> La mano del T�o Sam
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> Mientras el presidente Andr�s Pastrana define su agenda con la Farc, los
> Estados Unidos ya la tiene: narcocultivos y secuestrados. Cr�nica de como
> se lleg� al encuentro en Costa Rica.
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> LA PARTICIPACI�N de los Estados Unidos en el proceso de paz en Colombia se
> origin�, parad�jicamente, en dos actos de guerra. Todo comenz� en los
> primeros d�as de marzo de 1998, cuando el comandante del bloque sur de las
> Farc, Fabi�n Ram�rez acus� a los asesores militares estadounidenses en
> Colombia de dirigir la lucha contrainsurgente desde los cuarteles y los
> declar� objetivo militar. A la amenaza, que se repiti� una semana despu�s
> a trav�s de un video se sum� el secuestro por Roma�a el 23 de marzo, en la
> carretera Bogot�-Villavicencio, de cuatro ornit�logos a los que las Farc
> se�alaron agentes de seguridad del Gobierno norteamericano. 
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> La actitud del Gobierno de los Estados Unidos frente al tema de la paz en
> Colombia hab�a dado sus primeras muestras de cambio desde 1997, cuando el
> entonces embajador Myles Frechette asegur� que su gobierno hab�a llegado a
> la conclusi�n de que si bien algunos frentes guerrilleros ten�an nexos con
> el narcotr�fico, no se pod�a calificar a las Farc como un cartel. Con esta
> afirmaci�n Frechette dej� en claro la diferencia que representaba la lucha
> contra el narcotr�fico, considerada de prioridad nacional para los
> norteamericanos, y la lucha contrainsurgente que adelantaba el Gobierno
> colombiano. Este giro se hizo a�n m�s evidente en noviembre, cuando poco
> despu�s de ser nombrado embajador en Colombia, Curtis Kamman asegur� que
> su gobierno estaba dispuesto a apoyar �un proceso de paz basado en el
> di�logo�. Sin embargo, s�lo cuando se produjeron los dos incidentes de
> marzo del 98, la posici�n de los Estados Unidos frente al tema dio los
> primeros pasos para dejar el terreno del lenguaje diplom�tico y
> aproximarse al de la acci�n pol�tica. La amenaza expl�cita a los
> funcionarios norteamericanos en Colombia y el secuestro de los cuatro
> ornit�logos, que se sumaban a los tres misioneros secuestrados hace m�s de
> cinco a�os y cuyo paradero se desconoce, alertaron a Washington de que el
> conflicto interno colombiano estaba convirti�ndose en una seria amenaza
> para sus intereses en el pa�s. 
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> Desde la otra orilla, las Farc tambi�n vieron en el episodio de los
> secuestrados una oportunidad para indagar las verdaderas intenciones de
> los Estados Unidos frente al tema de la paz. Cuando un mes despu�s los
> observadores de aves liberados regresaron a su pa�s, llevaron consigo un
> mensaje en el cual el grupo guerrillero manifestaba su escepticismo frente
> al giro de la pol�tica norteamericana y acusaba a Washington de cohonestar
> las violaciones a los derechos humanos cometidas por el ej�rcito
> colombiano. 
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> A mediados de mayo se produjo un hecho que las Farc interpretaron como un
> mensaje positivo: el retiro de la visa norteamericana a un grupo de
> oficiales del Ej�rcito, encabezado por el general Iv�n Ram�rez, antiguo
> comandante de la Brigada XX, se�alada como responsable de graves
> violaciones de los derechos humanos.
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> Mensajes cruzados
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> El intercambio de mensajes positivos entre las Farc y el Gobierno
> norteamericano empez� a generar el clima propicio para un acercamiento.
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> Ese nuevo ambiente fue el que aprovech� �lvaro Leyva Dur�n, pieza clave en
> la liberaci�n de los ornit�logos y la elaboraci�n del mensaje de las Farc,
> para viajar a Washington y entrevistarse con algunos funcionarios del
> Departamento de Estado, con quienes auscult� por primera vez la
> posibilidad de una intervenci�n m�s directa de su gobierno en las
> conversaciones de paz.
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> La idea de un encuentro entre las Farc y el Gobierno norteamericano tom�
> forma por primera vez en la reuni�n que sostuvieron el presidente electo
> Andr�s Pastrana y Tirofijo el 9 de julio. Tanto Tirofijo como Pastrana
> estuvieron de acuerdo en que los Estados Unidos podr�an entender mejor el
> proceso de paz en Colombia, si las Farc ten�an la oportunidad de
> explicarles directamente su posici�n frente a �l y su propuesta de
> contribuir a la erradicaci�n de los cultivos il�citos a cambio de un
> programa de desarrollo alternativo. 
> 
> Por ello en la primera visita a Washington, pocos d�as antes de la
> posesi�n, Pastrana le habl� al presidente Clinton de la conveniencia de un
> contacto directo entre funcionarios de su gobierno y miembros de las Farc.
> Pastrana regres� a Colombia con el compromiso de Clinton de analizar el
> tema, y se dedic� a avanzar en el proceso al que convirti� en bandera de
> su gesti�n. 
