Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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De acuerdo Carlos que esta grave lo de Espa�a, pero se me hace un poco
dif�cil demostrar mucha solidaridad con los inmigrantes Africanos en Espa�a
cuando hay tanto paramilitar, guerrillero, y criminal violando los derechos
humanos de campesinos Colombianos, desplazados como inmigrantes ilegales,
dentro de nuestro propio pa�s. 

C.D.


-----Original Message-----
From: Carlos A. Saavedra-Matiz
To: [EMAIL PROTECTED]
Sent: 2/8/00 5:23 PM
Subject: Colext: Contra la raz�n de la fuerza

Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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http://www.elpais.es/p/d/20000208/opinion/goyti.htm
Martes 8 febrero 2000 - N� 1376

Contra la raz�n de la fuerza

JUAN GOYTISOLO y SAMI NAIR

Lo llevamos diciendo, repitiendo, machacando desde hace mucho tiempo: El
Ejido es un polvor�n en el que la mezcla de racismo, desprecio a los
pobres, ghettizaci�n de los inmigrantes, irresponsabilidad de los cargos
elegidos, complicidad no  confesada de las fuerzas de seguridad en el
rechazo a los inmigrantes, terminar� por provocar una explosi�n.

Pues bien ya ha ocurrido: el domingo 6 de febrero asistimos a unas
escenas
de caza del hombre dignas de la Alemania de los a�os 30 -cuando los
sicarios de los nazis corr�an tras los judios para golpearles y
asesinarles- contra la poblaci�n magreb� y africana de El Ejido, ese
Eldorado del trabajo clandestino, de la superexplotaci�n e incluso de
ciertas formas de esclavitud.

La raz�n es en apariencia sencilla: se tratar�a de la reacci�n de parte
de
la poblaci�n tras el asesinato de una joven por un perturbado mental en
el
mercado de El Ejido. M�s a�n: este asesinato habr�a tenido lugar tras
otros
dos asesinatos en los invernaderos ocurridos unos d�as antes. En suma,
la
caza al emigrante, sin ser leg�tima, es comprensible: los bravos
ciudadanos
de El Ejido est�n hartos... Esta explicaci�n, que se escucha a menudo,
a�ade a la tragedia de los asesinatos la irresponsabilidad de los que la
utilizan.

Ante todo, hay que decir una cosa: ning�n crimen es leg�timo y los
responsables deben ser detenidos, juzgados y castigados. Y hay que
a�adir
otra: nada es hoy comparable al dolor de las familias de las v�ctimas -a
las que hay que expresar el mayor y m�s sincero sentimiento de p�same.
Pero
tambi�n hay que recordar esto: la ley, toda la ley, y nada m�s que la
ley.
La ley: los culpables deben ser juzgados; toda la ley: deben poder
explicar
sus actos, es decir, ser escuchados y defendidos; nada m�s que la ley:
no
deben ser juzgados por otra cosa -condici�n social, religi�n, color de
la
piel- que no sea la materialidad de sus actos. Esa parte de la poblaci�n
que ha practicado la caza del hombre no respeta ni la ley, ni toda la
ley,
ni nada m�s que la ley. Esa parte fanatizada representa el odio, la
violencia y, lo que es a�n peor, la maldad cotidiana. Los inmigrantes,
necesarios en los invernaderos porque ning�n ciudadano espa�ol trabaja
en
ellos, son indeseables fuera. Los canallas que han atacado a inmigrantes
inocentes aplicando el principio de responsabilidad colectiva, de
siniestra
memoria, lo han hecho en la m�s total impunidad. La polic�a presente se
ha
contentado casi siempre con evitar lo peor, observando una actitud de
pasividad que, en algunos casos, ha rozado la complicidad con los
asaltantes.

Se han quemado comercios, se han parado en medio de la calle coches de
inmigrantes y se han volcado con sus ocupantes dentro. La sede de la ONG
Almeria Acoge ha sido saqueada, se ha destruido un caf� en el que a
veces
se re�nen los miembros de la asociaci�n marroqu� ATIME, se ha echado
violentamente a los periodistas, un responsable pol�tico ha estado a
punto
de ser linchado. Los inmigrantes tuvieron que huir durante horas por
doquier y cerca de doscientos terminaron por refugiarse en una colina de
las afueras de la ciudad, rodeados por la polic�a que les sirvi� de
cord�n
de seguridad.

Esta es la realidad: en la Espa�a democr�tica del siglo XXI los
inocentes
son perseguidos a causa de su pertenencia social (son pobres),
confesional
(en su mayor�a, son musulmanes) nacional (son extranjeros). �C�mo se ha
llegado a ello? La opini�n p�blica, escandalizada por estos ataques, se
hace esta pregunta, pero los responsables saben muy bien porqu� y c�mo.

Desde hace a�os "se" ha dejado pudrir la situaci�n. Unos patronos sin
escr�pulos ten�an necesidad, para aumentar sus beneficios, de mano de
obra
joven, pobre, sin derechos sociales, sin derechos pol�ticos, y, por
tanto,
susceptible de sufrir una dictadura pura y dura. Unos dirigentes
pol�ticos
cerraban los ojos ante esa situaci�n, pues esos trabajadores no votaban
y
por lo tanto no pod�an influir en sus carreras. Unas autoridades,
acostumbradas a practicar el doble rasero, aterrorizaban con frecuencia
a
los inmigrantes, les vejaban, con m�s frecuencia, y, como m�nimo, les
hac�an notar que eran indeseables en un pa�s, en una regi�n, cuyo alto
nivel de vida se funda precisamente en sus m�seras condiciones de
trabajo.
Esta conjunci�n de cobard�as inconfesas e irresponsabilidades
compartidas
han terminado por desembocar en donde l�gicamente deb�an desembocar: en
el
llamamiento al asesinato. Y este 6 de febrero se ha o�do en El Ejido:
�muerte al inmigrante, al moro!

�Qu� decir ante tal esc�ndalo? �Qu� hacer? Respecto a la imagen de
Espa�a,
este d�a ser� uno de los m�s sombr�os desde el fin del franquismo;
respecto
a los partidos pol�ticos, deben saber que si quieren jugar con el
racismo,
lo pagar�n muy caro y provocar�n que vuelvan con fuerza los viejos
demonios
que tanto mal han hecho a este pa�s; respecto al Gobierno, la lecci�n es
todav�a m�s importante: debe comprender que el reconocimiento de los
derechos de los inmigrantes es una condici�n indispensable para el
fortalecimiento del Estado de Derecho y para la participaci�n en los
valores b�sicos de la civilizaci�n moderna.

Frente a la raz�n de la fuerza hay que imponer la fuerza de la raz�n. Se
quiere excluir la Austria de Haider del concierto de las naciones
democr�ticas. En El Ejido, en Andaluc�a, aunque no toda la poblaci�n es
culpable, hay que reconocer que hasta el momento, son los haider locales
los que dictan la ley.


Juan Goytisolo es escritor. Sami Na�r es parlamentario europeo por el
Partido Socialista franc�s.



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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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