El c�ncer venezolano hace met�stasis
Carlos
Alberto Montaner
Los venezolanos vuelven otra vez a las urnas. Han votado tantas
veces en los �ltimos tiempos que casi hay que hablar de una man�a compulsiva.
�Por qu� esa incontrolable furia democr�tica? Hugo Ch�vez, todav�a idolatrado
por las masas, ha descubierto la v�a electoral para desmantelar la democracia y
la econom�a de mercado y la est� empleando a fondo. Sabe que su popularidad se
ir� erosionando en la medida en que el pa�s contin�e hundi�ndose, y quiere
aprovechar al m�ximo su cuarto de hora. El 28 de mayo piensa recapturar la
presidencia y acaparar la mayor parte de los cargos electivos, con lo cual
tendr� en sus manos todos los resortes del poder: la Constituci�n, el
Legislativo, el Ejecutivo, el Judicial, las Fuerzas Armadas. Ser� mucho m�s que
un Presidente. Ser� el amo omnipotente de un pa�s que ha confundido la autoridad
para gobernar que posee la mayor�a, con la verdadera esencia de un Estado regido
por leyes justas: un modelo de sociedad en el que los derechos individuales son
protegidos por los l�mites claros que se le imponen a la acci�n del Gobierno.
Ser�, sensu contrario, un dictador legitimado por la aritm�tica para hacer lo
que le d� la gana, y nada ni nadie podr� evitar los peores atropellos contra sus
opositores.
�Hay forma humana de impedir que esto suceda? S�, se llama
Francisco Arias C�rdenas y es el gobernador del estado de Zulia. En su juventud
fue seminarista, luego milit� por un tiempo en la democracia cristiana, y acab�
como oficial del Ej�rcito. Particip� junto a Ch�vez en el intento golpista de
1992 contra Carlos Andr�s P�rez, y despu�s, poco a poco, se fue alejando de su
compa�ero de armas. �Por qu� Arias es mejor que Ch�vez? �No son, acaso, dos
temperamentos autoritarios que jugaron la carta de la violencia y la
conspiraci�n antidemocr�tica? Tal vez, pero en Venezuela no son extra�as las
evoluciones pol�ticas m�s dram�ticas. R�mulo Betancourt, comunista en su
juventud, y en los cuarentas art�fice de un golpe de Estado, en 1958 se
convirti� en el padre de la democracia venezolana. Am�rico Mart�n, ex comandante
de la guerrilla comunista, se transform� en el m�s ardiente de los dem�cratas y
en un inteligente defensor de la libertad econ�mica. Teodoro Petkoff, de
parecida evoluci�n, pudo pasar del marxismo pistolero y mat�n a ocupar con
honradez y eficiencia un ministerio en el gobierno de Caldera. El Arias C�rdenas
del a�o 2000 recuerda muy poco al de 1992, o, por lo menos, no se asemeja en
nada a su ex camarada. Mientras Ch�vez desempe�a cada vez con mayor alborozo el
papel del alborotador tercermundista -una especie de Gadafi tropical,
exc�ntrico, crispado, teatral, antioccidental-, Arias comparece ante la opini�n
p�blica como una persona tranquila, llena de sentido com�n, realmente preocupada
por las grandes mayor�as y sin veleidades dictatoriales.
No hay nada nuevo en esas metamorfosis. Am�rica Latina es el
territorio de las m�s sorprendentes evoluciones pol�ticas. Hugo B�nzer,
boliviano de mano dura en el pasado, calificado como un militar de derechas, es
hoy -y desde hace bastantes a�os- un dem�crata que acepta las reglas del juego.
Por la otra punta del esquema pol�tico sucede lo mismo: el guatemalteco Alfonso
Portillo, notoriamente radical en su primera juventud, gobierna, sin embargo,
como un estadista sereno y moderado, fen�meno que tambi�n se observa en el Chile
de Ricardo Lagos, cuyo Partido Socialista en la d�cada de los setenta era tan
extremista como el Partido Comunista, pero hoy se comporta con la sobriedad de
los laboristas de Tony Blair.
En todo caso, la reelecci�n de Ch�vez no solo ser� una p�sima
noticia para los venezolanos. En toda Am�rica Latina, pero especialmente en la
regi�n andina, la bandera de la sensatez estar� a media asta, mientras las
guerrillas y los terroristas aplaudir�n a rabiar. Ya lo dijo el comandante
colombiano de las FARC Ra�l Reyes: "las FARC son igualitas a Ch�vez". Lo que
explica la creaci�n del Movimiento Bolivariano para la Nueva Colombia. �Qu� es
ese engendro? Con toda crudeza lo explic� Jorge Brice�o, el famoso (y no por su
ternura) Mono Jojoy, segundo al mando tras Tiro Fijo: ser� "el partido comunista
clandestino dirigido por la FARC y organizado para hacer la revoluci�n, ser� un
partido para hacer la guerra". Pero el asunto no se detendr� en las fronteras
colombianas. Otro de los comandantes guerrilleros, Ariel, con todo candor lo
revel� en una entrevista concedida al caraque�o El Universal: habr� una
Internacional Bolivariana que abarcar� a Venezuela, Colombia, Ecuador y Per�. Y
como todo esto sucede en el mismo momento en que la NBC revela el intercambio
entre la mafia rusa y la guerrilla colombiana de cuarenta mil kilos de coca�na
por un formidable arsenal de armas avanzad�simas, capaces de destruir la
precaria aviaci�n del ej�rcito colombiano, no hay que ser un genio del an�lisis
estrat�gico para vaticinar la generalizaci�n del conflicto en toda la regi�n.
