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Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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La hispanidad: origen y destino

Por Carlos Alberto Montaner 

�Qu� es Espa�a? �Cu�ndo esa remota excrecencia de Eurasia cobr� una identidad 
propia y surgieron los espa�oles? Las primeras noticias fidedignas, las 
consignadas por el griego Herodoto en el siglo V a.C., hablan de la punta 
occcidental de Europa como una tierra boscosa, llena de conejos y de diversos 
pueblos m�s o menos misteriosos y con muy distintos niveles de complejidad 
social. Todav�a no hay, claro, espa�oles: son celtas, fenicios, vaceos, 
griegos, astures, c�ntabros, ligures, vascos y otra larga docena de etnias, 
casi todas envueltas en la bruma por la ausencia de documentos escritos, 
aunque se sabe con bastante certeza que algunas de ellas alcanzaron un 
notable grado de prosperidad, como atestiguan ciertas joyas conservadas y el 
muy notable busto de la bell�sima �Dama de Elche�, tallado en piedra.

Todo empez� por un pleito

La unificaci�n de ese territorio vasto y variopinto fue la azarosa 
consecuencia de un pleito entre romanos y cartagineses, entonces los dos 
grandes poderes del Mediterr�neo, ocurrido en el siglo III a. C. La historia 
puede resumirse atropelladamente en unas l�neas: tras la derrota militar por 
el control de Cerde�a a manos de los romanos, los cartagineses - situados en 
el norte de �frica, en lo que hoy son T�nez y parte de Libia- debieron 
aceptar el pago a Roma de unos fuertes tributos de guerra y vasallaje. Para 
generar esos recursos, como era propio de la �poca, necesitaban apoderarse de 
la riqueza minera de otros pueblos, y se sab�a que al sur de la pen�nsula 
ib�rica, donde ya exist�an colonias cartaginesas, hab�a grandes yacimientos 
de minerales. Lanzaron, pues, sus tropas aguerridas, y en poco tiempo 
ocuparon una buena parte de lo que hoy son Andaluc�a y el Levante espa�ol.

El senado romano se asust�. No estaba entre sus planes enviar las legiones a 
Iberia, pero la prudencia les indicaba que deb�a ponerle frontera a la 
expansi�n cartaginesa, as� que obligaron a sus debilitados enemigos a aceptar 
un l�mite a la conquista: el r�o Ebro y la ciudad de Sagunto. Pasar esa punto 
significaba un casus belli, una causa de guerra. Y eso exactamente fue lo que 
ocurri�: los cartagineses se apoderaron de Sagunto y los romanos, sin 
demasiada convicci�n pero con suficiente ferocidad, enviaron sus tropas para 
desalojarlos y someterlos a la obediencia.

La romanizaci�n

As� empez� la romanizaci�n de Iberia: una prolongada tarea de m�s de 600 
a�os. Con las legiones romanas llegaron una lengua - el lat�n- , un alfabeto, 
una forma de edificar y de construir ciudades, un derecho y una visi�n 
religiosa. En suma: una civilizaci�n y un Estado mucho m�s fuertes y 
coherentes que el reguero de pueblos celtib�ricos que los romanos iban 
absorbiendo con cada ciudadela que fundaban o conquistaban. Poco a poco, de 
sur a norte y de este a oeste la antigua Iberia fue quedando sepultada por la 
Hispania romana, una provincia dividida en regiones que vagamente y sin 
propon�rselo fueron prefigurando las zonas en las que luego, mucho tiempo 
despu�s, se balcanizar�a el mapa de Espa�a: Lusitania (galaico-portuguesa), 
B�tica (Andaluc�a-Castilla), Tarraco (Valencia-Catalu�a). Del viejo mundo 
ib�rico, protegido por zonas monta�osas de dif�cil acceso, s�lo sobrevivi� un 
pueblo tercamente apegado a sus tradiciones: los vascos, portadores de un 
idioma endiabladamente enrevesado cuyos or�genes se remontaban a la edad de 
piedra.

