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Religi�n, medicina,
salud
Las personas que acuden a
los servicios religiosos estan m�s sanas que las que no
acuden |
Considerar aspectos religiosos y
espirituales en el campo m�dico y cient�fico es bastante dif�cil y
delicado, dado que ambas cuestiones pertenecen a mundos distintos dentro
de los l�mites que se conciben en la existencia humana. Resulta
interesante recordar c�mo, a lo largo de la historia de la medicina, las
interpretaciones cient�ficas sobre las dolencias humanas han sido
variables y cambiantes: al principio se consider� el cuerpo como el
asiento principal de las enfermedades; despu�s se pas� a una
interpretaci�n psicol�gica o psicosom�tica de aquellas que no presentaban
un origen org�nico para, fin�lmente, hecho que est� alcanzando cada vez
mayor evidencia y aceptaci�n, considerarlas bajo una visi�n mucho m�s
integrada y hol�stica en las que confluyen m�ltiples factores biol�gicos,
ps�quicos, sociofamiliares, laborales, econ�micos, culturales y
medioambientales. Resulta cierto que el hombre es considerado como un
ser espiritual por personas, cient�ficos y estudiosos que profesan alguna
creencia religiosa. Tambi�n lo es que este campo de la influencia de lo
religioso y espiritual sobre la salud, ha sido poco tratado y por ello
existe escasa literatura cient�fica sobre c�mo act�an los factores
espirituales en la g�nesis y/o curaci�n de las dolencias humanas y menos
a�n de c�mo sacar provecho terap�utico o curativo de esos impulsos o
estados internos positivos como son la fe, la esperanza, confianza en la
providencia divina, etc., dentro de la pr�ctica m�dica general o
especializada. La geriatr�a y gerontolog�a como actividades y
especialidades integrales y multidisciplinarias valoran mucho que las
personas mayores adopten una actitud espiritual confiada y esperanzadora,
sobre todo cuando sufren enfermedades cr�nicas y degenerativas que
conducen irremisiblemente a la incapacidad y a la muerte. No s�lo
resulta interesante valorar estos aspectos desde un punto de vista
curativo y rehabilitador sino tambi�n en el plano preventivo y
consolador. Aunque muchas argumentaciones y narraciones que aparecen en
algunos libros son anecd�ticas, la psicolog�a existencial y transpersonal
ha demostrado que tales actitudes espirituales positivas no solo son
�tiles y reales, sino muy recomendables en el �mbito de la salud f�sica y
mental. Pero estos aspectos, como dec�amos al principio, son delicados
pues no podemos recomendar sistem�ticamente a todas las personas que se
hagan religiosas y creyentes a fin de mejorar su salud, resistir mejor una
enfermedad mortal, superar un infortunio o evitar un suicidio. No
obstante, observamos que en el desarrollo de algunos casos de la pr�ctica
m�dica entran en juego unos factores que se salen de los l�mites comunes
de la psicolog�a y la psiquiatr�a. Es dif�cil precisar si el hombre, a
medida que va envejeciendo, se va haciendo cada vez m�s religioso o en el
sentir de Einstein �se va preguntando cada vez m�s sobre el sentido de la
vida�, pero de ning�n modo hay que confundir la p�rdida de la ilusi�n por
la vida (lo cual ser�a patol�gico) con un sentido de maduraci�n que nos va
haciendo diferenciar cada vez m�s lo intrascendente, lo ef�mero, lo
sup�rfluo, de lo verdaderamente trascendente e importante en la
misma. El pilar donde se asienta el esp�ritu religioso hacia abajo es
lo humano y hacia arriba es Dios. A este respecto, el sentirse a gusto
y en paz consigo mismo por tener una sensaci�n del deber cumplido y una
conciencia tranquila es un bien muy apreciable. El malestar espiritual
que no tiene porqu� ser de origen f�sico o psicol�gico, se detecta mucho
m�s en la vejez cuando nos quedamos solos o aislados con la sensaci�n de
un pasado est�ril o vac�o, de no ser apreciados o reconocidos por nuestros
familiares y semejantes y bajo la influencia directa o indirecta del miedo
a la muerte, de la enfermedad incapacitante, de la culpa y el
dolor. Nos preguntamos si existe alguna f�rmula concreta para sacar el
m�ximo provecho de la religi�n y espiritualidad para mejorar la salud, las
relaciones humanas y tener �xito en la vida. Los efectos religiosos de
la pr�ctica del bien o de la tranquilidad de conciencia son m�s dif�ciles
