Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Hasta que tuve un ratico para encontrar el art�culo que Ligia cit� hace
unos pocos dias.  Ser�a genial tomar una publicaci�n as� como punto de
partida para un an�lisis in extenso sobre la naturaleza de la violencia en
Colombia.  Lo reenv�o para facilitar su acceso a los colisteros.

Una vez m�s, mis disculpas con los no interesados y gracias a la Dra.
Parra por la informaci�n. Mauricio

El poder de las ideas en Colombia 
                Bogot�
                 
                           Todos sabemos que el colombiano es
                           sensible a la idea, al idealismo y a las
                           ideolog�as.

                En otras palabras, el poder de la idea en Colombia ha
                sido, hist�ricamente, formidable. Sin embargo, dado que
                la idea es fundamentalmente metaf�sica, no es f�cil de
                tratar dentro del ambiente acad�mico.

                Las ideas son tan seductoras que sutilmente quitan la
                neutralidad del investigador y le imponen su propia
                perspectiva. Por eso ofrezco a los lectores de este ensayo
                unos conceptos tentativos sobre la materia.

                A lo largo de mi estudio de la historia colombiana nunca
                dej� de impresionarme el poder de la idea en este pa�s.
                Es un hecho que ha tra�do consecuencias bastante
                negativas para la naci�n y para su gente. 

                Entre los pa�ses del mundo Colombia es �nico, creo, en la
                regularidad y aparente facilidad con la cual la idea
                estimula la violencia civil. Aqu� ofrezco, entonces, una
                explicaci�n tentativa de esta idiosincrasia nacional.

                La literatura sobre Colombia est� repleta de observaciones
                sobre el poder de la idea y su importancia como fuerza
                motriz en sus guerras civiles. El regenerador Rafael N��ez
                opin� as�:

                "En las grandes luchas pol�ticas, los hombres son autores
                irresponsables de los desbordes con que siempre se
                anuncia el alumbramiento de una nueva generaci�n de
                ideas.

                Durante esas luchas la raz�n individual apenas funciona,
                porque los hombres aparecen entonces organizados en
                masas colectivas que obedecen, a su pesar
                frecuentemente, a un vertiginoso impulso com�n ... La
                lucha de ruinosas pasiones y de intereses secundarios
                sucede al cabo de la fecunda agitaci�n de ideas."

                En los principios del siglo XX el peruano Francisco Garc�a
                Calder�n escribi�: "Se combate en Colombia por ideas. La
                amargura presenta all� un car�cter religioso. Los partidos
                tienen programas definidos, y en la querella de
                convicciones irreductibles se llega al bizantinismo y a la
                destrucci�n... En Colombia las convicciones exaltadas
                dignifican la querella".

                Y m�s tarde en el siglo el escritor espa�ol Salvador de
                Madariaga escribi�: "En Colombia los hombres han
                peleado por las ideas.

                All� la anarqu�a tiene un car�cter religioso. Sus luchas
                sanguinarias tienen una cierta ruda grandeza... las
                convicciones exaltadas son los motivos de enemistades
                pol�ticas. Los hombres abandonan fortuna y familia para
                apresurarse a la defensa de principios."

                Hoy d�a la fuerza de la idea en Colombia sigue siendo
                impresionante. Cuando dict� un curso en la Universidad
                Nacional en Bogot� hace dos meses, pas� por edificios
                cuyas paredes anuncian: "Pienso... Luego insisto!",
                "Forjamos la esperanza. Combatimos por la patria", y
                "Poner el mao�smo como mando y gu�a de la revoluci�n
                colombiana y mundial".

                Un breve recorrido del siglo XX en Colombia nos sugiere el
                impacto de las ideas en la historia nacional. Muchos
                colombianos notables han seguido v�as se�aladas por
                agendas idealistas partidistas, frecuentemente con un alto
                costo personal.

                Dos de ellos, j�venes pol�ticos en ese momento, Alfonso
                L�pez Pumarejo y Laureano G�mez Castro, proclamaban
                su ferviente lealtad a las doctrinas filos�ficas que sus
                partidos pol�ticos apuntalaban.

