Fujimori,
Montesinos y el risue�o Abimael
Todo es bastante confuso:
�por qu� el presidente Alberto Fujimori ha convocado a elecciones anticipadas,
comprometi�ndose a no concurrir como candidato? Aparentemente, por la aparici�n
de un v�deo en el que su asesor Vladimiro Montesinos soborna a un diputado de la
oposici�n para que respalde al gobierno. Las im�genes eran inequ�vocamente
indecentes. Ocho de los diputados electos hab�an cambiado de bando en el plazo
de pocas semanas hasta conseguirle a Fujimori la mayor�a absoluta. La pel�cula
del soborno demostraba la deshonestidad y el grado de corrupci�n que imperaba en
el gobierno. Despu�s de ese esc�ndalo, �qui�n pod�a dudar de las denuncias de
fraude electoral? Sencillamente, la poca legitimidad del gobierno se desplomaba.
Los peruanos -adem�s-, con toda raz�n, ped�an la cabeza de Vladimiro Montesinos,
un siniestro personaje que hab�a conseguido irritar a medio planeta por sus
extra�os v�nculos con traficantes que entregaban armas a la guerrilla colombiana
a cambio de coca�na.
Fujimori no pudo
complacerlos. Trat�, pero las fuerzas armadas se negaron a sacrificar a
Montesinos. Al fin y al cabo, el delito de Montesinos se hab�a llevado a cabo en
beneficio de Fujimori y con el benepl�cito de los cuerpos uniformados. �O es que
el presidente ignoraba que los tr�nsfugas que hab�an cambiado de chaqueta hab�an
sido adquiridos a tantos d�lares el kilo de infamia? Montesinos, en efecto, ha
comprado conciencias, ha ordenado o condonado torturas y asesinatos, ha
perseguido a periodistas y ha tratado de arruinar a inc�modos propietarios de
medios de comunicaci�n. Ha hecho y deshecho a su antojo, pas�ndose las leyes por
el forro de la constituci�n, pero todo ese trabajo sucio ten�a un objetivo
principal: apuntalar al presidente en su tambaleante poltrona. Montesinos, m�s
que un funcionario que hab�a cometido un delito -decenas de delitos-, era un
c�mplice capturado in fraganti.
Por eso Fujimori tir� la toalla. Fue un gesto a medio camino entre la arrogancia y la impotencia: "Ustedes no me obedecen y sacrifican a Montesinos y yo, en venganza, abandono la jefatura del estado y all� se las compongan sin m�". Mas el asunto no era tan sencillo. A los c�mplices no se les trata de esa forma, porque ma�ana puede aparecer otro v�deo comprometedor, pero en el que el implicado fuera el propio presidente. Las videotecas de los servicios de inteligencia en este tipo de inescrupulosas seudodemocracias polic�acas son infinitas. Es la manera que todos tienen de protegerse de todos. Como en el poema de Borges, "no los une el amor, sino el espanto". A las 48 horas, asustado, Fujimori comenz� a rectificar: los asuntos que Montesinos le hab�a resuelto a la patria lo hac�an acreedor de un trato especial. Segu�a en pie, en cambio, la oferta de unas nuevas elecciones.
Se celebrar�an en marzo y el
poder se entregar�a en julio.
�Por qu� un plazo tan largo?
Para ganar tiempo y borrar huellas. El prop�sito no es huir, sino organizar la
retirada. Y es aqu� donde la oposici�n tiene que saber hilar fino, pues lo m�s
importante no es castigar a los culpables por medios convencionales, sino
emprender la delicad�sima tarea de recuperar la democracia, sanear las
instituciones y reinstaurar el estado de derecho. Es posible, por ejemplo,
introducir en el c�digo penal la pena de destierro y colocar en su sitio un
puente de plata para que salgan del pa�s debidamente sancionados unos cuantos
bribones que no caben en las celdas peruanas, lo que los pondr�a a salvo de
persecuciones internacionales. Afortunadamente, parece que Alejandro Toledo, la
cabeza de m�s relevancia internacional con que cuenta la oposici�n, tiene ese
instinto pragm�tico. Ha vivido lo suficiente para entender que en la vida casi
nunca se elige entre lo bueno y lo malo -eso ser�a rid�culamente sencillo-, sino
entre lo malo y lo peor. Y lo peor es meterse en la cueva del tigre con las
manos atadas.
Hay un peruano que se est�
riendo a mand�bula batiente. Se llama Abimael Guzm�n, el sanguinario fundador de
Sendero Luminoso. Este enloquecido mao�sta cre� una organizaci�n terrorista para
acabar con la democracia burguesa, destruir sus instituciones y sembrar entre
sus compatriotas la incertidumbre y el desasosiego. Pensaba que con sus bombas y
asesinatos lograr�a desarticular los fundamentos de la sociedad peruana. No lo
consigui�. La polic�a lo impidi�. Pero casi enseguida sus enemigos comenzaron a
llevar a cabo la tarea de demolici�n que �l se hab�a propuesto. En abril de 1992
Fujimori asalt� el Congreso de la rep�blica. Luego prostituy� al poder judicial
y al legislativo. La democracia se convirti� en una palabra vac�a, en una
m�scara. Las libertades fueron extingui�ndose. Los cr�menes cometidos al amparo
del poder quedaban siempre impunes. Desacreditar a los adversarios y privarlos
de su honra, cuando no de sus bienes, se convirti� en una pr�ctica frecuente.
Las elecciones dejaron de ser un m�todo para seleccionar servidores p�blicos y
se convirtieron en un procedimiento para legitimar los fraudes. Sendero Luminoso
jam�s pudo hacerle tanto da�o a la convivencia de los peruanos. Jam�s logr�
comprometer el futuro de esa sociedad de la forma irresponsable con que lo ha
hecho el fujimilitarismo. Pero todo parece indicar que esa etapa se est�
acabando. Si los dem�cratas son capaces de forjar un pacto serio, y si tienen la
madurez y la flexibilidad que requiere un momento como �ste, el tr�nsito hacia
un Per� distinto puede no ser traum�tico. Es el momento del posibilismo. Eso no
est� re�ido con los principios. Por el contrario: el juicio �tico s�lo es v�lido
si se acomoda a la realidad.
Septiembre 23, 2000
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