Por eso el temor internacional al muy probable triunfo de
Ch�vez. Es una mala noticia para Venezuela, que ver� agudizarse la crisis
econ�mica y sentir� como se polariza la sociedad hasta colocarse al borde de la
violencia y de la guerra civil, producto de un presidente agresivo e ignorante,
anclado en una absurda visi�n del mundo forjada por el fascista antisemita
Norberto Ceresole, su mentor y gur� de origen argentino; un presidente que no
conoce la tolerancia ni el respeto por quienes no se le someten, y le da igual
que sea la Iglesia, los sindicatos o la prensa independiente, porque el
mesianismo que padece le impide contemplar otra imagen que la de su propia e
infinita grandeza. Pero tambi�n es una p�sima noticia para todo el continente,
porque lo m�s grave de Ch�vez no es que sea un c�ncer pol�tico venezolano, sino
que ya ha comenzado la met�stasis.
En la Uni�n Europea, cuando los austriacos eligieron a Haider
-una especie de recatada monja clarisa comparado con Ch�vez- hubo una repulsa
general a esa selecci�n: �no es hora de hacer lo mismo con este nefasto
personaje latinoamericano? El hecho de que la sociedad venezolana, cegada por la
frustraci�n y la ignorancia, haya decidido suicidarse, no obliga a sus vecinos a
llorar silenciosamente en el velatorio, sino a tomar medidas para evitar que
cunda el ejemplo. Ese es el reto latinoamericano de los pr�ximos a�os.
(FIRMAS
PRESS)
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Destruir el nacionalismo latinoamericano
Heinz Dieterich Steffan (Columnista de El Universal de M�xico)
La cat�strofe neoliberal ha producido dos alterativas pol�ticas en Am�rica Latina: las coaliciones y partidos de centro-izquierda, y los movimientos del renaciente nacionalismo latinoamericano. El futuro para las mayor�as es ese nacionalismo bolivariano.
Esta opci�n es, por supuesto, contradictoria a los intereses de los grandes centros de dominaci�n internacional, porque las riquezas de Nuestra Am�rica no pueden servir a dos amos al mismo tiempo: o benefician al pueblo, o benefician a las �lites transnacionales. Por lo tanto, es l�gico que las �lites traten de destruir a los movimientos nacionalistas bolivarianos que amenazan su dominaci�n.
Los principales medios que usan las fuerzas del status quo, para destruir el �nico futuro posible de las mayor�as latinoamericanas, son a) la mentira del discurso, es decir, la manipulaci�n ideol�gica; b) la cooptaci�n de las lideranzas pol�ticas, sociales y culturales contestarias y, c) la represi�n f�sica.
El discurso de la mentira oficial -elaborado por las plumas y cabezas a su servicio- muestran las siguientes caracter�sticas. El punto de partida es la ocultaci�n sistem�tica del hecho, de que la africanizaci�n de Am�rica Latina es imposible de parar, bajo el r�gimen de la econom�a nacional de mercado. Dicho de otra forma: que el neocolonialismo neoliberal ha destruido todas las bases materiales necesarias para un desarrollo sustentable y sostenido en Am�rica Latina y que, actualmente, est� destruyendo su base cultural: la educaci�n p�blica gratuita.
A esta suerte de ocultaci�n sistem�tica, le sigue la mentira descarada: que, de las dos opciones pol�ticas hoy d�a existentes en el escenario latinoamericano, s�lo una es funcional: la "tercera v�a" a la criolla, es decir las coaliciones de centro-izquierda, como la Alianza en Argentina o la Concertaci�n en Chile.
En cambio, los gobiernos y movimientos nacionalistas-bolivarianos, como el de Hugo Ch�vez en Venezuela, el Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el movimiento ind�gena-popular del Ecuador que derrumb� al presidente Mahuad, as� como el de Bolivia, son difamados como neopopulistas que tienen que combatirse.
Ese gran movimiento nacionalista-bolivariano es la respuesta m�s avanzada de las vanguardias latinoamericanas, a la ignominia neocolonial, la destrucci�n socioecon�mica del futuro de la Patria Grande y el sistem�tico abandono de la identidad latinoamericana. Campesinos, ind�genas, estudiantes, trabajadores y j�venes militares patri�ticos, entre otros, constituyen esas vanguardias que nacen de la sociedad civil, mientras los partidos pol�ticos de izquierda y de centro-izquierda forman parte de la pol�tica de recambios del sistema, instrumentada desde Washington.
El periodo de formaci�n de la Naci�n Latinoamericana fue el nacionalismo burgu�s de los a�os 30-50, impulsado por vanguardias c�vico-militares como el Peronismo en Argentina, el Varguismo en Brasil y el Cardenismo en M�xico. De 1955 a 2000, presenciamos la destrucci�n neocolonial de esta naci�n. Hoy, bajo la bandera de Bol�var, comienza una nueva etapa de liberaci�n de la Patria Grande.
