Revista Semana

     Septiembre 21 de 1998, Edicion 855

       La isla del tesoro

       Un gringo y un colombiano se disputan uno de los tesoros mas
       grandes de la flota espan~ola del siglo XVII.


  EL PRIMERO DE NOVIEMBRE DE 1605 una
  flota de ocho galeones espan~oles,
  comandados por Luis Fernandez de
  Cordoba, navegaba por las pacificas
  aguas del Atlantico. Era la llamada
  Flota de Tierra Firme, denominada
  asi porque recogia el cargamento de
  oro, plata y piedras preciosas
  provenientes de las colonias del
  sur del con-

  tinente, incluida la Nueva Granada.
  La flota se dirigia hacia La
  Habana, lugar estrategico desde
  donde zarparia finalmente camino de
  Espan~a. Sin embargo el destino se
  empen~o en que cuatro de esas
  embarcaciones nunca llegaran a
  puerto. A los cinco dias de
  travesia un huracan que pasaba por
  la misma ruta azoto los galeones
  con toda su fuerza. La inclemencia
  de la tempestad desvio el curso de
  los navios y cuatro de ellos
  terminaron estrellandose contra un
  cayo. En el naufragio perecieron
  mas de 1.000 hombres, entre ellos
  el propio Luis Fernandez de
  Cordoba. Los buques restantes
  trataron de buscar tierra firme y
  llegaron sin mayores tropiezos,
  unos a Jamaica y otros a Cartagena.

  La noticia, por supuesto, golpeo a
  la corona. Aunque lamentaba la
  muerte de sus hombres el motivo
  principal de su preocupacion tenia
  que ver con que un cargamento de
  esas magnitudes desapareciera en
  las profundidades del mar. El rey
  Felipe III encomendo entonces
  varias expediciones para ubicar y
  rescatar el jugoso botin. La
  busqueda fue infructuosa. Como
  consta en los Archivos de Indias de
  Sevilla, Espan~a, mas de 80 an~os
  despues de la tragedia el paradero
  de los cuatro galeones era un
  absoluto misterio.

  Y asi continuo hasta principios de
  este an~o, cuando un aventurero
  colombiano comenzo a develar el
  secreto de los galeones hundidos.
  Se trata de Daniel de Narvaez, un
  discreto e informal miembro de la
  sociedad bogotana, biznieto del ex
  presidente Jose Manuel Marroquin e
  ingeniero de minas de la Colorado
  School of Mines. Por asuntos de su
  profesion De Narvaez realizaba
  trabajos de exploracion en los
  cayos de Serranilla, en el
  archipielago de San Andres, cuando
  se topo por casualidad con los
  rastros de los galeones perdidos.
  En una inmersion de rutina en la
  zona, donde no hay mucha
  profundidad y el agua es
  cristalina, el equipo de De Narvaez
  diviso un arrume de can~ones
  corroidos por el oxido. Aunque
  sabian que el sitio era un
  cementerio de grandes naufragios
  coloniales, lo primero que
  imaginaron fue que se trataba de
  los restos de un barco mercante sin
  mayor importancia.
        
  Pero la curiosidad no dejo que el
  asunto terminara en una simple
  anecdota. Intrigado por el origen
  de los can~ones, De Narvaez contrato
  a una historiadora en Espan~a para
  que buscara datos en los Archivos
  de Indias de Sevilla sobre posibles
  naufragios en Serranilla. Su
  sorpresa fue mayuscula cuando se
  entero de que, en efecto, cuatro de
  los buques de la Flota de Tierra
  Firme --San Roque, Santo Domingo,
  San Ambrosio y Nuestra Sen~ora de
  Begon~a-- habian zozobrado en ese
  lugar hace mas de 350 an~os. "Yo
  creo que los espan~oles no lograron
  encontrarlos porque el naufragio
  quedo cubierto por la arena. Fueron
  las mareas y los cambios
  meteorologicos los que lo hicieron
  visible con el paso del tiempo",
  afirma el explorador.
           
