Columna de Antonio Caballero en la revista Semana sobre el proceso de paz 
en Colombia...

EL PRESIDENTE BILL CLINTON, EN UNO DE esos desayunos religiosos que
hacen los presidentes norteamericanos entre un perjurio y un
bombardeo, pidi� oraciones especiales por dos cosas: la salud del rey
Hussein de Jordania y el proceso de paz en Colombia. Hussein agoniza:
es probable que cuando esta columna salga publicada ya est� muerto y
enterrado. El proceso de paz en Colombia no anda mejor de salud. La
receta de Clinton para ambos puede parecer c�nica, pero es realista:
plegarias.

Y ni menci�n del fantasmag�rico 'Plan Marshall' de que todav�a habla
--aunque cada d�a menos-- el presidente Andr�s Pastrana. Como los
m�dicos del rey moribundo, no cree Clinton que valga la pena intentar
un trasplante de m�dula; y as� lo demuestra su gobierno anunciando un
recorte de 50 millones de d�lares en la ya insignificante 'ayuda' al
gobierno colombiano para combatir la droga, que seg�n �l est� en el
origen de la guerra. En su pr�ximo viaje, Pastrana va a tener que
pedirle la plata para su plan al Papa. Aunque, conociendo al Papa, en
vez de plata ofrecer� oraciones, como Clinton.

Tiene raz�n Clinton: el proceso de paz agoniza, o tal vez naci�
muerto. Porque tambi�n tienen raz�n los lemos y los plinios: las Farc
no quieren la paz. Y porque, a la vez, tienen raz�n tambi�n los
tirofijos y los jojoyes: el establecimiento no quiere la paz.

(Del otro proceso, el del ELN, no volvi� a hablar ni siquiera Sabas
Pretelt.)

Que no quieren la paz, aunque hablen de ella, lo han hecho saber de
sobra los jefes guerrilleros. "Pescas milagrosas ir�n a haber muchas",
anuncia Marulanda. "Adem�s de capturar soldados, vamos a secuestrar
pol�ticos", complementa Jojoy. Y congelan los di�logos con los
representantes del gobierno, y multiplican las acciones militares, las
'retenciones financieras' y las declaraciones amenazantes. Es natural
que no quieran la paz: las Farc viven de la guerra, y gracias a ella
est�n creciendo. Por otra parte, piensan que la van ganando. Y lo
�nico preferible para las Farc que el mantenimiento de la guerra es su
victoria: pero para lograrla es necesario continuar la guerra. De
manera que sus aspavientos sobre el tema de la paz son solamente una
farsa.

El establecimiento tampoco quiere la paz por razones parecidas.
Porque, al menos mientras no la pierda, tambi�n �l le saca provecho a
la guerra. Tanto a la guerra misma, que para muchos constituye un
excelente negocio, como --sobre todo-- a la situaci�n de injusticia
social que es la causa original de que la guerra exista, y que la
propia guerra ayuda a mantener. Pues hemos llegado a un punto en el
que solamente la guerra puede garantizar el mantenimiento de esa
situaci�n de injusticia, de la cual vive el establecimiento. Por eso
todos los estamentos que lo componen quieren la guerra: los pol�ticos,
los ricos y los militares: y los paramilitares, que son la expresi�n
armada, a sueldo, de todos ellos. No es que no quieran hacer la paz
con la guerrilla, que es simplemente la manifestaci�n del mal, como la
fiebre en un organismo enfermo. La har�an, si s�lo les costara unos
taxis para reinsertados y una Constituyente m�s, como quien est�
dispuesto a tomar aspirinas para hacer bajar la fiebre. Pero lo que no
quieren es curar la enfermedad que produce la fiebre, porque de esa
enfermedad se nutren. Curarla ser�a renunciar a seguir haciendo del
pa�s su exclusivo bot�n pol�tico y econ�mico, y a eso no est�n
dispuestos. As� que sus aspavientos sobre el tema de la paz son
iguales a los de las Farc: simplemente una farsa.

En cuanto a la pol�tica de paz del gobierno, es apenas el reflejo de
esa farsa del establecimiento, al cual representa. Por eso es tan
fr�vola: porque no est� pensada para que tenga �xito, sino para la
galer�a. De modo que poco importan las improvisaciones del presidente
Pastrana, las meteduras de pata de su comisionado V�ctor G. Ricardo:
no ponen en peligro la consecuci�n de la paz, puesto que no existe
ninguna voluntad de paz.

�Y la sociedad civil? Oh, almas c�ndidas: pero si es la sociedad civil
la que est� en guerra. Paramilitares de un lado y guerrilleros del
otro no son otra cosa que civiles que, por una raz�n o por la
contraria, han tomado las armas para hacer la guerra.

As� que el llamado proceso de paz est� muerto, y naci� muerto. El que
sepa rezar, que rece. 



Responder a