Los obreros de derecha
Por Carlos Alberto Montaner
Madrid -- En Espa�a suele decirse que ``no hay nadie m�s idiota que un obrero de derecha. Es verdad. S�lo que hay que matizar cuidadosamente qu� es un obrero de derecha, porque hay un tipo de proletario que se cree de izquierda y, en realidad, se comporta como el m�s conservador de los oligarcas. Esto exactamente es lo que est� ocurriendo en Costa Rica y Ecuador, donde los sindicatos, convencidos de que desempe�an el papel de radicales de izquierda, convocan a la huelga y auspician des�rdenes para protestar contra medidas b�sicamente encaminadas a mejorar las condiciones de vida de los m�s pobres.
�Por qu� protestan violentamente en la pac�fica y civilizada Costa Rica? En esencia, porque el gobierno quiere terminar con el monopolio estatal en las comunicaciones y en la generaci�n de energ�a, dividiendo la compa��a que se ocupa de ambas actividades, y permiti�ndole asociarse a otras empresas privadas que aporten capital y tecnolog�a para hacerle frente al siglo XXI que se nos echa encima a no se sabe cu�ntos megaherzios por nanosegundos. Ni siquiera se trata de una privatizaci�n --que seguramente era lo m�s conveniente--, sino de una t�mida flexibilizaci�n: casi la menor cantidad de reforma que requiere una sociedad moderna para contar con alguna eficiencia que le permita sobrevivir en el mundo de la competencia y la globalizaci�n.
En Ecuador, los sindicatos de obreros y campesinos se quejan
amargamente de la dolarizaci�n. No quieren que se les pague su salario en una
moneda fuerte capaz de conservar poder adquisitivo, y est�n dispuestos a
amargarle la vida al gobierno d�bil pero bien intencionado de Gustavo Noboa.
Sencillamente, no desean contribuir a las cajas de jubilaci�n en una divisa que
resista la inflaci�n acumulada por el tiempo. Prefieren llegar a la ancianidad y
recibir unas patri�ticas mensualidades en sucres cruelmente devaluados y
pr�cticamente inservibles. Creen que son los ricos los que se beneficiar�n de la
dolarizaci�n, cuando los ricos, que tienen sus ahorros en d�lares y guardados en
bancos extranjeros, lo que secretamente prefieren es pagar los salarios
nacionales en sucres, pues cada descalabro les abarata los costes. La sirvienta
que hace unos a�os costaba ochenta o cien d�lares al mes, hoy apenas vale veinte
o treinta. �Por qu� se oponen los sindicatos a la dolarizaci�n? Porque la
sujeci�n a esta divisa exige sobriedad en el gasto p�blico. Se acabaron los
alegres d�ficit. El gobierno no podr� gastar mucho m�s de lo que recauda. Con
los sucres se pod�an fabricar ``contabilidades
creativas''. Con los d�lares
nadie juega. Parece que estos sindicalistas nunca descubrieron la relaci�n entre
el d�ficit p�blico, la inflaci�n y la disminuci�n del poder de compra de los
exiguos salarios de los trabajadores. Lo que estos confundidos ap�stoles del
gasto p�blico no saben o no entienden es que cuando �ste se realiza mediante
endeudamiento o mediante la emisi�n fr�vola de moneda, la consiguiente inflaci�n
golpea con m�s sa�a a los pobres.
El caso de los costarricenses es uno de los m�s interesantes (y tristes) de cuantos registra la econom�a comparada en el planeta. Si se contrastan los niveles de desarrollo social de Costa Rica, inmediatamente se comprueba que posee un perfil de primer mundo. Eso es lo que revelan los �ndices de morbilidad, mortalidad infantil, longevidad o educaci�n. Si se analizan sus instituciones o el comportamiento c�vico de sus ciudadanos, de nuevo comparece una democracia madura, no muy diferente a las m�s respetables del mundo desarrollado. Sin embargo, su capacidad anual de crear riquezas --tomados en cuenta precios y poder de compra--, pese a ser la m�s alta de Centroam�rica --cinco mil quinientos d�lares per c�pita de acuerdo con el anuario publicado por The Wall Street Journal en 1999-- es s�lo la tercera parte del m�s pobre de los veinte primeros pa�ses del mundo: Israel (diecis�is mil setecientos cincuenta).
�Qu� sucede? �Por qu� una sociedad estable, sana, educada y pac�fica no forma parte del primer mundo? Uno puede explicarse la pobreza de Nicaragua por la historia de violencia y dictadura que ha afligido a ese pa�s durante tantas d�cadas, pero el siglo XX costarricense ha transcurrido con apenas dos contratiempos menores: la breve ``dictablanda'' de 1917-1919 y los tiroteos revolucionarios de 1948. �Por qu� Costa Rica no puede alcanzar a Nueva Zelanda, o al mencionado Israel? No es, por supuesto, por su tama�o o la econom�a de escala. Los pa�ses m�s pr�speros del mundo son peque�os: Suiza, Dinamarca, Singapur. Los europeos m�s ricos son los andorranos y los luxenburgueses. Small is beautiful hasta para eso. Los tiros van por otra parte. Seguramente son varias las razones, pero no debe haber duda de que una de las principales es la existencia de un estado hipertofiado, torpe, administrado por una burocracia lega�osa, propensa a beneficiar a los paniaguados del poder; un estado inevitablemente convertido en un obst�culo para el progreso y en un derrochador de los escasos recursos disponibles. O sea: un estado mercantilista.
Pero lo curioso es que estos conflictos que hoy vive Am�rica Latina son un remake de los que tuvieron lugar poco antes y durante la etapa de la independencia, en las primeras d�cadas del siglo XIX, como se comprueba en la lectura del excelente libro La cuesti�n colonial y la econom�a cl�sica, escrito hace m�s de diez a�os por el profesor Carlos Rodr�guez Braun. Fue entonces cuando los fundadores de las patrias, con toda justicia, denunciaron el mercantilismo propiciado por Espa�a --parcialmente abandonado en los �ltimos tiempos de Carlos III y de su hijo Carlos IV--, y con la evidencia en la mano acusaron a los monopolios p�blicos o privados --concedidos a los favoritos-- como grandes dilapidadores, responsables directos del relativo atraso de la regi�n y de la pobreza de las grandes masas. �Qui�nes en aquella �poca defend�an el sistema mercantilista-colonial? Obviamente, quienes se beneficiaban de �l: la oligarqu�a m�s reaccionaria y conservadora. Es decir, los abuelos ideol�gicos de quienes hoy en Costa Rica, en Ecuador y en casi todo el �mbito hispanoamericano contin�an oponi�ndose a la modernidad y al sentido com�n. O sea, los obreros de derecha. Pero con un agravante: los mercantilistas del XIX se beneficiaban del injusto sistema. Los obreros de derecha, los mercantilistas de hoy, se perjudican. Ahora se entiende mejor la frase espa�ola.
Abril 9, 2000
Firmas Press
