Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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El sigiente editorial discute algo que he tratado de expresar en las
varias listas de discusion. El cambio y la paz no llegaran sin la
participacion democratica del cuidadano comun y corriente. 
Saludos,
Carlos

http://www.elespectador.com/0001/14/opnotici.htm#01

La democracia participativa 

�En verdad llegar� un d�a en que el ciudadano corriente pueda decidir y
opinar sobre el futuro de la patria? Es imperativo hacer de Colombia una
democracia participativa. 

* * * 
Se avecinan grandes definiciones de las cuales el ciudadano corriente no
puede estar ausente. A partir del a�o 2000 tendremos que resolver sobre
la agenda de cambios acordada con la insurgencia, o sobre un cambio
b�sico en lo social que el pueblo reclama. 

Actualmente se hacen notorios esfuerzos para crear formas de
participaci�n popular en las conversaciones de paz, como las audiencias
p�blicas y convenciones nacionales, las que llegar�an a ser poco, o
nada, eficaces en el logro de su noble prop�sito, si los ciudadanos no
se sienten invitados a ir m�s all� de agitar banderas blancas. 

Por desgracia, la cultura mon�rquica heredada de los colonizadores, no
nos ha permitido asimilar los grandes cambios introducidos por la
Constituci�n del 91 en materia de participaci�n ciudadana y comunitaria.
Ni siquiera hemos tomado conciencia de que la soberan�a no reside en la
Naci�n, como lo rezaba la antigua Carta, sino exclusivamente en el
pueblo. Y como las corporaciones p�blicas de elecci�n popular han
demostrado su incapacidad para tramitar el c�mulo de angustias del
momento, se ha llegado a la diaria utilizaci�n de las v�as de hecho por
parte de quienes resultan afectados por cualquiera de los conflictos en
que se debate el pa�s. 

Los paros, tomas de v�as y de edificios p�blicos, los desfiles
callejeros, el lazo verde o el graffiti, se emplean para pedir,
denunciar, protestar y finalmente conseguir, algo que las autoridades o
los poderes reales quieren desconocer. 

Sin duda, esto est� indicando diversas fallas en el funcionamiento de
nuestra democracia, la m�s protuberante, la evaporaci�n de los partidos
pol�ticos. Ni las colectividades tradicionales, ni las nuevas alianzas,
ni la oposici�n, han servido para canalizar las aspiraciones y anhelos. 

En forma improvisada se han constituido movimientos para asumir la
vocer�a de los desplazados, los deudores hipotecarios, los padres de
hijos sin colegio, los enfermos sin atenci�n m�dica. Los defensores de
la paz, los agricultores quebrados, los peque�os empresarios
insolventes, los desempleados o los vendedores ambulantes. En suma, los
intereses populares han tenido que buscar cauces tortuosos, porque se
han quedado sin representaci�n en los partidos. 

No han ejercido el derecho establecido en el art�culo 40 de la
Constituci�n de participar en la conformaci�n de partidos, movimientos y
agrupaciones pol�ticas, sin limitaci�n alguna. 

Ni siquiera ha habido una respuesta popular a la iniciativa de algunos
dirigentes liberales de convocar una Asamblea Constituyente que le d�
nueva vida a ese partido. Posiblemente porque a�n no est�n claros los
mecanismos para permitirle al ciudadano corriente, sin restricciones,
ejercer su derecho a transformar esa organizaci�n pol�tica. 

Los conservadores tambi�n est�n buscando su reorganizaci�n, y hasta los
sin partido con candidatos presidenciales a la cabeza, han intentado
configurar estructuras pol�ticas, sin �xito duradero. 

A pesar de los intentos fallidos para salir de esta encrucijada, no se
debe cejar en el empe�o de contar con comunidades pol�ticas amplias,
actuantes en el campo municipal y nacional. Instituciones no s�lo
preocupadas por captar votos, sino por orientar la opini�n p�blica,
ejercer el control sobre los mandatarios, y defender las ideas,
principios y programas acogidos por sus miembros. 

Adicionalmente, deben ponerse en marcha los dem�s mecanismos de
participaci�n creados por la Constituci�n, en cumplimiento del �nico
mandato expreso recibido del pueblo: hacer de Colombia una democracia
participativa. 

Son por lo menos veinte los art�culos de la nueva Carta en los cuales se
consagra el cogobierno o la fiscalizaci�n por parte de los usuarios de
los servicios p�blicos, y otros varios, que ordenan concertar con la
comunidad las decisiones del Ejecutivo, aun sin necesidad de llegar a un
acuerdo. 

El ma�ana pac�fico no puede construirse desconociendo al ciudadano
corriente, ni el futuro ser� verdaderamente incluyente si su
participaci�n es indirecta o aparente. En la Colombia del nuevo siglo,
el ciudadano debe adquirir la importancia y dignidad que le son propias,
para que pueda contribuir al buen funcionamiento de las instituciones. 

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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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