Les transcribo un art�culo de la p�gina editorial de El Espectador de
hoy.   

-- 
Fernando Guzman
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Tomado de El Espectador
http://www.elespectador.com/9905/22/opnotici.htm

    Perplejidades en torno a la pol�tica de paz
    
    EDUARDO PIZARRO LEONG�MEZ
    
    El pa�s no se puede dividir entre amigos incondicionales y enemigos
    irreconciliables de la paz. Mostrar los lunares de su conducci�n no
    constituye actitud negativa.
    
    En carta reciente enviada por Carlos Romero, ex concejal de Bogot�, al
    correo de los lectores de El Espectador, (Perplejos y negativos, 15 de
    mayo de 1999), �ste ataca duramente a quienes critican la actual
    pol�tica de paz. La carta amerita varios comentarios.
    
    En primer t�rmino, mis posturas con respecto a la pol�tica de paz no
    tienen semejanza alguna con las posiciones que han asumido personas
    como H�rold Bedoya, Plinio Apuleyo Mendoza o Carlos Lemos. Creo, a
    diferencia de ellos, que es vital para Colombia buscar con pasi�n y
    sin descanso una salida pol�tica negociada al conflicto armado que
    desangra al pa�s. En este sentido, mi posici�n se sit�a en las
    ant�podas de las posiciones de la derecha y de la extrema derecha
    colombianas. �stas perciben a Andr�s Pastrana como a una suerte de
    Chamberlain criollo quien, con su d�bil actitud, le despej� el camino
    a Hitler para su expansi�n en Europa, la cual condujo a la Segunda
    Guerra Mundial. Por el contrario, creo que Pastrana est� en la
    direcci�n correcta, pero cometiendo una serie de errores que deben ser
    objeto de un gran debate nacional.
    
    Pero, adherir a la pol�tica de paz no significa callarse -como parece
    exigir Carlos Romero- ante lo que uno pueda considerar como graves
    errores de conducci�n por parte del gobierno o evidencias de mala
    voluntad de la guerrilla. El autor de la carta sabe que desde aquellas
    �pocas ya lejanas en que milit�bamos en el Partido Comunista, jam�s
    acept� las adhesiones incondicionales como lo exig�an los c�nones
    estalinistas que rigen en esa organizaci�n. Por ello, por mis cr�ticas
    ante la invasi�n sovi�tica a Afganist�n y el golpe militar del general
    Jaruzelski, en Polonia, fui expulsado. Nada me ha alegrado tanto en la
    vida. El autoritarismo y el dogmatismo son valores totalmente
    contrarios al trabajo intelectual. �ste exige, por el contrario,
    autonom�a e independencia cr�ticas.
    
    Por todo ello, considero que mostrar los lunares en la conducci�n de
    la pol�tica de paz no constituye una actitud negativa, como piensa
    Carlos Romero, sino un aporte a la construcci�n de la paz. El pa�s no
    se puede dividir entre amigos incondicionales y enemigos
    irreconciliables de la paz. Existen, tambi�n, quienes adherimos a la
    pol�tica de paz, pero tenemos serias reservas con respecto a la forma
    como se est� llevando a cabo. La paz es un asunto demasiado serio para
    dejarlo en manos de V�ctor G. Ricardo y Tirofijo solamente. Todos los
    colombianos, de una u otra manera, debemos participar en un proceso
    que compromete el futuro de nuestra naci�n.
    
    En Colombia hemos llegado a un ambiente perverso en el cual el debate
    intelectual se est� tornando imposible. El asesinato del profesor
    Hern�n Henao por parte de la extrema derecha en la Universidad de
    Antioquia, la desaparici�n del profesor de la Universidad Pedag�gica,
    Dar�o Betancourt, y el intento de asesinato de Plinio Apuleyo Mendoza
    por parte del Eln, son s�lo algunos botones de muestra. Ante este
    clima de intimidaci�n que nos quieren imponer los agentes de la muerte
    -de izquierda y de derecha-, debemos reivindicar el derecho a la
    autonom�a, a la cr�tica y al debate de ideas. En este contexto, cartas
    pol�micas como la enviada por Carlos Romero son indispensables para
    mantener vivo un clima de pol�mica civilizada, la cual constituye el
    mejor ant�doto contra la intolerancia y el recurso a la violencia para
    acallar a quienes piensan diferente.

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