Cuando se creia que los temas para novelas de amor ya se habian acabado llego
Donjuan Manuel a Macondo. En poco tiempo, el elegante Donjuan, de cuerpo
atletico, sonrisa abierta, pantalon americano, gafas de sol y mirada seductora
habia hecho tantos estragos en las familias de Macondo que no habia ya mujer
casada, viuda alegre o "doncella" mojigata que no hubiera caido en las trampas
apasionadas del nuevo Donjuan de Covadonga. Su fama de gallinazo era tal que
hasta las viejas de la mas alta sociedad se peleaban por meterse en las fotos
cuando Donjuan se aparecia en las fiestas y el los velorios. El nunca perdia
la oportunidad de hacerles su viejo chiste que " adivinen lo que tengo en este
bolsillo ". Cuando las ingenuas sen~oritas metian la mano se econtraban con el
pene mas duro y matecoso que hubieran imaginado en sus largas noches de
insomnio. Despues, todo era cuestion de tiempo y de oportunidad.
La unica que no habia caido en la trampa era la nin~a mas rica y bella de
Macondo, Andrea Pastrana. Tenia la costumbre de reirse a carcajadas cuando
las amigas le contaban de sus aventuras con el famoso seductor, del truco del
bolsillo, y de lo prolongadas de sus calurosas noches de amor. Las despachaba
con su respuesta habitual: " Yo no soy de esas."
La mala suerte de Donjuan con ella no se debia a que no lo hubiera intentado
con obstinacion, sino a la bien merecida fama de chica dificil de Andrea. Solo
habia una cosa que Andrea no estaba dispuesta a renunciar: Una foto con el
galante. El lo sabia, y como era de esperase no le iba a dar ese gusto.
Una noche de ferias, Donjuan por fin le dijo nos tomamos una foto juntos si
pasas la noche conmigo en mi apartamento. Ella, inteligente y astuta como
ninguna otra le dijo que si "pero no en su apartamento sino en mi habitacion."
Se tomaron la foto.
Asi fue como esa noche de luna y cielo despejado, Donjuan se escurrio por la
ventana del cuarto y encontro a Andrea con una piyamita de seda rosada
transparente, que dejaba ver sus calzones nuevos de florecitas diminutas y
unas tetas desnudas que apuntaban al cielo como Monserrate y Guadalupe.
Donjuan, en sus innumerables aventuras, nunca habia visto tanta belleza.
Se le acerco a abrazarla y ella salto como un corcho y al moverse dejo un
tenue olor a orines de virgen que desperto en el impulsos que dificilmente
podia contener. Sabia que un solo grito de Andrea significaria perderla para
siempre y tener que abandonar Macondo. Donjuan opto por los serenos trucos de
la seduccion. Despues de mucho trabajar, a las cuatro de la man~ana apenas
habia logrado convencerla para que se quitara la piyama con lo que solo habia
logrado endurecer mas sus propios musculos. Donjuan le recordo el compromiso
que habian hecho la noche anterior y ella le dijo sin inmutarse: " Yo ya le
cumpli, nunca me comprometi a quitarme los calzones."
Los primeros rayos de sol se aparecian traicioneros en el horizonte. La
resabiada Andrea le insistia que se fuera o gritaba. Donjuan Manuel con rabia,
tristeza y frustracion miraba la ventana por donde tendria que salir, pero no
se iba porque aun le queda la ilusion de que por arte de magia, Andrea
cambiara de opinion, se bajara los calzones y le etregara su vientre de burra
sabanera.
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Esperen el proximo capitulo.
He dicho,
Pio, Pio