Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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�Se salvar� Ecuador?

Por Carlos Alberto Montaner

Madrid -- El ``hombre enfermo'' de Am�rica Latina hoy se llama Ecuador.
Padece simult�neamente tres males terribles: la quiebra de su sistema
econ�mico, el enfrentamiento de los elementos b�sicos que componen su
compleja sociedad --Guayaquil contra Quito, ind�genas contra blancos y
mestizos-- y una cr�nica debilidad institucional: la justicia no funciona
adecuadamente, los partidos pol�ticos viven un momento de serio
desprestigio, el parlamento est� totalmente desacreditado, y el presidente,
que lleg� al poder con fama de ser un hombre capaz, honrado y con car�cter,
tras un confuso conato de golpe militar, y ahora tachado de todo lo
contrario, fue depuesto por el parlamento y sustituido por el vicepresidente
Gustavo Noboa.

El cuadro es desesperado. El pa�s camina al filo de la navaja. Los
ecuatorianos m�s serios saben que la situaci�n es propicia para cualquier
disparate. Puede reaparecer un coronel salvador-de-la-patria que inaugure
una de esas dictaduras tan ineficaces como sangrientas; puede resurgir la
violencia pol�tica, impulsada desde una izquierda marxista que pesca en r�o
revuelto para tratar de ``colombianizar'' la naci�n; o puede llegar al
poder, incluso por la v�a democr�tica, uno de esos pintorescos caudillos
populistas, a mitad de camino entre el demagogo y el cl�sico idiota
latinoamericano, de los que encandilan al electorado prometi�ndole el oro y
el moro, para terminar, al cabo de poco tiempo, empantanados en una
situaci�n a�n peor que la que los llev� a la casa de gobierno.

Ante esta crisis, el presidente Mahuad tom� una medida inevitable luego
refrendada por su sucesor: la dolarizaci�n del pa�s. La moneda es el
cimiento b�sico donde se asienta una sociedad moderna. Sin una moneda firme
con la que se pueda ahorrar, invertir, crecer, y planear a medio y largo
plazo, es imposible alcanzar ninguna clase de estabilidad. Devaluar siempre
es empobrecer, aun cuando los exportadores sientan la pasajera ilusi�n de
que mejoran sus posibilidades de hacer negocio. Puro espejismo. No hay mejor
opci�n que la de contar con un signo monetario estable, libremente cambiable
en el mercado internacional, y totalmente predecible. Fuera de esa realidad
no hay otra respuesta que la fuga de capitales, la desinversi�n y la
creciente miseria.

No hay que ser marxista para creer que la econom�a tiene un enorme impacto
en la conducta pol�tica. En gran medida, la descomposici�n social de Ecuador
se ha potenciado por la debilidad cr�nica del sucre. Una moneda que se
deval�a vertiginosamente es una invitaci�n a la corrupci�n, a la
especulaci�n y al enfrentamiento entre las multitudes que ven c�mo se
arruinan cada vez m�s, d�a tras d�a, y las clases dirigentes que saben c�mo
sobrevivir, e incluso hasta medrar, en medio de la tormenta. Si la
irritaci�n y las tensiones hoy han creado en Ecuador un clima de preguerra
civil, se debe, sin duda, a la desaz�n que produce una espiral
hiperinflacionaria y a la inquietud de saber que esos papeles de colores con
el retrato de h�roes que uno tiene en el bolsillo ma�ana valdr�n menos que
hoy. El constante mensaje subliminal que esto transmite es muy simple: mi
futuro ser� cada vez peor. �C�mo puede nadie extra�arse de que las
sociedades que viven esta experiencia est�n a las puertas de cualquier
locura?

El problema es que el remedio, como casi todas las curas de emergencia,
duele y tiene dos inevitables efectos secundarios transitorios que habr� que
tratar de paliar con asistencia social en el terreno de la alimentaci�n y de
la medicina de los m�s pobres. La dolarizaci�n, en un plazo breve, va a
``sincerar'' --es la palabrota de la jerga-- los precios, y todos los
ecuatorianos descubrir�n un encarecimiento sustancial de bienes y servicios.
Toda moneda estable refleja y trasmite una estructura de precios. Es el
costo de la estabilidad y de la insustituible racionalidad econ�mica. Por
otra parte, el desempleo aumentar�. Es muy f�cil --como aprendieron los
argentinos-- dar empleo cuando la moneda en que se paga no vale nada. Es cas
i como no pagar. (Por eso entre los esclavos nunca hab�a desempleo.) Si la
contrataci�n es en d�lares la decisi�n resultar� mucho m�s meditada. S�lo
encontrar�n trabajo los que sean imprescindibles. De ah� la necesidad
perentoria de tratar de que la econom�a nacional crezca a la mayor velocidad
posible. Crecer, en algunos casos, ser�, literalmente, una cuesti�n de vida
o muerte.

Pero la dolarizaci�n no es, por s� misma, una soluci�n a los problemas. Es
la condici�n previa. Es s�lo el instrumento b�sico. Es el ladrillo fuerte,
resistente, con el que hay que comenzar a edificar la casa. De poco servir�
si simult�neamente no se adoptan las medidas imprescindibles: reducir el
gasto p�blico, balancear el presupuesto sin ahogar con impuestos la creaci�n
de riquezas y la generaci�n de beneficios, abrir la econom�a, crear un marco
jur�dico adecuado a las inversiones, sanear el sistema financiero, abandonar
de una vez la f�rmula estado-empresario que tan ruinosa ha sido, y
privatizar en licitaciones limpias y honradas ese falso patrimonio. Es
decir: barrer, limpiar y pintar la casa para crear las condiciones en las
que debe surgir la prosperidad.

�Hay muchos ecuatorianos que contradigan este an�lisis? No entre los
sectores m�s alertas del pa�s, pero en ciertos medios acad�micos,
period�sticos y sindicales, o entre atrabiliarios supervivientes de la
``teolog�a de la liberaci�n'', subsiste una reaccionaria visi�n
tercermundista, antioccidental --ahora llamada ``antiglobalizaci�n''--,
propia del paleol�tico marxista, empe�ada en el estatismo, el dirigismo, el
nacionalismo aut�rquico y la planificaci�n, gente asombrosamente indiferente
a lo que ha sido la realidad latinoamericana del siglo XX. Pero sucede que
el discurso de esta fauna irresponsable, con v�ctimas y victimarios, con
malos y buenos, alimentado por el rencor m�s que por el sentido com�n, es
tremendamente seductor para las capas populares. De ah� la importancia de
que a toda m�quina, antes de que sea demasiado tarde, la clase pol�tica m�s
seria de todo el espectro democr�tico, junto a la m�s solvente jerarqu�a de
la sociedad civil, se sienten en una mesa para planear la salvaci�n de la
naci�n antes de que se desaten todos los demonios. Conozco ese pa�s y s� que
entre sus grupos dirigentes hay mucha gente buena, bien preparada y llena de
las mejores intenciones. Ojal� se pongan de acuerdo. La cuenta regresiva ya
ha comenzado.

23 de enero del 2000

(Firmas Press)




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