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(Enviado a Informaci�n News Agency por Jos� Luis Fern�ndez)
�Marxismo y cristianismo hoy? 

OLEGARIO GONZ�LEZ DE CARDEDAL 

Las grandes palabras nos asustan y ya casi no nos atrevemos a pronunciarlas 
por temor a que tras ellas se escondan el poder, la violencia, el fanatismo. 
Los grandes ideales y las promesas absolutas de la modernidad han cedido el 
paso a las propuestas de corto alcance, a la verificabilidad inmediata y a la 
conquista cierta. Europa pensaba haber salido de los grandes abismos: 
fascismo, nacionalsocialismo y marxismo, cuando se vuelve a ver sumergida en 
una corriente profunda que amenaza con anegarla: el nacionalismo. �Ha pasado 
el tiempo de las esperanzas grandes y debemos contentarnos con las esperanzas 
cotidianas? �Ha pasado el tiempo de la poes�a y hemos de atenernos a la 
trivializaci�n de la existencia? �C�mo cultivar las esperanzas necesarias, 
desarraigando prosa�smos que agostan y escepticismos que envenenan el alma? 
�C�mo distinguir la utop�a ideol�gica, trampa de intereses que nos ciegan, de 
la esperanza verdadera que nos abre los ojos para un futuro absoluto, 
necesaria luz de cada d�a y criterio para cada empresa de humanidad?

En la primavera de 1965 llegaban a Salzburgo cerca de 300 profesores y 
profesionales, fil�sofos, polit�logos, soci�logos, te�logos cat�licos y 
protestantes, miembros del comit� central del partido comunista de varios 
pa�ses de Europa, convocados por la Paulus Gesellschaft para establecer un 
primer di�logo internacional, del m�s alto rango, entre cristianos y 
marxistas. No era el primer encuentro que organizaba esta sociedad. En el 
anterior, celebrado en M�nich el mes de mayo de 1964, participaron pensadores 
tan destacados como el et�logo Konrad Lorenz, el fil�sofo Ernst Bloch y el 
te�logo Karl Rahner. A la inmediata precedente, celebrada en Colonia durante 
el mes de octubre, hab�a asistido Adam Schaff, presidente de la Academia de 
las Ciencias de Varsovia, principal ide�logo del partido comunista y miembro 
del comit� central.

El 1965 es una fecha giro en la historia espiritual de Europa. Por un lado, 
el Concilio Vaticano II hab�a iniciado el di�logo dentro de la Iglesia 
cat�lica, dispuesta a confrontarse limpia y p�blicamente con las otras 
iglesias cristianas, con las otras religiones y con las otras culturas. Por 
esas fechas los partidos comunistas de Europa, especialmente el italiano, 
establec�an distancias respecto de Mosc�, reclamando pluralismo, mientras que 
al mismo tiempo en Rusia el XX Congreso del Partido parec�a aligerar la 
actitud frente a la religi�n y, sin embargo, se programaba de manera 
implacable el desarraigo de toda idea, instituci�n y personas religiosas. 
Kruschev declar� en 1962 que la liquidaci�n del cristianismo ten�a que estar 
terminada en Rusia para 1980.

Sobre ese fondo de historia viva fue convocada la reuni�n de Salzburgo donde 
llevaron el protagonismo los franceses y alemanes, que ten�an detr�s el apoyo 
del cardenal K�nig, arzobispo de Viena, presidente del Secretariado romano 
para el di�logo con los no creyentes. �l estaba en la lista de participantes 
pero no asisti�. Por otro lado, estaban los representantes del partido 
comunista franc�s, con R. Garaudy a la cabeza, y los italianos Luciano 
Gruppi, director de la secci�n ideol�gica, junto con Lombardo Radice, 
profesor de la Universidad de Roma y matem�tico significado. Las autoridades 
rusas no permitieron que interviniesen representantes oficiales. Sin embargo, 
estaban presentes destacados ide�logos de los pa�ses comunistas, profesores 
como B. Bosnjak, de Zagreb; W. Hollitscher, de Leipzig; A. Polikarov, de 
Sof�a.

