Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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>Tomado de Diario El Pais, Madrid. Octubre 04 de 1999
>
>Los sicarios
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>MARIO VARGAS LLOSA
>La localidad de Sabaneta se halla en las afueras de Medell�n, separada
>de esta ciudad por el pueblo de Envigado, que luce en su Plaza mayor
>algunas airosas casas coloniales. Sabaneta no tiene mucha gracia en lo
>que a arquitectura se refiere. Su atracci�n principal, y acaso �nica,
>es su iglesia -grande, blanca y bien tenida-, o, mejor dicho, su
>altar, presidido por una Mar�a Auxiliadora de t�nica roja y manto
>azul, coronada y con el Ni�o en los brazos, m�s conocida ahora como la
>Virgen de los Sicarios.
>
>
>Fui a visitar Sabaneta un d�a martes laborable, a media tarde, y me
>llev� una sorpresa, pues la iglesia estaba atestada -s�lo Nicaragua
>puede competir con Colombia en iglesias todav�a repletas de gente-, y
>un gran n�mero de fieles segu�a el oficio desde el atrio y
>desparramados por la arbolada placita del contorno, arrodill�ndose y
>santigu�ndose con devoci�n. Hab�a hombres, mujeres y ni�os, y, sobre
>todo, j�venes. No tengo manera de saber cu�ntos de ellos ejerc�an la
>antigua profesi�n de asesinos mercenarios que la man�a clasicista de
>los colombianos ha dignificado con un apelativo de raigambre
>latina -sicario-, pero todo parece indicar que muchos lo eran, o lo
>ser�n, o sue�an con serlo.
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>
>Adem�s de formar parte de la vida social y pol�tica de Colombia, los
>sicarios constituyen tambi�n, como los cowboys del Oeste
>norteamericano o los samurais japoneses, una mitolog�a fraguada por la
>literatura, el cine, la m�sica, el periodismo y la fantas�a popular,
>de modo que, cuando se habla de ellos conviene advertir que se pisa
>ese delicioso y resbaladizo territorio, el preferido de los
>novelistas, donde se confunden ficci�n y realidad. El sicario
>protot�pico es un adolescente, a veces un ni�o de doce o trece a�os,
>nacido y crecido en el submundo darwiniano de "las comunas", barriadas
>de pobres, desplazados y marginales que han ido escalando las faldas
>de las monta�as que cercan a Medell�n. Vistas de lejos, desde el valle
>o las calles de la ciudad, las comunas parecen apacibles, y de noche
>bell�simas -un manto de luci�rnagas-, pero en verdad impera en ellas
>una indecible violencia, atizada por la miseria, el desempleo, la
>desesperanza, la droga, la corrupci�n y una criminalidad sin freno,
>cuyo emblema y epifen�meno es precisamente el sicario.
>
>
>La instituci�n proporciona dinero f�cil, aventura, riesgo y diploma de
>virilidad, de modo que no es extra�o que ni�os y j�venes de vidas
>embotelladas y sin esperanza, vean en ella una tabla de salvaci�n. El
>sicario se alquilaba al principio casi exclusivamente a los narcos,
>pero luego el espectro de los empleadores se ampli�, y abarca ahora
>paramilitares, grupos pol�ticos, pandillas y particulares ansiosos de
>liquidar a un enemigo, deshacerse de un socio inc�modo o enviudar de
>prisa. El precio de un crimen var�a con las fluctuaciones de la oferta
>y la demanda; en septiembre de este a�o, una vida humana en Medell�n
>val�a dos mil cuatrocientos d�lares.
>
>
>Para graduarse de sicario hay que pasar ciertas pruebas, como para ser
>caballero en la Edad Media. La m�s severa, term�metro de la sangre
>fr�a del aspirante, consiste en matar a un pariente cercano; pero, m�s
>com�n, es la de apostarse ante un sem�foro y descerrajarle un tiro al
>primer -o segundo o tercer- automovilista detenido por la luz roja.
