Juan Pablo Ordonez wrote:


> 
> Hola
> 
> Bien interesante el texto sobre el futuro del canal de Panama, asi como al
> reverendo, el texto me recuerda el escenario hipotetico de un programa
> simulador de vuelo de hace a�os. Basicamente contemplaba acciones punitivas
> en Colombia desde el Comando Sur (Panama) por fuerzas norteamericanas, el
> motivo era la falta de control sobre las guerrillas que hostigaban la
> frontera y potencialmente el canal. Lo interesante es que citaban
> precisamente los politicos de turno (J.C.Turbay A.) las guerrillas del
> momento (FARC y M19) y desde luego el tratado Carter Torrijos. En lineas
> generales no parecia tan descabellado (para ser un juego de computador,
> claro).


Bueno, como estan usando el nombre del jarmano Gulito en vano, adjunto
algo que envie a otro foro en dias pasados. 

Espero se diviertan un poco.


Saludos,


Dario

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Asi, con el apoyo seguro de su padrino, que le abrio las puertas de la
politica pero se reservo la llave, Julio Cesar se paseo con su corbata
de helice por todas las posiciones.  Nadie tan util como Julio Cesar,
para llevar a las giras politicas.  En esa epoca, Julio Cesar hablaba en
todas las plazas con su curiosa voz nasal que llega hasta los ultimos
rincones, porque tiene pulmones de trompetista, y no decia nada en sus
discursos que pudiera opacar el prestigio del orador central.  Esos
discursos suyos eran solo contribuciones para hacer mas comunes los
lugares comunes.  Eran el simple ruido de las palabras que retumbando
como los batanes en la descomunal aventura que tuvo con ellos Don
Quijote.

Tenia ademas, y hoy mas que entonces, una figura maciza e imponente que,
con su expresion inmutable y sus grandes anteojos como dos faros de
automovil, impresionaba poderosamente al pueblo.

Este, que siente una invencible atraccion por la mecanica automotriz,
aplaudia hasta el delirio al verlo aparecer en el balcon, creyendo que
era un campero y que iban a rifarlo entre la concurrencia.   La ilusion
optica se desvanecia, sin embargo, cuando el campero saludaba con un
guardafango en alto, abria la tapa del motor y desde el fondo del
carburador gritaba: "Jarmanos Liberales..."

Julio Cesar se hizo el amo absoluto de los barrios bajos bogotanos en
donde se concentra la mayor fuerza electoral de la ciudad.  En ellos se
campeaba como el Mio Cid, solo que no a caballo sino en taxi, porque
tampoco tenia todavia automovil propio.

Eran los barrios de los votos y de los piqueteaderos, y nadie como el
para derrotar a los jefes comunales en el juego vernaculo del turmeque. 
Era increible su gracia para mecer el brazo y disparar el tejo, que se
elevaba en el aire hasta cierta altura y de pronto se precipitaba con la
precision de un proyectil teledirijido sobre su objetivo para caer
finalmente a tierra, entre el ruido de mechas reventadas, desflorando el
bocin.

Entre tanto las barras, embobadas, se quitaban respetuosamente el
sombrero y decian: "Ah, jijuemichica, que tino tan verraco el de don
Fulio Cesar!".  No era menos admirable su capacidad para engullir papas
y huesos de marrano e ingerir amarga durante toda la noche, sin
experimentar nunca hartura ni mareos, corriendole apenas de tanto en
tanto un punto mas al cinturon y lanzando hacia el techo, con el mas
puro estilo de Los Laches, un largo y sonoro eructo de satisfaccion.  La
concurrencia incapaz de contener su admiracion, intervenia de nuevo:
'Ah, jijuemichica, la mafsimo en eructos si es don Fulio Cesar".

Eso, sin embargo, era lo de menos, pienso yo.  Lo que en realidad dejaba
a todo el mundo estufacto era la finisima y delicada labor de filigrana
que ejecutaba Julio Cesar, entre tarascada de cerdo y sorbo de Bavaria,
para cuadrar la lista del directorio liberal de la zona, premiando
meritos, posponiendo aspiraciones, ofreciendo puestos y reconciliando
compadres.  No derrocharon mas arte sus ilustres antepasados, los
lapidarios arabes, cuando bordaban en piedra rubia el soberbio monumento
de encaje de La Alhambra, que ha deslumbrado siempre a la humanidad
desde las iluminadas colinas de Granada.

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