El articulo de Siriri en El Pais, sobre la himenoplastia, me hizo recordar
aquella tarde de octubre cuando la unica puta que quedaba en Macondo resolvio
casarse. El chisme se escucho por primera vez un domingo por la tarde.  La
Republica habia resuelto casarse con un vendedor de cremalleras y botones que
hacia muchos an~os venia de negocios al pueblo. Las viejas rezanderas no se
aguntaban las ganas de saber si la Republica se vestiria de rosado como las
nin~as des-sen~oritadas en publico por sus embarazos tempraneros o de negro
para representar el pecado de sus noches amoniacales. 
El alboroto mas grande, no lo causo el matrimonio en si. Ni la hora escogida:
el lunes a las tres de la man~ana. Sino el descaro de que el cura hubiera
aceptado casarla toda vestida de blanco  como las nin~as de bien.
Dos versiones se tejieron para justificar la decision del cura: la primera que
la Republica era de  verdad virgen a los cuarenta. Porque todo su trabajo lo
habia hecho por el huequito de atras sin que nadie se diera cuenta. Esa fue la
version que creyo el marido. La segunda que le habian hecho cirugia plastica.
Fue esta la version que finalmente se acepto, cuando la vieron lavando las
sabanas todas manchadas de sangre el martes por la man~ana.  Esta version no
se puso nunca mas en duda cuando el cirujano del puesto de salud conto que el
le habia hecho la cirugia, y que el cuero completo de una vaca casi no le
alcanza para remendar los estragos dejados por veintitres an~os de vida
alegre.
Cuando al marido le contaron eso solo dijo: Mie'da!
He dicho,
Pio, Pio

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