  La historiadora espan~ola encontro
  tambien un completo inventario de
  la carga que transportaba cada uno
  de los barcos hundidos. De acuerdo
  con el Archivo de Indias, entre la
  mercancia declarada habia 80
  toneladas de oro, 70 kilos de
  esmeraldas y 500 toneladas de
  plata, ademas de las joyas y
  objetos personales de las 1.300
  personas que fallecieron en el
  siniestro. Todo esto sin contar con
  la mercancia que salia de
  contrabando, practica que ya en
  aquella epoca era bastante comun.
  "Se calcula que el contrabando de
  bienes podria adicionar entre un 35
  y un ciento por ciento a la
  mercancia oficial que se
  transportaba, comenta De Narvaez.
  Es decir, que si habia 80 toneladas
  de oro declaradas es muy probable
  que en realidad los barcos llevaran
  160 toneladas". Segun calculos de
  la actualidad, de descubrirse el
  tesoro su valor total podria
  oscilar entre los 3.000 y los 5.000
  millones de dolares.

  Ante semejante cifra el explorador
  colombiano se apresuro a declarar
  el hallazgo de las especies
  naufragas de la zona. Como lo
  estipula la legislacion colombiana
  para estos casos, se dirigio a la
  Direccion General Maritima (Dimar),
  donde instauro la respectiva
  denuncia que hoy le acredita la
  plena posesion sobre los restos del
  naufragio.

  La lucha por el tesoro

  Pero aunque reclamar tan
  exorbitante tesoro parezca sencillo
  en el papel, en la practica la
  realidad es bien distinta. En
  primer lugar porque los diferendos
  limitrofes en relacion con
  Serranilla han puesto en duda ante
  la comunidad internacional que la
  Nacion colombiana sea la encargada
  de ejercer soberania en el lugar y,
  por ende, de administrar los
  derechos del naufragio. La corona
  espan~ola traspaso de Nicaragua a
  Nueva Granada el dominio del
  archipielago de San Andres y
  Providencia en 1803 y en desarrollo
  del principio del Uti Possidetis
  Juris (que reconoce las fronteras
  heredadas de la colonia) Colombia
  lleva mas de 180 an~os tratando de
  que sus derechos en Serranilla sean
  reconocidos cabalmente por
  Honduras, Nicaragua y Estados
  Unidos, paises que a lo largo del
  tiempo han reclamado propiedad
  sobre la zona. El problema radica
  en que en los diversos tratados
  internacionales no aparece
  Serranilla por ninguna parte y a
  pesar de que Colombia se refugia en
  el primigenio decreto colonial y
  ejerce soberania con un faro, siete
  infantes de marina y un oficial de
  la Armada, la verdad es que su
  situacion aun esta por definirse.
           
  De este limbo juridico, nada
  sencillo de solucionar si se tienen
  en cuenta las demoras a la hora de
  conformar un tribunal internacional
  que se le mida a dirimir el
  conflicto, se desprende un segundo
  inconveniente. Si bien De Narvaez
  fue el primero en dar cuenta del
  descubrimiento a las autoridades
  colombianas, lo cierto es que no
  fue el primero que se entero de su
  existencia. Tres an~os antes Eric
  Powery, un joven empresario de
  Tampa (Estados Unidos) que pescaba
  langostas en la zona de Serranilla
  durante sus vacaciones encontro el
  naufragio. Aunque De Narvaez
  sostiene que Powery solo ha
  denunciado el suceso en periodicos
  de su pais, el estadounidense se ha
  valido de los diferendos limitrofes
  para obtener permisos de
  exploracion de su gobierno en la
  zona. Incluso Powery ya creo una
  fundacion sin animo de lucro
  mediante la cual piensa traspasar
  el 10 por ciento de lo que
  encuentre a las naciones cercanas
  al lugar del naufragio.

  Como si lo anterior fuera poco, la
  legislacion colombiana tampoco
  ayuda. En el pais existe en la
  actualidad un enorme vacio en el
  tema. Al elevar las especies
  naufragas a la categoria de
  patrimonio cultural de la Nacion,
  la nueva Ley de la Cultura,
  adoptada durante la administracion
  de Ernesto Samper, derogo las
  disposiciones anteriores que
  facultaban a la Dimar para
  reglamentar todo lo concerniente a
  los hallazgos submarinos, y aclaro
  que dicha derogacion abriria las
  puertas a un nuevo estatuto cuya
  elaboracion estaria a cargo de una
  comision nacional encabezada por el
  ministro de Cultura. El proyecto,
  que viene adelantandose desde
  noviembre del an~o pasado, todavia
  esta en estudio porque aun no se
  han definido ni los porcentajes que
  le corresponderian a la Nacion y al
  explorador en caso de un
  descubrimiento como el de De
  Narvaez, ni quien correria con los
  gastos de conservacion de los
  objetos recuperados, los cuales,
  entre otras cosas, no son nada
  despreciables pues la recuperacion
  y el mantenimiento de tan solo un
  can~on puede costar mas de 50
  millones de pesos.

