, casi siempre 
quechuahablante y analfabeta también, en las labores del hogar.

Ahora, qué pasa con las niñas que, efectivamente, logran llegar a la escuela. 
Si consiguen ser matriculadas, su centro educativo será, casi con seguridad, 
multigrado o unidocente; es decir, atendida por un profesor, que se las arregla 
para enseñar generalmente sin libros y sin cuadernos a todos los niños de 
distintos grados, edades e intereses. (El 90% de instituciones educativas de 
primaria rurales es atendido por docentes con más de un grado a su cargo). 
Además, ellas llegarán hablando quechua y tendrán que insertarse en un sistema 
educativo que no está preparado para enseñarles a leer y escribir a alumnos 
cuya lengua materna no es el castellano. 

Los resultados de este choque cultural, que se produce desde hace décadas en 
muchas zonas de nuestro país, es terrible: los niños sufren discriminació n y 
maltrato por parte de maestros que no les entienden lo que hablan y, pronto, 
abandonan la escuela con un incipiente manejo del castellano con el que tienen 
que sobrevivir por el resto de su vida. Los que se quedan, porque tuvieron la 
suerte de tener profesores más dedicados, o porque, a pesar de las 
dificultades, insisten en la educación como un mecanismo de superación, 
recibirán una formación pobre, llena de vacíos, que no les otorgará una base 
sólida para continuar estudios superiores. 

Así como Hilaria Supa hay millones de quechuahablantes que han aprendido como 
han podido un español imperfecto que el Estado los obliga a usar, pero que es 
incapaz de enseñarles. Este español motoso, sin embargo, no los hace ignorantes 
ni incapaces, como muchos quisieran creer. ¿No los hemos visto acaso, a lo 
largo de los años, llegar a Lima y esforzarse por ofrecerles a sus hijos un 
mejor futuro? Ahí están las empleadas del hogar, los comerciantes de La Parada, 
los empresarios de Gamarra o los comerciantes de Villa El Salvador para 
demostrarnos que su mayor obstáculo por superar no ha sido el idioma, sino la 
intolerancia y burla de ciertos limeñitos que la han tenido tan fácil en la 
vida que son incapaces de ver más allá de su propio engreimiento. 
 
Le aqui lo que publico El Correo el dia de ayer.
http://www.correope ru.com.pe/ correo/nota. php?txtEdi_ id=4&txtSecci_ 
id=101&txtSecci_ parent=&txtNota_ id=43706

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