�Se puede hablar de espa�oles en la �poca de la dominaci�n romana? Todav�a 
no. La identidad de la clase dominante, y, progresivamente, de las etnias 
dominadas, era la de Roma. No hab�a tal cosa como una conciencia hisp�nica. 
Pero eso comenz� a cambiar en el siglo V d.C., tras el colapso del Imperio 
Romano, cuando entr� en Hispania un pueblo germ�nico, los visigodos, en 
persecuci�n de otros invasores germ�nicos, los suevos que se hab�an apoderado 
de una buena parte de lo que hoy son Galicia y Portugal. Los visigodos, 
radicalmente romanizados tras siglos de dif�cil convivencia fronteriza con 
Roma, constitu�an un aliado federado dentro del agonizante imperio.

El primer estado �espa�ol�

Quienes cruzaron los Pirineos ser�an aproximadamente unas doscientas mil 
personas - incluidos los guerreros, sus mujeres e hijos- frente a una 
poblaci�n de acaso cuatro o cinco millones de hispanorromanos, pero en poco 
tiempo y con el benepl�cito de las mayor�as lograron controlar toda la regi�n 
y cumplir el objetivo de expulsar a los suevos. Ah� comienza la monarqu�a 
visigoda y por primera vez se constituye en la Pen�nsula un estado 
independiente y unitario. En el terreno pol�tico ha nacido Espa�a. San 
Isidoro de Sevilla, en torno al a�o 600, ya no se sent�a romano. Era un 
orgulloso hispanovisigodo: un protoespa�ol. Toledo ser� la capital de ese 
reino, algo que tendr� importancia posteriormente cuando el lat�n evolucione 
y se convierta en castellano: la norma ling��stica m�s acreditada ser� la de 
Toledo.

�Qu� es esa entidad surgida en Europa? Es la suma del viejo sustrato ib�rico, 
casi imperceptible en el siglo V d.C., m�s la cultura y las instituciones 
romanas, a lo que ahora se a�ade y superpone una �lite militar de origen 
germ�nico. Cien a�os antes de estos acontecimientos Roma hab�a adoptado el 
cristianismo como religi�n del Imperio, declarando dementes - as� decret� el 
emperador Teodosio- a quienes no lo aceptaran. Los visigodos tambi�n eran 
cristianos, aunque de la corriente arriana. Cierto tiempo despu�s se 
acogieron a la ortodoxia cat�lica.

Mahoma contra Santiago

Menos de tres siglos dur� la monarqu�a hispanovisigoda. En el 711, en medio 
de una de las frecuentes guerras civiles desatadas por los belicosos 
germanos, unos siete mil �rabes y bereberes del norte de �frica, bajo el 
mando de Al-Tarik, convocados por una de las facciones en pugna, cruzaron el 
Estrecho, desde entonces y en su honor llamado Gibraltar, y en un periodo 
sumamente breve lograron controlar casi toda la Pen�nsula. S�lo en el norte, 
en Asturias, resguardado por las monta�as, pudo constituirse un reino godo, 
un miniestado que so�aba con recuperar el territorio arrebatado por los 
�rabes. Era la Reconquista. Pero no s�lo era una reconquista pol�tica o 
territorial. Los �rabes hab�an tra�do a la Pen�nsula el concepto de guerra 
religiosa, la jihad, y los espa�oles les respond�an del mismo modo: al grito 
de ��Al� es grande y Mahoma su �nico profeta!� respond�an con el de 
��Santiago y cierra Espa�a!�. Tambi�n era una reconquista espiritual. 
�Qui�nes son los primeros hispanogodos que reciben el nombre de espa�oles? 
Ir�nicamente, son los cristianos que huyen de la invasi�n �rabe y se refugian 
en la Marca Carolingia, es decir, en lo que hoy ser�a territorio catal�n, 
entonces bajo el dominio de los francos de Carlos Martel. O sea: que los 
hispaniolis que apresuradamente escapan de la media luna son los catalanes.