Junto a los ide�logos marxistas estaban te�logos cat�licos como K. Rahner, J. 
B. Metz, D. Dubarle, J. Y. Calvez, G. Girardi, J. Trutsch, G. Wetter, y 
algunos protestantes como W. Dantine. Por primera vez se llevaba a cabo el 
programa trazado en a�os anteriores: pasar del anatema al di�logo, de la 
distancia agresiva al acercamiento razonador, de la aceptaci�n resignada a la 
voluntad de comprender las razones del otro. Con esa intenci�n de fondo, el 
encuentro se organiza en torno a tres grandes ideas: el hombre y la religi�n, 
el futuro de la humanidad, la sociedad del ma�ana. �Qu� pensaban cada uno de 
los dos dialogantes sobre esas tres cuestiones claves? �Son conciliables o 
son alternativa? �Es esencial al marxismo el ate�smo o �ste es s�lo un 
elemento de arrastre, consiguiente a su decisi�n de ser un humanismo 
consecuente y radical?

Marxismo y cristianismo no son dos dialogantes homog�neos: uno se comprende 
como religi�n referida a un origen hist�rico, nacida de una libertad y 
decisi�n personal, mientras que en aquel momento el marxismo se conceb�a como 
un proyecto cient�fico, derivado de leyes naturales, que no permit�an otra 
actitud ante la realidad, la sociedad y el hombre. Consiguientemente, el 
marxismo ten�a que mirar al cristianismo, centrado en Dios realidad sagrada, 
trascendente y personal, como una alienaci�n de la vida humana. La religi�n 
era el opio del pueblo: donde estaba Dios no pod�a estar el hombre y donde 
estaba el hombre no pod�a estar Dios.

Por primera vez, de manera p�blica y sistem�tica, se confrontaron la 
comprensi�n cristiana y marxista del hombre, de la trascendencia, de la 
sociedad y del futuro. All� tuvo Rahner su discurso cl�sico sobre el 
cristianismo como religi�n del futuro, definiendo a Dios como el futuro 
absoluto del hombre y diferenci�ndolo as� de todos los futuros 
intrahist�ricos. �stos tienen que ser construidos, programados y 
responsabilizados por la libertad humana. El futuro absoluto es, en cambio, 
el que nos funda y nos espera, el �mbito garantizador de nuestra libertad. 
Sin �l, el hombre queda asfixiado en su finitud y todas sus utop�as quedan 
cercenadas. El discurso de una sociedad sin clases es hijo del deseo. �Qui�n 
y c�mo la garantiza mientras el miedo atenaza al hombre mortal y la 
injusticia lo degrada, volvi�ndose contra su pr�jimo?

Lo que anim� aquella asamblea fue la voluntad de conjugar ideales: el 
servicio absoluto al hombre, la voluntad de desenmascarar todos los poderes e 
ideas, estructuras o palabras, que encubriesen una real negaci�n de todo lo 
verdaderamente humano, de la libertad y de la esperanza. Los te�logos se 
propon�an superar el malentendido tr�gico del siglo XIX, que comprendi� a 
Dios como antagonista del hombre. El cristianismo es historia y no mitolog�a; 
es afirmaci�n del hombre, creado a imagen del Dios creador y llamado a la 
responsabilidad del mundo. La afirmaci�n del Dios encarnado es la valoraci�n 
suprema de la realidad y de lo humano. La esperanza cristiana no es espera 
pasiva sino que incluye la necesidad de acreditar con creaciones 
intrahist�ricas la esperanza escatol�gica. El Reino de Dios no es id�ntico 
con los reinos de los hombres, pero alienta sus creaciones y se convierte en 
conciencia cr�tica frente a sus desmesuras y en fermento generoso para sus 
mejores ideales. La santidad no es la moralidad pero no hay santidad 
teol�gica sin moralidad hist�rica. La gracia y la virtud son hermanas gemelas.