>Quien aprueba tiene derecho a su caballo, es decir a su moto y su arma
>de fuego. Es entonces cuando el joven va a postrarse a los pies de la
>Virgen de Sabaneta y hacer bendecir los tres escapularios que llevar�
>siempre encima: uno en la mu�eca, para el pulso; otro en el coraz�n,
>para proteger su vida, y el �ltimo en el tobillo, por dos razones:
>para escapar a tiempo y para que la cadena de la moto no se lo da�e
>demasiado. (Al disparar, desde la moto en marcha, el sicario mantiene
>el equilibrio apretando los talones contra su m�quina, como el jinete
>los ijares de su montura, y con frecuencia la cadena de la moto lo
>hiere. Esa es la raz�n, me aseguran, de que la cirug�a pl�stica del
>tobillo sea, en los hospitales "paisas", la m�s avanzada del mundo).
>
>
>Antes de salir a hacer su trabajo, el sicario hierve las balas de su
>arma en agua bendita. Despu�s se hierve a s� mismo con tragos de
>aguardiente y jalones de droga -coca, bazuco, marihuana- y,
>�ltimamente, con la "rochita", una tableta producida por los
>laboratorios Roche para calmar la desaz�n de los enfermos terminales,
>el blanco m�s apetecido de los atracos a las farmacias. Vacunado de
>este modo contra los escr�pulos y las emociones, est� en condiciones
>�ptimas para hacer un trabajo eficiente.
>
>
>Suelen morir j�venes, a veces tiroteados por la polic�a, pero m�s a
>menudo por otros sicarios, debido a disputas territoriales o mandados
>liquidar por sus propios empleadores, que les perdieron la confianza.
>Sabedores de lo precaria que es su existencia, la viven a cien
>kil�metros por hora, quemando enseguida lo que ganan por sus
>asesinatos en droga, trago, m�sica, sexo (y algunos ex-votos a Mar�a
>Auxiliadora). Un amigo estaba presente en una discoteca de Medell�n
>cuando entr� un grupo de sicarios, a celebrar alguna haza�a. Por el
>micro anunciaron que el local quedaba clausurado y que nadie podr�a
>salir antes de que ellos partieran. (Tem�an un soplo a la polic�a).
>Bebieron, bailaron y se emborracharon hasta el amanecer, observados
>por sus d�ciles rehenes. Mi amigo me asegur� que episodios as� eran
>corrientes, y que eso no imped�a a nadie en Medell�n -la ciudad m�s
>violenta del mundo- frecuentar las discotecas.
>
>
>�Cu�nto de esto es cierto y cu�nto imaginaci�n? No lo s�. Resumo lo
>que o� y le� en un viaje reciente por Colombia. El pa�s anda muy mal,
>desde luego, desgarrado por el terrorismo, las guerrillas, el
>narcotr�fico, los paramilitares, una cancerosa corrupci�n, los
>delincuentes comunes -la pr�spera industria del secuestro en especial-
>y una gran desilusi�n con el presidente Pastrana, cuyo plan de paz
>despert� inmensas expectativas, y en el que, un a�o despu�s de su
>subida al poder, ya no cree nadie. (Por lo menos, ni uno solo de las
>decenas de colombianos con los que habl�). Pero, esto lo sabe ya todo
>el mundo, gracias a los medios que presentan a Colombia como un pa�s
>en v�as de delicuescencia.