Siete siglos dur� la Reconquista, y en ese esfuerzo desigual, intermitente, 
con periodos de hostilidades y alianzas, en el que los �rabes se 
espa�olizaron y los espa�oles se arabizaron, fueron acentu�ndose los 
particularismos regionales. El lat�n pari� tres lenguas romances: el 
castellano, el catal�n y el gallegoportugu�s, a las que se pod�a agregar una 
docena larga de dialectos. Y surgieron diversos reinos cristianos 
generalmente vinculados a las derrotas de los �rabes: Asturias, Le�n, 
Galicia, Navarra, Arag�n, Valencia. Pero uno de los m�s �j�venes�, Castilla, 
enclavado en el centro norte de la Pen�nsula, ser�a el que alcanzar�a mayor 
peso y vigor. �Por qu�? Tal vez porque la tremenda epidemia o peste del siglo 
XIV diezm� terriblemente la zona catalano-aragonesa. Acaso porque hubo reyes 
castellanos muy afortunados en el terreno militar. Seguramente, porque el 
peso demogr�fico y econ�mico de Castilla, especialmente tras la absorci�n de 
Le�n y Asturias, era mayor que el de las dem�s regiones de Espa�a.

Aparece Am�rica

En 1492, cuando los reyes cat�licos Fernando e Isabel entran en Granada, 
�ltimo reducto isl�mico en Espa�a, Castilla ya es una potencia europea, y los 
diversos reinos y territorios de la Pen�nsula forman una especie de Estado 
federado en el que las tradiciones, las lenguas regionales y hasta el Derecho 
local tienen un notable grado de autonom�a: son los llamados fueros. Es 
verdad que con el matrimonio de Fernando e Isabel tambi�n se casaban Arag�n y 
Castilla - los reinos eran propiedad de los soberanos- , pero la suma de dos 
soberan�as no necesariamente constitu�a una entidad unitaria. Espa�a todav�a 
era una manta de retazos en donde predominaba Castilla.

En Santa Fe, la ciudad-campamento en la que Fernando e Isabel planean el 
asalto final de Granada, hay un marino iluminado, probablemente genov�s, que 
quiere convencer a los monarcas de que participen en una aventura mar�tima de 
dif�cil pron�stico: darle la vuelta a la tierra navegando hacia el Oeste, con 
el objeto de llegar por esa v�a a las islas asi�ticas de las especias. Se 
llama Crist�bal Col�n y tiene fama de ser un poco sabio, un poco loco y 
bastante latoso. Finalmente, se firma el acuerdo. Es un joint-venture en toda 
la regla y no demasiado costoso: unos veinticinco mil d�lares calculan hoy 
los historiadores. Meses m�s tarde, inesperadamente, aparecer� Am�rica en el 
camino. Col�n nunca se dio cuanta de ello o no quiso admitirlo. En realidad 
no le conven�a ese gigantesco contratiempo.

Poco despu�s del descubrimiento de Am�rica sucedi� otro fen�meno pol�tico 
entonces de mayor envergadura para Espa�a: un nieto de Fernando y de Isabel, 
Carlos, criado en Flandes, como consecuencia de ciertas maniobras pol�ticas, 
del soborno de unos cuantos nobles y de su condici�n por l�nea paterna de 
heredero de una de las ramas de los Habsburgos, antes de cumplir veinte a�os 
se convierte en la cabeza del Sacro Imperio Romano, una enorme porci�n de 
Europa que inclu�a Alemania, Austria, partes de Italia, Flandes, y, 
naturalmente, Espa�a y los flamantes territorios americanos. Am�rica era una 
colonia de Castilla, pero Castilla era una pieza del imperio de los 
Habsburgos. El emperador Carlos V de Alemania (I de Espa�a) ni siquiera 
hablaba espa�ol correctamente cuando lleg� a la Pen�nsula. Sus abuelos hab�an 
muerto y mandaba un habil�simo Regente, el cardenal Cisneros, pero tambi�n 
muri� antes de poder darle la bienvenida al nuevo soberano. No todos fueron 
v�tores: para afianzar su poder tuvo que enfrentar unas severas revueltas 
acaudilladas por una parte de la nobleza. Lo hizo con extraordinaria dureza.

