Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Buenas, buenas sumercedes,
Pa'l que este desocupado este fin de semana..., hay va un articulo de Vargas
Llosa que salio en El Pais de Madrid. Los madrazos o los aplausos deberan ir
con destino a dicho escritor, no con destino a mi cuenta personal! ok?
Chao mijiticas y feliz fin de semana,
Nestor Raul
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Los sicarios
MARIO VARGAS LLOSA
>
>La localidad de Sabaneta se halla en las afueras de Medell�n, separada de
>esta ciudad por el pueblo de Envigado, que luce en su Plaza mayor algunas
>airosas casas coloniales. Sabaneta no tiene mucha gracia en lo que a
>arquitectura se refiere. Su atracci�n principal, y acaso �nica, es su
>iglesia -grande, blanca y bien tenida-, o, mejor dicho, su altar, presidido
>por una Mar�a Auxiliadora de t�nica roja y manto azul, coronada y con el
>Ni�o en los brazos, m�s conocida ahora como la Virgen de los Sicarios.
>
>Fui a visitar Sabaneta un d�a martes laborable, a media tarde, y me llev�
>una sorpresa, pues la iglesia estaba atestada -s�lo Nicaragua puede competir
>con Colombia en iglesias todav�a repletas de gente-, y un gran n�mero de
>fieles segu�a el oficio desde el atrio y desparramados por la arbolada
>placita del contorno, arrodill�ndose y santigu�ndose con devoci�n. Hab�a
>hombres, mujeres y ni�os, y, sobre todo, j�venes. No tengo manera de saber
>cu�ntos de ellos ejerc�an la antigua profesi�n de asesinos mercenarios que
>la man�a clasicista de los colombianos ha dignificado con un apelativo de
>raigambre latina -sicario-, pero todo parece indicar que muchos lo eran,
>o lo ser�n, o sue�an con serlo.
>
>Adem�s de formar parte de la vida social y pol�tica de Colombia, los sicarios
>constituyen tambi�n, como los cowboys del Oeste norteamericano o los samurais
>japoneses, una mitolog�a fraguada por la literatura, el cine, la m�sica, el
>periodismo y la fantas�a popular, de modo que, cuando se habla de ellos
>conviene advertir que se pisa ese delicioso y resbaladizo territorio, el
>preferido de los novelistas, donde se confunden ficci�n y realidad. El
>sicario protot�pico es un adolescente, a veces un ni�o de doce o trece a�os,
>nacido y crecido en el submundo darwiniano de "las comunas", barriadas de
>pobres, desplazados y marginales que han ido escalando las faldas de las
>monta�as que cercan a Medell�n. Vistas de lejos, desde el valle o las calles
>de la ciudad, las comunas parecen apacibles, y de noche bell�simas -un manto
>de luci�rnagas-, pero en verdad impera en ellas una indecible violencia,
>atizada por la miseria, el desempleo, la desesperanza, la droga, la
>corrupci�n y una criminalidad sin freno, cuyo emblema y epifen�meno es
>precisamente el sicario.
>
>La instituci�n proporciona dinero f�cil, aventura, riesgo y diploma de
>virilidad, de modo que no es extra�o que ni�os y j�venes de vidas
>embotelladas y sin esperanza, vean en ella una tabla de salvaci�n. El
>sicario se alquilaba al principio casi exclusivamente a los narcos, pero
>luego el espectro de los empleadores se ampli�, y abarca ahora paramilitares,
>grupos pol�ticos, pandillas y particulares ansiosos de liquidar a un enemigo,
>deshacerse de un socio inc�modo o enviudar de prisa. El precio de un crimen
>var�a con las fluctuaciones de la oferta y la demanda; en septiembre de este
>a�o, una vida humana en Medell�n val�a dos mil cuatrocientos d�lares.