  Tesoros perdidos

  A pesar de la euforia que suscita
  estar a las puertas de hallar un
  tesoro de tales dimensiones la
  experiencia indica que, incluso con
  autorizacion incluida, este tipo de
  rescates son muy dificiles de
  llevar a cabo. Prueba de ello son
  los dos mas recientes hallazgos en
  el Caribe, el galeon Atocha y el
  galeon San Jose.

  El primero fue descubierto cerca de
  la Florida por Mel Fisher en 1974 y
  para recuperar el tesoro que se
  hallaba dentro del barco tuvo que
  librar innumerables batallas
  legales. Aun cuando las gano el
  dinero llego a cuenta gotas. Fisher
  tardo la bobadita de 16 an~os en
  sacar los 400 millones de dolares
  en oro, plata y piedras preciosas
  que estaban en la embarcacion.

  La historia del San Jose es mas
  desalentadora. Este navio,
  interceptado y hundido por los
  ingleses en junio de 1708, llevaba
  uno de los cargamentos mas valiosos
  de toda la colonia. La perdida de
  toda la mercancia, cuyo valor
  actual rondaria los 8.000 millones
  de dolares, fue tan grave que casi
  quiebra a la corona espan~ola. El
  galeon fue denunciado hace 10 an~os
  por la Sea Search Armada cerca de
  las islas del Rosario. No obstante,
  su recuperacion esta en suspenso
  por una demanda que la Sea Search
  interpuso contra la Nacion debido a
  que mientras el Estado le exige a
  la empresa entregar el 95 por
  ciento de lo recuperado, la
  compan~ia norteamericana quiere el
  50 por ciento por tratarse del
  hallazgo de un tesoro propiamente
  dicho y no de una especie naufraga
  con probabilidades de contener
  carga de valor.

  Sumados todos estos antecedentes,
  las posibilidades de que De Narvaez
  pueda quedarse con los 5.000
  millones de dolares en oro y joyas
  que probablemente hoy yacen en las
  arenas blancas de Serranilla son
  mas bien remotas. Sin embargo el
  explorador colombiano sostiene que
  no le preocupan tanto los
  obstaculos como el hecho de que se
  esten perpetrando saqueos sucesivos
  en la zona mientras la legislacion
  colombiana se demora en tomar
  cartas en el asunto. "Como el
  nuestro hay docenas de hallazgos
  que en estos momentos estan
  corriendo igual suerte sin que
  nadie pueda impedirlo", concluye.

  John McBride Giraldo, uno de los
  pocos arqueologos submarinos que
  existen en Colombia y quien se
  encuentra metido de lleno en el
  proyecto de De Narvaez, afirma que
  no solo se trata de recuperar un
  tesoro sino de rescatar un
  patrimonio invaluable, un bagaje
  historico que arrojaria valiosas
  respuestas sobre la colonia. "Esos
  buques son una capsula de tiempo y
  si logramos recuperarlos con todas
  las normas de conservacion podremos
  reconstruir un momento de la
  historia que permitira conocer los
  patrones sociales, culturales,
  tecnologicos e incluso de
  pensamiento de los habitantes de
  esa epoca".

  Con un diferendo limitrofe que
  puede durar decadas, un ambicioso
  competidor norteamericano y una
  legislacion poco clara en relacion
  con el rescate de las especies
  naufragas, Daniel de Narvaez se
  encuentra ahora en un curioso
  estado de obnubilacion entre la
  oportunidad de que aquel tesoro le
  cambie la vida para siempre y la
  posibilidad de que sus suen~os de
  descubridor de navios corran la
  misma suerte que la de los galeones
  que zozobraron aquel tormentoso dia
  de 1605 en los cayos de Serranilla.
  Las autoridades colombianas tienen
  la palabra.

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`  Nelson Vera Villamizar                        `(ee)'        _  |   `
^  Departamento de Astronomia                     )  (        (|) |   ^
^  Universidade Federal do Rio Grande do Sul     (o  o)       8~8,/   ^
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