                Durante la segunda d�cada del siglo, Alfonso L�pez
                rechaz� el republicanismo bipartidista como una "pol�tica
                apol�tica". Luego dijo que su pasi�n pol�tica se deb�a al
                hecho de que sus maestros "me ense�aron la Cartilla
                Liberal".

                El joven Laureano G�mez despreciaba el republicanismo
                como "cosa h�brida", y como "una mezcla de ideas
                contradictorias". D�cadas m�s tarde, y a pesar de sus
                col�ricos ataques contra el partido de su ex amigo Alfonso
                L�pez Pumarejo, G�mez insist�a en que todos sus actos
                estaban guiados por los valores morales del catolicismo
                romano, que �l defend�a en forma integral.

                El caudillo liberal Jorge Eli�cer Gait�n encontr� apoyo
                popular para su causa populista en la idea de que
                Colombia estaba dirigida por una oligarqu�a que oprim�a al
                pueblo. Su pasi�n por la justicia social, su gran
prestigio
                personal y la fuerza de su mensaje lo llevaron a una
                muerte cruel a manos de un oscuro asesino.

                Una d�cada despu�s del 9 de abril, una generaci�n de
                j�venes idealistas se plegaron a la causa revolucionaria
                armada. Como en el caso de Gait�n, los ideales surgidos
                de una poderosa cr�tica social les animaron. Y como
                Gait�n, muchos de ellos se sacrificaron por su causa. 

                Notable entre ellos fue el joven sacerdote Camilo Torres
                Restrepo, capell�n de la Universidad Nacional de Bogot�.
                Su meta, la de "reemplazar el esp�ritu universitario
                burgu�s por un cristianismo revolucionario, social y
                colombiano", le gan� la adoraci�n de los estudiantes, y
                luego la aceptaci�n del Ej�rcito de Liberaci�n Nacional.

                Queda de manifiesto, entonces, que las ideas han ejercido
                una poderosa influencia sobre Colombia y el colombiano.

                Pero �por qu� los l�deres consumidos por sus grandes
                visiones se esfuerzan en imponerlas sobre los dem�s con
                una sa�a que, hist�ricamente, trae serias y hasta
                violentas consecuencias? Obviamente las famosas figuras
                que acabo de mencionar estaban dispuestas a seguir sus
                ideales hasta la muerte. 

                Y sus actuaciones han producido el efecto, a ritmo
                metron�mico, de la violencia civil. Esto ha tra�do como
                consecuencia el que Colombia se haya caracterizado como
                un pa�s constantemente arrasado por violencia civil.
                �C�mo es que en Colombia, los altos ideales producen
                violencia civil, mientras que en otros pa�ses no se ha
dado
                tal hecho? �Es que los colombianos son m�s sensibles a
                las ideas que la gente de otros pa�ses? Yo no lo creo.

                Muchas personas no nacidas en Colombia se consideran
                idealistas, y muchos de ellos han actuado sobre sus
                ideales. Es as� en el mundo entero. Pero en el mundo
                entero no hay otro pa�s como Colombia, donde el
                idealismo y la violencia son hermanos siameses. �Por
                qu�?

                La respuesta, creo yo, es demasiado sencilla. En Colombia
                promovemos nuestros ideales, frecuentemente en forma
                violenta, porque es f�cil hacerlo. Para Rafael Uribe Uribe
                fue f�cil viajar a Santander en 1899, y all� proclamar una
                rebeli�n que, al fin y al cabo, dur� mil d�as.

                Para Laureano G�mez fue f�cil dirigir a sus seguidores,
                despu�s de la masacre de Gachet� de 1939, de tomar, si
                fuera necesario, represalias contra sus enemigos -esto
                bajo lo que �l denomin� el "Derecho de defensa de las
                colectividades"-.

                Para Jorge Eli�cer Gait�n fue f�cil calentar el ambiente
de
                las fr�as tardes invernales bogotanas, con candentes
                denuncias de "la oligarqu�a nacional", que siempre
                terminaron con la ominosa exigencia: �A la carga! Y fue
                f�cil para Camilo Torres subir la cordillera santandereana
                para unirse con el Eln.