Am�rica se independiza

Algo m�s de tres siglos dur� la presencia espa�ola en Am�rica. Los dos 
primeros bajo la soberan�a de los Habsburgos y el �ltimo bajo la rama 
francesa de los Borbones. En efecto: en 1700 muere Carlos II sin dejar 
descendencia, y tras una espantosa guerra internacional - la primera gran 
guerra mundial europea, librada al costo de m�s de un mill�n de muertos- un 
sobrino del rey franc�s se corona como monarca espa�ol y la Pen�nsula y la 
Colonia reciben una fuerte influencia modernizadora tra�da por la nueva 
dinast�a. En Espa�a y en Am�rica la intelligentsia lentamente se va 
afrancesando: es la Ilustraci�n. Los criollos resienten la marginalidad en la 
que viven. Casi todas las jerarqu�as pol�ticas y religiosas vienen de la 
pen�nsula. De los 170 virreyes designados por la Corona a lo largo de tres 
siglos para gobernar en los cuatro virreinatos, s�lo cuatro nacieron en 
Am�rica. De los 705 obispos, s�lo 105 fueron criollos, y todos blancos, 
naturalmente. Para Espa�a, Hispanoam�rica era una propiedad que le pertenec�a 
como le pertenece una casa a quien la construye. Los criollos y mestizos 
comenzaban a albergar sentimientos separatistas.

La chispa fue la revoluci�n francesa y su secuela napole�nica. En 1808, con 
Espa�a convertida en un virtual protectorado de las tropas francesas, el rey 
espa�ol Carlos IV fue obligado a abdicar a favor de Napole�n, en detrimento 
de su hijo Fernando, y el emperador franc�s a su vez le entreg� ese reino a 
su hermano Jos� Bonaparte. Este fue el punto de partida de la guerra de 
independencia espa�ola, librada de manera casi espont�nea por guerrilleros 
extremadamente eficaces, y de la rebeli�n americana. Del lado de ac� del 
Atl�ntico el primer grito de batalla fue ��Viva Fernando VII!�; el segundo, 
��Viva la independencia y mueran los gachupines!� Quince a�os m�s tarde casi 
todo el nuevo mundo se hab�a emancipado. Cuba y Puerto Rico todav�a tendr�an 
que esperar hasta 1898.

Los verdaderos �espa�oles�

Esta ruptura, naturalmente, s�lo ocurr�a en el terreno pol�tico: en el 
cultural no hab�a posibilidad de desandar el camino. En ese extenso periodo 
de tres siglos Espa�a hab�a creado en Am�rica una de las pocas culturas 
planetarias, dot�ndola de un idioma que devino internacional - el 6% de la 
poblaci�n mundial se comunica en espa�ol- , y en el que se publican 
anualmente m�s de sesenta mil t�tulos diferentes. M�s a�n: mientras en la 
Pen�nsula, como se comprueba en la Espa�a de las autonom�as, siguen vivas y 
crecientes las tendencias nacionalistas no-castellanas, especialmente en 
Galicia, Catalu�a y las Vascongadas, donde verdaderamente se fragua la 
identidad espa�ola es en Am�rica. Es en Chile o en Costa Rica donde los 
vascos, andaluces y catalanes se funden en una nueva criatura. Es en Cuba, en 
Venezuela, en Argentina o en Uruguay donde gallegos, austurianos y canarios, 
mezclados con negros e indios adquieren un perfil unificado. Es ac�, 
finalmente, donde gloriosamente cuaja la hispanidad.

Octubre 15, 2000

Firmas Press

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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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