de objetivar y valorar en el plano org�nico, psicol�gico o cient�fico que
los de los medicamentos, por ejemplo, pero muchas veces somos nosotros
mismos, como testigos directos, los que apreciamos dichos efectos en
funci�n de nuestro bienestar. Es f�cil concebir que cuando la psique
est� turbada tambi�n lo estar� el cuerpo y que un esp�ritu turbado tambi�n
puede perturbar a la psique y al cuerpo. Es decir, todo �sto se debe
valorar en el hombre en funci�n de una unidad biopsicosocial y espritual
propia. Decia Montaigne que �si me acompa�a una buena salud y un d�a
espl�ndido, me siento como por naturaleza corresponde, un hombre bueno y
honesto, pero si tengo un callo en el pie que me duele mucho, me vuelvo
tosco, malhumorado e intratable�. Estas palabras de Montaigne expresan de
una manera gr�fica y sencilla la triste servidumbre de nuestro
esp�ritu. Observamos efectivamente que el estado espiritual de una
persona puede influir sobre su psique, cuerpo y relaciones humanas, pero
nos preguntamos �existen evidencias al respecto?. Seg�n estudios
estadounidenses, la espiritualidad ayuda a tener mejor salud. Si se
entiende la espiritualidad como la creencia en un ser o poder superior que
da sentido a la vida, dicha espiritualidad puede mejorar la salud en
general y puede prolongar la vida seg�n estudios publicados en Demography
y en Family Medicine. En un primer estudio, investigaciones del
Population Research Center of University of Texas (Estados Unidos)
sugieren que las personas que acuden a los servicios religiosos estan m�s
sanas que las que no acuden y adem�s son menos propensas a fumar y a beber
cantidades excesivas de alcohol. Los fuertes lazos sociales que mantienen
los feligreses pueden ayudar a mejorar las funciones del sistema
inmunol�gico, mejorando as�, la salud en general. En un segundo estudio
realizado en una consulta m�dica por investigadores del Georgian Baptist
Family Practice Residency Program, los pacientes que afirmaban ser
moderada o altamente espirituales, disfrutaban de mejor salud y menos
dolores f�sicos que los que ten�an niveles bajos de espiritualidad. La
pr�ctica religiosa es beneficiosa para la salud, para la hipertensi�n
arterial y las enfermedades del coraz�n, seg�n demuestra una investigaci�n
del Dr. Dale A. Mathews de la Universidad de Georgetown (Estados Unidos).
A su vez, los pacientes del estudio bajo los efectos de la pr�ctica
religiosa estaban menos expuestos a actividades perjudiciales frente a la
vida y a los malos h�bitos. Finalmente tambi�n se evidenci� que las
oraciones que acompa�an a dichas pr�cticas, disminuyen las hormonas del
estr�s como la adrenalina. Seg�n la opini�n de algunos autores
espiritualistas como Alexis Carrel, William James, etc..., la oraci�n es
una fuerza espiritual important�sima en los momentos dif�ciles, ya que con
su auxilio expresamos nuestras turbaciones y preocupaciones, nos produce
una sensaci�n de descarga, de consuelo, de no estar solos y nos incita a
actuar o a movilizarnos para cambiar nuestra situaci�n. En otro estudio
se ha evidenciado que creer en algo superior disminuye el nivel de
angustia vital. Seg�n se ha revelado en una conferencia sobre
esiritualidad y medicina (coordinada por el Dr. Harold Koening) una
arraigada f� personal y un sistema social de apoyo como los que proveen
los integrantes de una comunidad parroquial, pueden reducir el riesgo de
muerte tras cirug�a cardiaca. Finalmente se ha evidenciado en otra
investigaci�n que acudir a la iglesia una vez por semana mejora la salud
de los ancianos. Las personas mayores que acuden al menos una vez por
semana a un servicio religioso mantienen un nivel f�sico y mental m�s
saludable que los que no lo hacen; adem�s, sus niveles en sangre de la
prote�na del sistema inmune Interleucina-6, son menores. Esta es la
conclusi�n de un estudio realizado en la Universidad de Duke en Carolina
del Norte (Estados Unidos) sobre m�s de 1.700 personas mayores de 65 a�os
con la colaboraci�n del National Institute of Aging. El 60% de los
ancianos analizados acud�an regularmente a alg�n servicio religioso y
presentaban menores niveles de estr�s y depresi�n que el resto de los
ancianos y un mejor afrontamiento frente a
| ambos trastornos.
