El Universal
Jueves 29 de noviembre de 2007
Tímida presencia de libros digitales
Mientras los libros impresos conservan su supremacía entre los lectores,
soportes como MB3 y audiolibros apenas se dejan ver en este encuentro
literario
César Blanco
GUADALAJARA. Jal.— Ni siquiera Julio Verne lo soñó: naves espaciales,
viajes al centro de la Tierra y máquinas submarinas sí, pero pequeños
aparatos que condensaran gruesos tomos sin papel, jamás.
En los 80 nadie tenía duda de que los casetes desbancarían al formato
clásico; los 90 dejaron claro que el CD-ROM aniquilaría al libro
tradicional con el boom de las computadoras de escritorio. Y en el siglo
XXI, internet, el mp3 y las agendas digitales constituyen una trinidad
de soportes digitales que aunque cada vez más pequeños y con mayor
capacidad de almacenamiento, no logran imponerse ante el libro impreso.
En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, los “nuevos libros”
representan un mínimo porcentaje frente a la descomunal presencia de sus
antepasados. Lo que la gente busca, ve, ojea e incluso compra, son obras
en papel. Cierto: muchos vienen por las botargas, las edecanes y los
partidos de Liguilla. Pero el caso es que la celulosa y los bytes
conviven de manera pacífica.
Frente a formatos novedosos como los llamados MB3 están los audiolibros.
En medio de cientos de stands hay dos grandes ausencias: los libros para
Palm y los ibooks, aunque éstos últimos, en realidad, se descargan de la
red.
Leer de oído
En el stand de Mondadori un display reza: “Best-sellers en MB3”.
Ciudades desiertas, de José Agustín; El alquimista, de Paulo Cohelo;
Triángulo del dolor, de Lamoglia; Mamás de teta grande, de Fernanda
Familiar, y otros seis títulos están convertidos en cartuchos plásticos.
En sus fundas, un eslogan: “Simple/Precargado/Digital/Seguro”. La
editorial detenta el diseño exclusivo de estas novedades fabricadas en
China con tecnología de EU. Cada título tiene un tiraje de 10 mil
ejemplares que ya habitan Sanborns y librerías. A la feria llegaron 100
de cada uno. Según Francisco Hidalgo, agente de ventas, se están agotando.
“Esto es justo lo que necesita mi papá”, le comenta una chica a su
hermana. Después de ver el precio, lo regresan: si las versiones
digitales cuestan 279 pesos, las impresas salen en 60 (Ciudades
desiertas), 135 (El alquimista) y 143 (Mamás de teta grande).
“No hemos podido bajar el costo debido a la tecnología que incluyen: no
se pueden piratear”, comenta Hidalgo, y dice que su intención no es
desplazar al impreso sino buscar otro mercado: “Son perfectos para un
viaje, un enfermo o una persona ciega. Imagine lo que pueden contener,
cursos de idiomas, conferencias, hasta misas del Papa”. Más allá,
alguien pregunta: “Esos MB3, ¿dónde se guardan? ¿En los libreros?”
Es común que libros como los de autoayuda acudan a otro tipo de
soportes. En el espacio de Librerías Gonvill, un hombre revela sus
problemas maritales a una señora, mientras sujeta dos diodos de metal
conectados a un aparato con una aguja. “Lo que mide la aguja —explica un
vendedor— es el estrés. Según el nivel de estrés, la señora le
recomienda un libro al paciente”. Ambos están rodeados por una decena de
títulos de L. Ronald Hubbard, padre de la cinenciología. A varios
pacientes, les receta el mismo: Dianética. La ciencia moderna de la
salud mental. Superación personal por 197 pesos. También, por 330 pesos,
la versión en DVD (con tres discos).
El FCE y la UNAM exhiben auténticas joyas, como la colección del Fondo
“Entre voces” con un fino catálogo: por 66 pesos, Rubén Darío, Fernando
del Paso o Alí Chumacero recitan fragmentos de sus obras (Fuentes,
Neruda y Sabines hacen lo mismo al doble de precio). La colección “Voz
viva de México” de la UNAM tiene a Alejo Carpentier, Eduardo Antonio
Parra, Fabio Morábito o Sergio Pitol. Otra curiosidad en la UNAM: el DVD
1822, el año en que fuimos Imperio, obra de teatro de Flavio González
Mello. Uno puede de esta manera seguir la puesta en escena de un texto
dramático, que no alcanzó en cartelera. “Se están vendiendo como pan
caliente”, confirma el encargado.
¿Qué opinaría Verne de esto? ¿Le ganarán algún día Gates, ipod o Google
la batalla al ejército de Gutenberg?
Fonte:http://www.eluniversal.com.mx/cultura/54727.html
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