Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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�Milagro americano? Nada de eso
Por Carlos Alberto Montaner
Madrid -- Bill Clinton estaba euf�rico. Los pol�ticos son como los
estudiantes. Cuando las cosas van bien se atribuyen todo el m�rito. Cuando
van mal culpan al idiota del maestro. En Estados Unidos hace casi una d�cada
que el viento sopla a favor. �Se puede hablar de un ``milagro econ�mico
norteamericano''? No lo creo. Los milagros son prodigios que la raz�n no
consigue explicar. Lo que sucede en Estados Unidos es perfectamente
entendible: esa sociedad trabaja m�s y mejor que el resto del planeta. La
Organizaci�n Internacional del Trabajo lo ha cuantificado. Mientras los
europeos dedican al trabajo unas 1,500 horas al a�o, los estadounidenses
casi llegan a dos mil. M�s, incluso, que los japoneses. Y mientras el viejo
continente contin�a frenando el comercio los fines de semana con
regulaciones absurdas, en Estados Unidos los horarios laborales los
determina un mercado creciente de consumidores cada vez m�s exigentes.
Mientras la contrataci�n y el despido en Europa es una operaci�n costosa y
complicada, pactada por sectores, en Estados Unidos es mucho m�s flexible y
se resuelve dentro de la realidad de cada empresa. Hay algunas que pueden
pagar cuarenta d�lares la hora, y otras, que hacen m�s o menos lo mismo,
pero con peores resultados, tal vez no logran ofrecer m�s de veinte. Hace
unos meses, de visita en Los Angeles, acud� a un supermercado a las tres de
la madrugada. Hasta ah� nada extra�o. Las tiendas permanentemente abiertas
son conocidas en ese pa�s. Lo que me sorprendi� es que en ese supermercado,
entre la g�ndola de los quesos y la de las frutas, hab�a una sucursal
bancaria que en ese momento tramitaba la hipoteca de una casa para un
desvelado cliente. A esa hora era posible suscribir un seguro, abrir una
cuenta, invertir en la bolsa o extraer dinero. M�s todav�a: el primero de
enero del a�o 2000 --cuando se anunciaba el apocalipsis virtual--, me
encontraba en la Florida y alguna torpeza comet� con la computadora que
pulveric� el sistema de comunicaciones. Sin la menor convicci�n llam� a la
compa��a que brindaba el servicio --recu�rdese la ins�lita fecha-- e
inmediatamente me contest� un desdichado t�cnico que me fue asesorando hasta
que logr� averiguar mi maldito password, reparar el engendro y enviar la
cr�nica pendiente. No hay duda: en Estados Unidos desaparecer� la frontera
entre el d�a y la noche, entre la semana y el fin de semana. El tiempo
ser� --ya va siendo-- una dimensi�n continua y pastosa en la que la
actividad humana acabar� fragmentada en nanosegundos perfectamente
cronometrados. S�mesele el fax a esta furiosa incontinencia laboral, con su
ruidillo atroz, el e-mail incesante, los tel�fonos port�tiles, el beeper
pertinaz y la feroz competencia, y se tendr�n otras razones para comprender
por qu� Estados Unidos tiene menos de la mitad del desempleo europeo y
contin�a creciendo. Es una sociedad on line. No parece dif�cil de entender:
la cantidad de transacciones que hacen los empresarios y ejecutivos
norteamericanos, el volumen de la informaci�n que manejan y de las
decisiones que toman, deben ser bastante mayores que los que realizan sus
hom�logos europeos. Todo se hace con rapidez, todo es instant�neo, en tres
minutos, en una hora, de manera impaciente, lo que repercute en otro dato
vertiginoso: la velocidad de circulaci�n del dinero. Los billetes verdes
vuelan de unas manos a otras a un ritmo mucho mayor que en el resto del
planeta.
�Algo m�s? Por supuesto. Se trata de la naci�n l�der del planeta en
pr�cticamente todos los aspectos importantes de la ciencia y la tecnolog�a,
y con ello ha conquistado una ventaja muy singular: es su propia y casi
�nica referencia. Mientras Europa o Jap�n se ven obligados a seguir tras la
pista norteamericana, lo que los obliga a marchar a la zaga, los gringos
encabezan el pelot�n y s�lo miran hacia adelante. Esto ha creado otro
angustioso campo de investigaci�n laboral: la velocidad de la
transculturaci�n. Qu� tiempo tarda el pa�s equis en hacer las cosas a la
manera norteamericana, con los aparatos norteamericanos y la cantidad de
veces que lo hacen los norteamericanos en un periodo dado. Hay un ejemplo
muy claro: el n�mero de computadoras que tienen los norteamericanos y el
porcentaje de ellos que utiliza internet. Saberse muy rezagados en estos dos
aspectos genera una melanc�lica sensaci�n de fracaso en casi todas las
sociedades. No ser un avezado internauta es la prueba m�s evidente del
subdesarrollo, o del cafresismo, como ya le le� a un desesperado cronista.
Supongo que alg�n d�a alguien descubrir� que este frenes� laboral es, en
realidad, una grave patolog�a del esp�ritu que a lo mejor se cura con una
pastilla, pero en lo que llegan ese diagn�stico y esa cura salvadores, la
disyuntiva planteada es cruelmente sencilla: si queremos prosperar,
progresar, acumular nuevos y mejores objetos, cada vez m�s eficaces y
veloces, como ocurre en Estados Unidos, tenemos que trabajar como los
norteamericanos. Si queremos superarlos, tendremos que trabajar m�s y mejor
que ellos. O tal vez podamos conformarnos con formas de vida m�s elementales
y sociedades m�s pobres, pero sujetas a menos tensiones y con m�s tiempo
para el ocio. Lo que resulta imposible es trabajar como europeos y tener
resultados norteamericanos. O nos comemos el pastel o lo guardamos en la
nevera. Son objetivos incompatibles.
5 de febrero del 2000
(Firmas Press)
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cortesia de Anibal Monsalve Salazar