Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Lean amigos, esto es lo que hace Andres Pastrana con sus servicios secretos 
paramilitares. Es hora de que el pueblo colombiano desenmascare a Pastrana y 
sus asesinos secretos...godos tenian que ser...Andres esta haciendo lo mismo 
que hizo Alvaro Gomez bajo el gobierno de Laurenao: mandar brigadas de 
soldados disfrazados de pajaros a asesinar campesinos para que no le echaran 
la culpa al papa, ni al ejercito, ni a la policia...pero son los mismos.
Lo cuenta El Colombiano.
He dicho,
Pio, Pio
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Urrao. En el conflicto pol�tico armado que vive el pa�s, los ni�os 
siguen siendo los m�s afectados, as� se evidenci�, de nuevo, en el 
ataque de un comando de autodefensas a zonas rurales de Betulia, en el 
suroeste antioque�o, que dej� 4 personas muertas y 1.300 desplazados. 
Foto Juan Antonio S�nchez, enviado especial �La timidez de Wilson 
Gaviria Vargas le impidi� defenderse ante sus verdugos. El s�bado, 
cuando apenas asomaba el alba y dispon�a todo para ir al trabajo, estaba 
rodeado de hombres armados que lo sometieron a un juicio "por sus 
presuntos v�nculos con la guerrilla". No contest� ninguna de las 
preguntas que le hicieron y el silencio se convirti� en su sentencia. 
Muri� degollado. 

Ese d�a, Gloria Dennis Gonz�lez, madre de dos ni�as, lleg� tambi�n al 
"tribunal", pero sus ruegos de nada valieron: la labor de telefonista 
comunitaria en la vereda El Guamal, de Betulia, en l�mites con Urrao, 
sirvi� de "prueba" para condenarla por auxiliadora de la guerrilla. "Qu� 
pasar� con mis hijas", fue lo �ltimo que dijo. 

Luego vino el turno para Fabi�n Gonz�lez. Tampoco tuvo apelaci�n. Muri� 
delante de varios de sus vecinos, a quienes, de paso, el grupo agresor 
(se identificaron como miembros de las autodefensas), les dio un plazo 
perentorio, de 24 horas, para abandonar la regi�n "porque la quer�an 
desalojada", dec�a un campesino. 

Mientras tanto, cerca del sitio, en la vereda San Mateo, don Arcesio 
Molina tambi�n era sometido a otro juicio sumario, pese a sus 70 a�os de 
edad y a la defensa que hizo cuando lo acusaron de guerrillero: "ya 
estoy muy viejo para esas cosas". 

Hasta anoche, �stas eran las cuatro v�ctimas que dejaba la incursi�n 
armada a las veredas El Guamal, el Guamalcito, Quebrada Arriba, Claro 
Verde, El Cuchill�n, El Indio, Cuchuco y Mina, donde viv�an cerca de 
1.300 personas, las mismas que despu�s buscaron refugio en Betulia y 
Urrao. 

Sin nada 

"Mire mis manos, ajadas de trabajar. Dej� 70 cargas de caf�, entre 50 y 
60 marranos, que se est�n muriendo de hambre, ma�z para recoger; mejor 
dicho, dej� todo, mi rancho, mis cosas, todo... Y me vine con mis 
muchachos", dec�a An�bal, al explicar que todos los desplazados "somos 
gentes pobres, que vivimos de la parcelita, del cultivo, de nada m�s". 

Con �l salieron decenas de personas que, humilladas, tuvieron que 
abdicar ante el poder de las armas, porque los agresores nunca 
escucharon sus explicaciones. "Estaban ciegos y convencidos de que todos 
los que vivimos all� somos guerrilleros". 

Destruyeron la cabina telef�nica de El Guamal "y todo lo que vieron en 
las tiendas, con la advertencia de que el que no saliera asum�a despu�s 
las consecuencias". 

Anoche, autoridades locales esperaban la presencia del Comit� 
Internacional de la Cruz Roja, Cicr, y la Defensor�a de Pueblo para 
intentar un puente humanitario con las autodefensas, de modo que 
permitieran el retorno de los campesinos. 

"No somos guerrilleros como tampoco somos paramilitares", advert�a 
Gerardo. "Todo el mundo sab�a lo que iba a suceder y lo m�s grave es que 
sab�an que nosotros, los campesinos, pagar�amos, con nuestra sangre, el 
pecado de vivir en una zona de influencia guerrillera". 

Sabe, como sus compa�eros de infortunio, que en la regi�n opera el 
Frente 34 de las Farc, "pero eso no quiere decir que seamos sus 
ac�litos. Ojal� supieran los unos y los otros que lo �nico que queremos 
hacer es trabajar". 

Retiro forzado 

"Hace tres d�as que salimos y todav�a esperamos la presencia del 
Ej�rcito, haber si con ellos podemos volver". Era la �nica alternativa 
que vislumbraban los labriegos para recuperar por lo que lucharon en los 
�ltimos a�os. 

Jorge, otro desplazado, advert�a que regresar en esas condiciones ser�a 
un hecho suicida: "exponemos la vida tontamente, porque en ese pueblo 
manda el que llega", en alusi�n a las imposiciones que, en otro tiempo, 
tuvieron que aceptar de la guerrilla. 

Aunque los desplazados se sent�an a gusto en los albergues por la 
solidaridad de las gentes y autoridades de Betulia y Urrao, anhelaban 
sus tierras y extra�aban a sus amigos, "sobre todo a quienes murieron, 
porque ninguno de ellos era guerrillero, eran simples campesinos, como 
nosotros, que ayudaban a la comunidad".

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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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