Una de las posibles causas apuntadas por los investigadores es el menor nivel en
sangre de la Interleucina-6, lo que potencia el sistema inmune. Existen algunos
estudios m�s, respaldados por eminentes psicoterap�utas, soci�logos, etc, pero
no queremos relatarlos para no alargar demasiado esta narraci�n. Todos ellos
coinciden en que la f�, la esperanza, espiritualidad, pr�ctica religiosa,
etc..., mejoran la salud, la inmunidad y resistencia psicocorporal. Hay que
entender tambi�n que las personas creyentes o religiosas practicantes se hacen
m�s responsables de su salud y suelen adoptar h�bitos de vida m�s saludables.
En un sentido estrictamente religioso, la persona que posee una verdadera f�
permanece fiel a la ley divina y por lo general es alegre. La satisfacci�n
del deber cumplido, el dominio de las ataduras y pasiones de la vida, la oraci�n
frecuente, son fuentes de consuelo y contento para cualquier persona que quiera
mantener su equilibrio psicoespiritual y sobre todo para los enfermos, afligidos
y ancianos. Los grandes m�sticos, las personas que m�s se han significado
por su santidad han sido joviales y alegres. San Francisco de Asis �el
hermano siempre contento�, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jes�s fueron
personas de buen humor. Unas palabras sobre los m�dicos En la entrada
principal del hospital general de Viena, un hospital que el emperador Jose II
cedi� a su pueblo, est� grabada esta inscripci�n �Saluti et Solatio Aegrorum�
por la que se dice que dicho establecimiento no solo estaba destinado a curar
sino a consolar a los enfermos. En el reglamento de la American Medical
Association se encuentra una indicaci�n similar �el m�dico tambi�n debe consolar
las almas�. Esto no es en modo alguno exclusivo del psiquiatra. Es total y
absolutamente tarea de todo m�dico dedicado a su profesi�n. El m�dico debe
entender que la dimensi�n en la que se encuentra el hombre religioso es m�s
elevada, es decir, m�s amplia y universal que la dimensi�n en la que se mueve la
psicoterapia (seg�n comenta Viktor E. Frankl en su libro �Ante el vac�o
existencial�). Ser religioso o tener una visi�n espiritual sobre la vida es
plantearse o preguntarse sobre el sentido de la misma como lo han referido
Einstein, Paul Tillich, Ludwig Wittgenstein y otros fil�sofos. La f�
religiosa ser�a precisamente confiar en ese suprasentido. No se puede vivir s�lo
de lo que se ve, se sabe o se tiene. Es muy necesario vivir tambi�n de lo que se
espera. Pero hay que entender que con la f� solo no basta, ya que hay que
practicar el amor verdadero, que es la fuerza que se vive como si tuviera que
vivirse para siempre. S�lo �l es capaz de tener sentido de eternidad, pues una
vida eterna sin amor es m�s una amenaza que una promesa. Los pacientes En
los planes de la creaci�n del mundo est� previsto que el hombre disfrute de
todos aquellos placeres y satisfacciones sanos y buenos que la vida ofrece, pero
indudablemente no es �sta la principal finalidad del hombre sobre la tierra,
sino el desarrollo y expresi�n de las elevadas cualidades espirituales que tiene
en potencia. Esta autorrealizaci�n del ser humano tropieza muchas veces con
innumerables obst�culos y dificultades como la enfermedad, incapacidad,
neurosis, probreza, accidentes, infortunios... que se detectar�n cada vez m�s en
la vejez. La religi�n y la medicina pueden liberar a la persona de muchas de
sus dificultades e impedimentos en el curso de su autorrealizaci�n. Le pueden
seguir diferentes objetivos conscientes e inconscientes, correctos o err�neos...