                Todos aquellos personajes actuaron basados en altas
                filosof�as, las cuales ellos estaban dispuestos a defender
                hasta la muerte, y, si fuere necesario, hasta la muerte de
                sus opositores.

                En mis charlas semestrales universitarias en los EE.UU.,
                me esfuerzo en hacer que mis estudiantes entiendan algo
                sobre Colombia. 

                Al tratar de explicar la violencia colombiana, acostumbro
                se�alar a alg�n miembro de la clase y les digo: "Hoy
                mismo t� y yo podr�amos llegar a Colombia, all� conseguir
                armas, subir a la cordillera, y pasar el resto de nuestras
                largas vidas como guerrilleros con una relativa facilidad.
                All� su terreno nos proteger� y su gobierno d�bil nunca
nos
                alcanzar�".

                Entre los personajes que acabo de mencionar, que
                defend�an sus ideales con palabras violentas, y a veces
                con actos violentos, al que menos puedo disculpar es a
                Laureano G�mez.

                Digo esto porque fue el mismo G�mez quien en un
                famoso discurso en el Teatro Municipal de Bogot�, en
                1928, advert�a a sus oyentes que Colombia, siendo pa�s
                tropical con una ecolog�a ambiental y social delicada,
                exig�a un manejo cuidadoso de parte de sus ciudadanos.
                Dijo G�mez: "Colombia es una especie de inmenso
                invernadero", y por eso "no nos podemos permitir el lujo
                de la ineptitud."

                El discurso de G�mez fue recibido por sus contempor�neos
                con grandes elogios. "Aplaudimos con gusto el orador...
                uno de los mejores elementos de nuestra democracia",
                escribi� Luis Eduardo Nieto Caballero.

                Eduardo Santos calific� a G�mez como "un hombre
                superior" y cuando G�mez y su familia viajaron a Europa
                dos meses despu�s, el periodista Enrique Santos lo
                despidi� en la espera de que regresara pronto al pa�s
                "donde su prestigio crece todos los d�as y en donde se le
                mira como una de las mejores esperanzas de la patria".

                Pero Laureano G�mez, gran idealista, persona que se
                fortalec�a de "la inexhausta cantera de la filosof�a
                perenne" (de la Iglesia cat�lica romana), la que defend�a
                con pasi�n, regres� a Colombia en 1932 preparado, como
                dijo �l, "a meterme al torbellino sin ilusi�n de ninguna
                especie". 

                Consciente Laureano G�mez, como ning�n otro, de lo
                fr�gil que era esta cultura de invernadero, �l fue la
                persona que con sus palabras hirientes, hizo invivible el
                pa�s a lo largo de las d�cadas de los a�os 30 y 40.

                Colombia es un pa�s estupendo, y sin rodeos confieso que
                yo lo quiero mucho. Pero Colombia sigue siendo un caso
                muy especial en cuanto a que exige un manejo cuidadoso
                de parte de sus dirigentes y de su gente. 

                Termino este ensayo parafraseando a Laureno G�mez:
                Colombia sigue siendo una especie de inmenso
                invernadero, y por eso no nos podemos permitir que
                nuestros altos ideales se manifiesten en una violencia
                f�cil.

                Uno de los lemas que m�s me gusta, y que creo es
                verdad, es que "En Colombia todo es posible". Por eso
                tengo fe que el laborioso pueblo colombiano s� va a hacer
                de Colombia el pa�s que �l merece. 

                *James D. Henderson, profesor de Estudios
                Internacionales, Coastal Carolina University, Conway,
                South Carolina, 
                Estados Unidos

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Mauricio Realpe, Bi�logo, M.Sc.
Candidato a Doctor en Ciencias Bioqu�micas
Instituto de Biotecnologia (IBT)
Universidad Nacional Autonoma de Mexico (UNAM)
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..." lo que Bol�var dej� sin hacer, sin hacer esta hasta hoy,
          porque Bol�var tiene que hacer en Am�rica todav�a"
                                        Jos� Mart�




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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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