Tras los acontecimientos de 1989, la unificaci�n de Europa, el capitalismo y 
la econom�a de mercado universalizados con los reversos de historia b�lica 
que estamos viviendo estos d�as, uno se pregunta por el legado ut�pico de 
esos decenios y de este encuentro. �D�nde y c�mo concretar los proyectos de 
libertad real para los hombres en sus situaciones reales? �Cu�les son las 
mediaciones eficaces para desarraigar la esclavitud remanente, la incultura 
que cierra el camino a la libertad, el fanatismo que envilece? Hemos 
conquistado definitivamente la libertad formal jur�dica, el pluralismo, el 
intercambio planetario, pero, �qu� resultado tienen para los pa�ses pobres, 
las clases sociales marginadas y las religiones que no han hecho todav�a el 
camino de modernizaci�n de la conciencia?

A�n no hemos reconocido intelectualmente y confesado moralmente un hecho 
grav�simo: la inteligencia europea se pleg� al marxismo sovi�tico durante 
decenios, consisti� en asumir un hipot�tico futuro socialista, pagado con 
millones de v�ctimas y el ocaso de la libertad de pensamiento, de conciencia, 
de religi�n. Las universidades, la academias y los seminarios pensaron por un 
lado desde las utop�as absolutas y por otro desde las imposiciones 
revolucionarias. Se despreci� las necesarias mediaciones de una reflexi�n 
�tica, social, econ�mica y cultural. Significativamente, en los di�logos de 
Salzburgo los soci�logos, fil�sofos, economistas, los intelectuales no 
org�nicos brillaron por su ausencia. Un significativo comentario del 
Frankfurter Allgemeine Zeitung diagnostic� ante la reuni�n de Salzburgo: 
"Com�n antiliberalismo como tentaci�n".

Tras estos decenios las preguntas inexorables son: �qu� hizo m�s por la 
superaci�n del marxismo violento, el di�logo o la resistencia, los encuentros 
de Alemania y Francia o la lucha directa contra �l en Polonia, 
Checoslovaquia, Hungr�a? �Qui�n es el protagonista de la ca�da del muro, la 
inteligencia cr�tica, la moral resistente o la religi�n martirial? Hay que 
ser realistas: la crisis econ�mica de los pa�ses socialistas, junto con esos 
desfondamientos �ticos y antropol�gicos del marxismo.

En las conversaciones de Salzburgo hab�a cinco espa�oles: L. D�ez del Corral, 
M. Siguan, J. Aguirre, un joven te�logo ca�do de una universidad alemana y A. 
�lvarez Bolado, que estos d�as celebra sus 70 a�os. �l se propuso como tarea 
de vida prolongar el di�logo con la pol�tica en Espa�a, confrontar la fe con 
la secularidad, superar el nacionalcatolicismo, distinguir entre profanidad y 
desacralizaci�n del mundo. �D�nde estamos hoy despu�s de ese di�logo con el 
marxismo y la superaci�n del nacionalcatolicismo? �Ha sido un proceso de 
purificaci�n y enriquecimiento o desecaci�n y trivializaci�n? �Hemos lavado 
al ni�o o lo hemos arrojado con el agua de la ba�era?

�lvarez Bolado conclu�a su intervenci�n en Salzburgo con estas palabras: "En 
cuanto cristianos, creemos en un futuro absoluto, que por ser absoluto es 
presencia, es pasado y determina toda la historia de la humanidad. Es un 
futuro que se inserta en la historia y la escinde: con �l se tiene que ver el 
hombre incesantemente, como Jacob con el �ngel. La Iglesia no tiene como 
tarea imponer a los hombres un futuro pragm�ticamente planificado. Pero 
cuando los derechos del futuro absoluto del hombre son amenazados, la Iglesia 
no puede por menos de intervenir en el curso de la historia para oponerse a 
una total desacralizaci�n del mundo".

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Olegario Gonz�lez de Cardedal es acad�mico de la Real Academia de Ciencias 
Morales y Pol�ticas. 

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