Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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El s�ndrome de Estocolmo
Plinio Apuleyo Mendoza
�Qui�n no recuerda a "Bananas", aquella divertida pel�cula de Woody Allen
inspirada en los revolucionarios de Cuba? Al final de la misma, el barbudo
comandante rebelde, due�o ya del poder, exclama, si mal no recuerdo:
"�carajo, se acab� el desorden en este pa�s! De ahora en adelante, todos
hablar�n sueco, que ese s� es un pa�s importante".
La alusi�n a Suecia en esta divertida s�tira sobre los revolucionarios
tropicales no es gratuita. Cuando �stos ven el poder al alcance de su mano,
prefieren ocultar su filiaci�n comunista y, para no asustar a nadie, se
identifican con un socialismo menos carn�voro. El ejemplo de Suecia les
viene como anillo al dedo. Lo cit� muchas veces en Nicaragua Daniel Ortega.
Su modelo sueco de econom�a mixta no fue sino una caricatura y un desastre.
Y ahora parece ser tambi�n el paradigma de los comandantes de la guerrilla
colombiana de las FARC y la raz�n de ser del pintoresco viaje que iniciaron
precisamente en Suecia, en compa��a de los negociadores designados por el
gobierno del presidente Andr�s Pastrana.
Se trata, al parecer, de ir en busca de un nuevo modelo econ�mico que
permita acabar con el desempleo y la pobreza de Colombia. Nada menos. El
estudio de dicho modelo es, en efecto, el primer tema impuesto por las FARC
en la agenda de las negociaciones. Y sobre esto, a primera vista, no hay
todav�a mayor claridad en los jefes guerrilleros. En cuestiones econ�micas,
est�n todav�a en sus primeras letras. Ra�l Reyes, cabeza de los negociadores
de la guerrilla, habla de los ni�os que mueren de hambre, de su rechazo al
capitalismo salvaje y aun de un socialismo con inversiones extranjeras,
seguramente pensando en las nuevas experiencias del propio Fidel Castro en
Cuba. Pero m�s all� de esas vagas alusiones, no hay sino inciertas
tinieblas.
Cuando Andr�s Pastrana era candidato a la presidencia y uno le preguntaba en
una entrevista qu� se propon�a hacer con los subversivos o insurgentes, �l
siempre contestaba: "ante todo hay que preguntarles qu� es lo que quieren".
A m� me parec�a absurdo qu� un candidato tuviese a�n dudas sobre los
prop�sitos de un movimiento armado de clara estirpe marxista, pero ahora
creo que Pastrana ten�a raz�n. A la hora de sentarlos a la mesa para saber
que han buscado concretamente con una guerra devastadora y sangrienta
emprendida por ellos hace 35 a�os, uno se da cuenta que los caballeros de
las FARC solo atinan a describir los males que pretenden curar (la pobreza,
el desempleo), pero no tienen el remedio. No saben cu�l puede ser. Tal vez
un socialismo a la sueca, dicen ahora, y por eso han dejado sus fusiles y
uniformes, y el h�medo calor de las selvas del Cagu�n, para sentarse como
modestos alumnos, en la atm�sfera glacial de Estocolmo, a escuchar
disertaciones de econom�a pol�tica. Desde luego, es mejor eso a que se
queden en Colombia planeando secuestros y masacres
Pero, sin querer ser aguafiestas, creo que est�n tomando el r�bano por las
hojas. Primero, porque el socialismo a la sueca arroj� la toalla en 1991. Su
principio sagrado: la producci�n debe ser capitalista pero la redistribuci�n
socialista, hizo al sector privado v�ctima de un despotismo fiscal como
nunca se ha visto. Creci� una burocracia aplastante. Hasta el propio
director de cine Ingmar Bergman sufri� una crisis nerviosa y tuvo que irse
al exilio al ver que casi todo lo producido por sus pel�culas se quedaba en
los bolsillos del Estado. A partir de 1991, se hizo necesario limitar los
compromisos del Estado social, privatizar las empresas el�ctricas y de
telecomunicaciones y reducir el empleo p�blico. No se ganaba nada poniendo a
los empresarios a producir para luego esquilmar sus ganancias en beneficio
de un ej�rcito de funcionarios.
�Qu� receta m�gica pueden darle a Colombia los suecos para acabar con el
desempleo? Los comandantes de las FARC parecen llegar all� como va uno a la
farmacia en busca de un jarabe para la tos. Ignoran que a los altos niveles
de vida y de empleo se llega, en primer t�rmino, con un clima de paz que
permita las inversiones extranjeras, la creaci�n de empresas y una
acumulaci�n de recursos a fin de extender y mejorar los niveles de educaci�n
y la asimilaci�n de las tecnolog�as m�s avanzadas. Cualquier modelo exitoso
de desarrollo requiere seguridad jur�dica, transparencia, control del gasto,
exportaciones crecientes y aceptaci�n de las nuevas realidades del comercio
mundial. Ese es el �nico camino para derrotar a la pobreza. El otro, el de
la revoluci�n armada, con todo lo que significa: secuestros, asaltos,
destrucci�n de poblaciones, de oleoductos y torres el�ctricas, robos, exilio
del capital humano, extorsi�n, aniquilamiento de la agricultura tradicional
y del medio ambiente en beneficio de los cultivos de coca y amapola,
perpet�a esa pobreza y la incrementa. La suspensi�n inmediata de ese tipo de
acciones ser�a la condici�n primera, esencial, para conseguir alg�n d�a lo
que Suecia logr�. La primera lecci�n que deber�an asimilar los guerrilleros
colombianos es la de que ellos, antes de ser soluci�n, son parte fundamental
del problema.
Pero es que en Colombia, como dice el dicho campesino, ensillamos antes de
traer las bestias. En medio de una guerra ruinosa, que corre por su cuenta y
por cuenta del ELN, las FARC quieren que el Estado resuelva primero el
problema del desempleo. Piden leyes y resultados efectivos antes de pasar a
otro punto de la agenda. Quieren a la vez destruir y construir, ser
cogobierno y ej�rcito insurgente en acci�n, pir�manos y bomberos. Sus
comandantes emprenden una alegre y costosa gira tur�stico pol�tica con
representantes del Gobierno, acreditando en el exterior una promisoria
imagen de conciliaci�n, mientras contin�an reclutando menores de edad o
secuestran a un periodista de 73 a�os. V�ctor G. Ricardo, el comisionado de
Paz, asegura que ning�n gobierno, en el camino de buscar una salida al
conflicto, ha llegado tan lejos. Y es cierto: pero, �lejos en una direcci�n
correcta o lejos en una peligrosa cuesta abajo hacia el abismo? Ah� est� la
terrible incertidumbre que plantea Colombia.
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cortesia de Anibal Monsalve Salazar