>
>
>Lo que no se sabe en el extranjero es que, junto a las desgracias que
>Colombia padece, hay en ese pa�s muchas cosas que andan mejor que en
>otras partes, empezando por los pa�ses vecinos. En el Per� la fr�gil
>democracia no sobrevivi� al terrorismo de Sendero Luminoso y a la
>inflaci�n y los peruanos sufren desde 1992 un r�gimen autoritario, con
>un fantoche civil al frente, y una pandilla militar de torturadores y
>asesinos en la sombra que preside el celeb�rrimo capit�n Vladimiro
>Montesinos, personaje digno de figurar en la Historia Universal de la
>Infamia, de Borges. La democracia venezolana ha quedado maltrecha
>debido a la demagogia y la corrupci�n y nadie sabe si saldr� indemne
>del populismo cesarista del comandante Ch�vez. En Colombia, en cambio,
>pese a los cataclismos sociales y pol�ticos, hay todav�a una
>legalidad, una prensa libre, unas fuerzas militares sometidas al poder
>civil, y un consenso muy amplio en contra del golpe militar. Eso
>justifica siempre la esperanza, aun en medio del apocalipsis.
>
>
>
>Y otra cosa que en Colombia va bien -muy bien- es la cultura. Cuando
>la realidad hist�rica, el suelo que se pisa, parece deshacerse, y el
>horizonte se nubla, y los seres humanos se sienten sin orden ni
>concierto donde viven, afanosamente buscan otros �rdenes donde
>refugiarse, otras vidas y rumbos m�s limpios, m�s bellos y m�s seguros
>que los que tienen a la mano. Nada crea un ambiente m�s propicio y
>estimulante para la creaci�n y el arte que esta sensaci�n de
>cat�strofe y derrumbe social. Estuve en Manizales, en el Festival de
>Teatro, y una muchedumbre codiciosa de j�venes abarrotaba los
>espect�culos y re�a a carcajadas con una versi�n desopilante y
>circense del Quijote, presentada por La Candelaria de Bogot�, que
>dirige Santiago Garc�a. En la Feria del Libro de Medell�n acaso no se
>vend�an tantos libros como libreros y editores esperaban -la
>devaluaci�n del peso y la crisis de la econom�a han golpeado con sa�a
>a los consumidores-, pero los lectores estaban all�, merodeando en
>torno a los estantes con avidez, y acudiendo en masa a las mesas
>redondas y conferencias literarias convocadas por el Ateneo. Y el
>Festival Internacional de Arte de Cali, con su exuberancia de
>exposiciones pl�sticas, conciertos, funciones de teatro y danza -entre
>ellas un Rito de los manglares, espl�ndido espect�culo de m�sica y
>danza en homenaje y con motivos del pintor Hernando Tejada- y charlas
>y debates literarios, denotaba una vitalidad y una energ�a que hace
>tiempo no ten�a ocasi�n de compartir (�y eso que asisto a
>festivales!).
>
>
>Por eso, no es de extra�ar que la literatura colombiana viva una
>efervescencia creativa. Poetas, narradores, cr�ticos, crecidos o
>noveles, publican sin cesar y ser�a dif�cil seguirles los pasos a
>todos, aun ley�ndolos de sol a sol. A quien este art�culo le haya
>abierto el apetito sobre el tema de los sicarios, recomiendo dos
>novelas que le� de un tir�n durante mi viaje, las dos muy divertidas
>sin dejar de ser terribles: La Virgen de los Sicarios, de Fernando
>Vallejo, y Rosario Tijeras, de Jorge Franco Ramos. La primera es mucho
>m�s literaria e intelectual y la segunda m�s ligera y sentimental,
>pero ambas aprovechan con enorme ingenio y vivacidad de lenguaje esa
>materia prima atroz que es la condici�n de los adolescentes asesinos a
>sueldo de la violencia colombiana, para edificar unas ficciones llenas
>de garra, color y desenfado, que, al mismo tiempo que hunden sus
>ra�ces en experiencias desgarradoras, chisporrotean de libertad,
>humor, insolencia y diatribas (sobre todo la de Fernando Vallejo,
>cuyas an�rquicas imprecaciones tienen a veces un vigor celinesco). Qu�
>bueno que los escritores colombianos, azuzados por los estragos que
>los rodean, vengan a salvarnos de las frivolidades de la literatura
>light.
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>� Mario Vargas Llosa, 1999.
>� Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a
>Diario El Pa�s, SA, 1999.

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