�Es la cultura, est�pido!Por Carlos Alberto Montaner �Qu� aporta el nuevo t�tulo? A mi juicio, prueba que Max Weber,
el gran soci�logo alem�n, ten�a raz�n: la cultura pesa, determina, inclina, y
acaba por decidir qu� naciones prosperan y cu�les est�n condenadas a la pobreza
mientras sus pueblos no cambien de h�bitos, creencias y valores. No es verdad,
como sostuvieron durante casi todo el siglo XX nuestras pla�ideras izquierdas, y
no pocos representantes de la derecha m�s torpe, que el tercer mundo no hab�a
conseguido desarrollarse como consecuencia de la explotaci�n y el designio de
las naciones l�deres del planeta. La ``teor�a de la dependencia'', las hip�tesis
econ�micas de la ``teolog�a de la liberaci�n'' y las tajantes afirmaciones de
los marxistas, muchas veces sustentadas por la violencia m�s cruel, estaban
minuciosamente descaminadas. Tampoco es cierto --aunque Jeffrey Sachs lo pone en
duda en este libro-- que la geograf�a y los recursos naturales tienen un peso
decisivo en la suerte que les toca a las naciones. �Cu�ntas veces hay que
recordar que Suiza es un diminuto pa�s monta�oso, parcialmente helado, sin
salida al mar, dividido en tres etnias que no se aman demasiado en el resto de
Europa, lo que no le ha impedido convertirse en la naci�n m�s rica del mundo?
�No es verdad --como se�ala Harrison-- que Canad� y Rusia, Hait� y Barbados o
Nicaragua y Costa Rica ocupan lugares parecidos del bloque terr�queo pero el
desempe�o econ�mico y la estabilidad social que exhiben son totalmente
diferentes?
Obviamente, no todas nuestras deficiencias nos remiten a la
cultura. �Qu� duda cabe de la importancia de contar con las instituciones
jur�dicas id�neas --leyes razonables, un poder judicial independiente y justo--,
o con un modelo econ�mico eficiente y un gran capital humano, bien educado y
emprendedor, pero todas esas variables s�lo se fomentan y perpet�an dentro del
marco cultural adecuado. Los escarabajos no pueden desovar girasoles. No se
puede aspirar a vivir en una democracia si no prevalecen la tolerancia, el
respeto por los derechos del pr�jimo y la voluntad de acatar la ley. El sistema
democr�tico no se les impone a las gentes. Es al rev�s. Exactamente igual sucede
en el terreno econ�mico o intelectual. Para que haya una sociedad creativa e
innovadora no basta con tener universidades, libros, pupitres y profesores m�s o
menos sabios. Hace casi 500 a�os que los latinoamericanos contamos con
universidades, libros, pupitres y cultos catedr�ticos, pero no hemos sido
capaces de parir una sola idea lo suficientemente original y trascendente como
para arrastrar al resto de la civilizaci�n tras nuestra huella. �Por qu�?
Sencillo: si no se estimula la curiosidad, y si no se premian la audacia y la
imaginaci�n, los instrumentos convencionales de la pedagog�a no servir�n de
mucho. Los profesores podr�n transmitir la informaci�n, pero dif�cilmente
conseguir�n perfeccionar el panorama.
Este libro deber�a constituirse en el punto de partida del
debate con que los latinoamericanos tendr�amos que iniciar el siglo XXI: �por
qu� constituimos el segmento m�s pobre y atrasado de la civilizaci�n occidental?
Hace unos ocho a�os, cuando Clinton buscaba la clave para su campa�a pol�tica
frente a Bush, un poco a la manera de Arqu�mides y su c�lebre eureka! (``�lo
hall�!''), se dio un golpe en la frente y exclam�: ``�Es la econom�a,
est�pido!'' Tal vez �ste es el momento de repetir la f�rmula: ``�Es la cultura,
est�pido!'' S�lo que ahora hay que lanzarse a examinar esta premisa. Firmas Press |