pero a la postre el fin �ltimo ser� la muerte. Animalidad, racionalidad,
idealismo, pragmatismo, espiritualidad... pugnan enconadamente en la vida de los
hombres por anularse. Como dec�a S�neca, �todos nos lamentamos de la brevedad
de la vida y sin embargo pasamos mucho tiempo sin saber como emplearlo. Gran
parte de la vida la pasamos en hacer el mal, buena parte en no hacer nada y casi
toda ella en hacer lo contrario de lo que deber�amos�. El problema del m�s
all� es siempre acuciante en la mente del hombre con esp�ritu recto y
conscientemente previsor. El encadenamiento y correlaci�n entre estas
dimensiones y su hechos: el pasado, la vida actual y el futuro, advierten al
hombre, a veces, lamentablemente demasiado tarde o solo en determinados
momentos, sobre una visi�n seria y consecuente de la vida. Estas
trayectorias, conductas o visiones de la vida m�s o menos dilatadas, m�s o menos
acertadas o afortunadas, desembocar�n como se lee en el reloj de la catedral de
Leipzig �Mors certa, hora incerta� (muerte segura en hora incierta) que pone al
hombre al d�a frente a la cruda realidad. Conclusiones En los pa�ses
capitalistas y superdesarrollados se fomenta abierta o solapadamente la pr�ctica
m�dica individual, curativa y mercantilista, aunque a veces se disfrace con
vestimentas de medicina (o sistema sanitario) con alto contenido social y
humanista. Como respuesta a esta situaci�n de estaticismo y cambios simulados,
profesionales m�dicos y sanitarios, cient�ficos y soci�logos hablan de la
necesidad de cambios m�s radicales, humanos y profundos. Se cree sinceramente
que los cambios deben partir de los propios m�dicos o profesionales entendidos o
comprometidos con la medicina y ciencias de la salud. Se requiere una
redefinici�n de la medicina actual con proyecci�n hacia el siglo XXI que muestre
y opere a trav�s de objetivos claros y se establezcan sus l�mites, recursos e
ideolog�as. A este respecto conviene recordar las palabras del insigne
psicoterap�uta alem�n Viktor von Weizsacker: �No s�lo las anginas, la
tuberculosis y el c�ncer entran en el campo de las enfermedades, tambi�n
pertenecen a �l la medicina misma. Tambi�n las culturas, las pol�ticas, las
artes, las ciencias y las religiones tienen sus enfermedades� (Pathosophie,
Sotinga, 1.956). Con ello se puede entender c�mo los saberes y las ciencias
humanas pueden enfermar y atravesar crisis. Particularmente la medicina ha
sufrido en los �ltimos tiempos crisis de deshumanizaci�n, masificaci�n,
mercantilismo y tecnificaci�n que inducen a una reconsideraci�n de esta ciencia
important�sima que al fin y al cabo lo que persigue es la salud integral del
hombre. Si, de cara a la medicina del pr�ximo siglo, se logra conjuntar la
habilidad cient�fica, la capacidad o destreza t�cnica, la �tica, la moral, los
valores naturales o biol�gicos de la salud, la subjetividad del arte de curar y
el humanismo, iremos por buen camino. Si por el contrario no se es capaz de
conjugar estos elementos, se hablar� cada vez m�s de especialidades,
subespecialidades, fragmetaciones... Acord�monos, si nos acercamos demasiado
a un �rbol perderemos la visi�n grandiosa del bosque. Este ser� el punto de
confluencia, el reto que nos depara el futuro. En las relaciones de las
religiones con la salud, sabemos que todas las religiones han nacido de un
principio moral. Todas ellas est�n relacionadas de alg�n modo con el cuidado de
la salud y conservaci�n de la vida. Worcester y Mc. Combe en su obra �La
religi�n y la medicina� dicen lo siguiente: San Pablo, Or�genes, San Agust�n,
San Francisco de Asis... convienen en que la iglesia jam�s estuvo tan cerca de
la realizaci�n de la doctrina de Cristo que cuando se ocupa de curar a los
enfermos. As� pues, vemos que en los principales sistemas religiosos, incluyendo
los de Zarathustra, Osiris, Buda, Brahama, Tao, Mahoma, Moises, Cristo... se
observa este principio: �No destruy�is la vida, sino aumentarla, conservarla ya
sea por medio de la higiene, del amor al pr�jimo, de la paz, de la compasi�n,
etc�. Los fundadores de las grandes religiones han predicado la paz y se han
dedicado a la curaci�n de los enfermos, porque paz, salud y amor son los m�s
efectivos medios para favorecer y cumplir dicha ley, tanto desde un punto de
vista individual como colectivo. La religi�n y la medicina bien aplicadas
crean salud y bienestar en el hombre, pero tambi�n sucede a la inversa, cuando
se mejora la salud f�sico-mental, cuando el hombre se libera de su neurosis y
ego�smo, �ste tiende a ser m�s sociable, comunicativo y alegre. Se hace,
entonces, m�s altruista, solidario y caritativo y suele entender mejor el
equilibrio espiritual de la vida y del universo. Dr. V�ctor L�pez
Garc�a
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