>
>Para graduarse de sicario hay que pasar ciertas pruebas, como para ser
>caballero en la Edad Media. La m�s severa, term�metro de la sangre fr�a del
>aspirante, consiste en matar a un pariente cercano; pero, m�s com�n, es la
>de apostarse ante un sem�foro y descerrajarle un tiro al primer -o segundo o
>tercer- automovilista detenido por la luz roja. Quien aprueba tiene derecho
>a su caballo, es decir a su moto y su arma de fuego. Es entonces cuando el
>joven va a postrarse a los pies de la Virgen de Sabaneta y hacer bendecir
>los tres escapularios que llevar� siempre encima: uno en la mu�eca, para el
>pulso; otro en el coraz�n, para proteger su vida, y el �ltimo en el tobillo,
>por dos razones: para escapar a tiempo y para que la cadena de la moto no se
>lo da�e demasiado. (Al disparar, desde la moto en marcha, el sicario mantiene
>el equilibrio apretando los talones contra su m�quina, como el jinete los
>ijares de su montura, y con frecuencia la cadena de la moto lo hiere. Esa es
>la raz�n, me aseguran, de que la cirug�a pl�stica del tobillo sea, en los
>hospitales "paisas", la m�s avanzada del mundo).
>
>Antes de salir a hacer su trabajo, el sicario hierve las balas de su arma en
>agua bendita. Despu�s se hierve a s� mismo con tragos de aguardiente y
>jalones de droga -coca, bazuco, marihuana- y, �ltimamente, con la "rochita",
>una tableta producida por los laboratorios Roche para calmar la desaz�n de
>los enfermos terminales, el blanco m�s apetecido de los atracos a las
>farmacias. Vacunado de este modo contra los escr�pulos y las emociones,
>est� en condiciones �ptimas para hacer un trabajo eficiente.
>
>Suelen morir j�venes, a veces tiroteados por la polic�a, pero m�s a menudo
>por otros sicarios, debido a disputas territoriales o mandados liquidar por
>sus propios empleadores, que les perdieron la confianza. Sabedores de lo
>precaria que es su existencia, la viven a cien kil�metros por hora, quemando
>enseguida lo que ganan por sus asesinatos en droga, trago, m�sica, sexo (y
>algunos ex-votos a Mar�a Auxiliadora). Un amigo estaba presente en una
>discoteca de Medell�n cuando entr� un grupo de sicarios, a celebrar alguna
>haza�a. Por el micro anunciaron que el local quedaba clausurado y que nadie
>podr�a salir antes de que ellos partieran. (Tem�an un soplo a la polic�a).
>Bebieron, bailaron y se emborracharon hasta el amanecer, observados por sus
>d�ciles rehenes. Mi amigo me asegur� que episodios as� eran corrientes, y que
>eso no imped�a a nadie en Medell�n -la ciudad m�s violenta del mundo-
>frecuentar las discotecas.
>
>�Cu�nto de esto es cierto y cu�nto imaginaci�n? No lo s�. Resumo lo que o� y
>le� en un viaje reciente por Colombia. El pa�s anda muy mal, desde luego,
>desgarrado por el terrorismo, las guerrillas, el narcotr�fico, los
>paramilitares, una cancerosa corrupci�n, los delincuentes comunes -la
>pr�spera industria del secuestro en especial- y una gran desilusi�n con el
>presidente Pastrana, cuyo plan de paz despert� inmensas expectativas, y en el
>que, un a�o despu�s de su subida al poder, ya no cree nadie. (Por lo menos,
>ni uno solo de las decenas de colombianos con los que habl�). Pero, esto lo
>sabe ya todo el mundo, gracias a los medios que presentan a Colombia como un
>pa�s en v�as de delicuescencia.