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> A mediados de octubre, cuando el despeje era inminente, el Alto
> Comisionado para la Paz, V�ctor G. Ricardo viaj� a Washington para retomar
> el tema que hasta ese momento hab�a permanecido congelado. Ricardo y el
> embajador en los Estados Unidos, Luis Alberto Moreno, se reunieron
> entonces con funcionarios del Departamento de Estado a quienes les
> plantearon nuevamente el inter�s que ten�a el Gobierno colombiano en que
> se pudiera llevar a cabo un encuentro con las Farc. 
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> El debate al interior de la Administraci�n de Clinton no fue f�cil. La
> pol�tica general de los Estados Unidos ha sido expl�citamente no sostener
> conversaciones con terroristas en ninguna parte del mundo y las Farc
> hab�an sido declaradas grupo terrorista en 1997. Las excepciones a la
> norma, siempre hab�an estado motivadas por intereses de la pol�tica
> interna norteamericana, y el caso colombiano no parec�a encajar en estas
> condiciones. Sin embargo, con el argumento de que tanto proteger a los
> ciudadanos norteamericanos de ser blancos de guerra como la lucha contra
> el narcotr�fico constitu�an objetivos prioritarios de su pol�tica
> exterior, finalmente la Casa Blanca y el Departamento de Estado le dieron
> luz verde al encuentro. 
> 
> La decisi�n, tomada pocos d�as antes de la visita de Estado de Pastrana a
> Washington, se mantuvo en la m�s absoluta reserva y jam�s se mencion� en
> las m�ltiples reuniones que sostuvieron los funcionarios de los dos
> gobiernos. Desde el principio Washington dej� en claro que la reuni�n se
> realizaba por petici�n expresa del Gobierno colombiano y que por tanto
> deb�a realizarse en presencia de funcionarios suyos y dentro de la m�s
> estricta confidencialidad. Phil Chicola, un funcionario de rango medio,
> que tiene a cargo la Oficina de Asuntos Andinos del Departamento de
> Estado, fue comisionado como vocero del Gobierno norteamericano para la
> reuni�n. Despu�s de varias semanas de preparativos se acord� que �sta se
> realizar�a a mediados de diciembre en Costa Rica, donde estaba asilado el
> exparlamentario �lvaro Leyva, uno de los art�fices de la idea.
> 
> El 13 de diciembre a las 3 de la tarde, en la casa de Leyva en San Jos�,
> finalmente los funcionarios del Gobierno norteamericano se encontraron
> cara a cara con los guerrilleros de las Farc. La reuni�n, en la que
> estuvieron presentes los comandantes Ra�l Reyes y Olga Mar�n, Phil
> Chicola, otro funcionario de la Administraci�n de Clinton, �lvaro Leyva, y
> el secretario general de la Presidencia de la Rep�blica Juan Hern�ndez, se
> llev� a cabo en dos sesiones que duraron alrededor de cinco horas cada
> una. Desde el comienzo, Chicola precis� su papel. �Estamos aqu� -dijo-
> porque tenemos el compromiso de ayudar al presidente Pastrana en la paz�.
> Y expres� tambi�n la aspiraci�n de su gobierno de establecer lo sucedido a
> los tres misioneros norteamericanos secuestrados y obtener de las Farc el
> compromiso de suspender cualquier tipo de actividad vinculada con el
> narcotr�fico y con el secuestro. Las Farc, por su parte, despu�s de
> explicar ampliamente los motivos de su lucha pol�tica concretaron su
> propuesta de contribuir a la erradicaci�n de cultivos il�citos, a cambio
> de un amplio programa de apoyo a la sustituci�n de cultivos. 
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> Nuevos vientos
> 
> Lo �nico concreto que sali� de la reuni�n fue el ofrecimiento de las Farc
> de tratar de averiguar la suerte de los misioneros. Sin embargo, al pasar
> del dicho al hecho, Washington marc� una diferencia fundamental entre las
> conversaciones que se iniciaron el jueves pasado con las Farc y las que se
> han llevado a cabo en todos los gobiernos anteriores. La participaci�n
> directa de los norteamericanos abre un escenario de negociaci�n que puede
> resultar, para bien o para mal, definitivo para el proceso de paz. Aunque
> los Estados Unidos han insistido en que s�lo har� lo que las partes en
> conflicto le soliciten, es un hecho que la intenci�n de Washington va
> mucho m�s all� y est� directamente ligada a lo que hagan las Farc en
> materia de secuestros y narcotr�fico. As� lo demuestran la reuni�n de
> Costa Rica, la reciente visita de altos funcionarios norteamericanos al
> pa�s y el haber permitido que el embajador Kamman, se metiera en la boca
> del lobo en el Cagu�n, el jueves pasado. 
> 
> Lo que sigue de aqu� en adelante, sin embargo, no depende solamente de los
> deseos de la Casa Blanca y el Departamento de Estado. Desde el Pent�gono y
> el Congreso vienen soplando cada vez con m�s fuerza vientos huracanados
> que pueden echar por tierra las buenas intenciones de funcionarios como el
> subsecretario de Estado Pete Romero, o su emisario, Phil Chicola. Y ante
> ellos surge la probabilidad de que una administraci�n debilitada por el
> juicio al presidente Clinton por el caso Lewinsky, termine por relegar a
> un segundo plano el proceso de paz en Colombia. 
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