>
>Lo que no se sabe en el extranjero es que, junto a las desgracias que
>Colombia padece, hay en ese pa�s muchas cosas que andan mejor que en otras
>partes, empezando por los pa�ses vecinos. En el Per� la fr�gil democracia no
>sobrevivi� al terrorismo de Sendero Luminoso y a la inflaci�n y los peruanos
>sufren desde 1992 un r�gimen autoritario, con un fantoche civil al frente, y
>una pandilla militar de torturadores y asesinos en la sombra que preside el
>celeb�rrimo capit�n Vladimiro Montesinos, personaje digno de figurar en la
>Historia Universal de la Infamia, de Borges. La democracia venezolana ha
>quedado maltrecha debido a la demagogia y la corrupci�n y nadie sabe si
>saldr� indemne del populismo cesarista del comandante Ch�vez. En Colombia,
>en cambio, pese a los cataclismos sociales y pol�ticos, hay todav�a una
>legalidad, una prensa libre, unas fuerzas militares sometidas al poder civil,
>y un consenso muy amplio en contra del golpe militar. Eso justifica siempre
>la esperanza, aun en medio del apocalipsis.
>
>Y otra cosa que en Colombia va bien -muy bien- es la cultura. Cuando la
>realidad hist�rica, el suelo que se pisa, parece deshacerse, y el horizonte
>se nubla, y los seres humanos se sienten sin orden ni concierto donde viven,
>afanosamente buscan otros �rdenes donde refugiarse, otras vidas y rumbos m�s
>limpios, m�s bellos y m�s seguros que los que tienen a la mano. Nada crea un
>ambiente m�s propicio y estimulante para la creaci�n y el arte que esta
>sensaci�n de cat�strofe y derrumbe social. Estuve en Manizales, en el
>Festival de Teatro, y una muchedumbre codiciosa de j�venes abarrotaba los
>espect�culos y re�a a carcajadas con una versi�n desopilante y circense del
>Quijote, presentada por La Candelaria de Bogot�, que dirige Santiago Garc�a.
>En la Feria del Libro de Medell�n acaso no se vend�an tantos libros como
>libreros y editores esperaban -la devaluaci�n del peso y la crisis de la
>econom�a han golpeado con sa�a a los consumidores-, pero los lectores estaban
>all�, merodeando en torno a los estantes con avidez, y acudiendo en masa a
>las mesas redondas y conferencias literarias convocadas por el Ateneo. Y el
>Festival Internacional de Arte de Cali, con su exuberancia de exposiciones
>pl�sticas, conciertos, funciones de teatro y danza -entre ellas un Rito de
>los manglares, espl�ndido espect�culo de m�sica y danza en homenaje y con
>motivos del pintor Hernando Tejada- y charlas y debates literarios, denotaba
>una vitalidad y una energ�a que hace tiempo no ten�a ocasi�n de compartir
>(�y eso que asisto a festivales!).
>
>Por eso, no es de extra�ar que la literatura colombiana viva una
>efervescencia creativa. Poetas, narradores, cr�ticos, crecidos o noveles,
>publican sin cesar y ser�a dif�cil seguirles los pasos a todos, aun
>ley�ndolos de sol a sol. A quien este art�culo le haya abierto el apetito
>sobre el tema de los sicarios, recomiendo dos novelas que le� de un tir�n
>durante mi viaje, las dos muy divertidas sin dejar de ser terribles: La
>Virgen de los Sicarios, de Fernando Vallejo, y Rosario Tijeras, de
>Jorge Franco Ramos. La primera es mucho m�s literaria e intelectual y la
>segunda m�s ligera y sentimental, pero ambas aprovechan con enorme ingenio
>y vivacidad de lenguaje esa materia prima atroz que es la condici�n de los
>adolescentes asesinos a sueldo de la violencia colombiana, para edificar
>unas ficciones llenas de garra, color y desenfado, que, al mismo tiempo que
>hunden sus ra�ces en experiencias desgarradoras, chisporrotean de libertad,
>humor, insolencia y diatribas (sobre todo la de Fernando Vallejo, cuyas
>an�rquicas imprecaciones tienen a veces un vigor celinesco). Qu� bueno que
>los escritores colombianos, azuzados por los estragos que los rodean, vengan
>a salvarnos de las frivolidades de la literatura light.
>
>
>� Mario Vargas Llosa, 1999.
>� Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados
> a Diario El Pa�s, SA, 1999.
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