Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Mis Reminiscencias del Río San Francisco
Primer párrafo (Transcribo de las viejas crónicas de nuestra aldea
bacatensis, hoy Bogotá):
"El primer arzobispo en llegar a la ciudad por aquellos días de abril de
1573 fue el fraile español Luis Zapata de Cárdenas, extremeño por más señas,
como de esa región ibérica fueron otros conquistadores venidos a la América,
Hernán Cortés y Francisco Pizarro entre los sobresalientes... El día de su
posesión, salió por la puerta principal de la Iglesia de San Francisco para
tomar la Calle Principal hacia la Casa de la Audiencia en la Playa Mayor,
sitio señalado para posesionarse del cargo... Los funcionarios de la Corona
y los superiores de las órdenes de Santo Domingo y San Agustín le ayudaron
a pasar el puente rústico, construído con troncos gruesos, que se había
instalado encima del río San Francisco desde 1558 y conocido como el de San
Miguel."
Segundo párrafo: Trescientos treinta años después de la llegada del
arzobispo (1903), los bogotanos todavía andaban muy preocupados con la
construcción de un puente permanente sobre el mismo río San Francisco, pero
unas cuadras más arriba, en lo que es ahora la calle 19 con la carrera
tercera. Este puente era muy importante para los capitalinos, ya que iba a
beneficiar a los habitantes de la Calera y de las estribaciones del cerro de
Monserrate, quienes derivaban su sustento de la venta de carbón de palo,
leña, rama de eucalipto, tierra para las matas, lama para los pesebres,
abonos orgánicos, legumbres, flores, etc. Todo esto lo cargaban en burros
(asnos), los que sobrellevaban a cabo una tarea difícil y pesada,
especialmente por el paso del río, en aquellos tiempos, bastante caudaloso.
Tercer párrafo: Recuerdo que trescientos sesenta años después (1933)
sorpresivamente nos cambiamos de casa y vinimos a habitar nuestra casona de
Las Aguas, la que en el segundo patio, al fondo, tenía escaleritas que
bajaban al río, una cuadra abajo del susodicho puente. En alguna época del
año llegaba una gran cantidad de pájaros "calentanos" tales como azulejos,
cardenales, toches, loritos, mirlas, etc. Yo me divertía contemplándolos,
mientras llegaba mi novio para dar nuestra vuelta habitual "vuelta larga
hasta el puente", y "vuelta larga de regreso a casa." Así por cuatro años,
hasta que un día resultamos casados. Un buen año después, el 11 de abril de
1938, nació mi Pedrito, a quien le estoy escribiendo hoy, con estas
reminiscencias.
Cuarto párrafo: Muchos años después quise revivir el pasado. La casona
todavía existía, pero ¿que se había hecho el puente? Llegó el ''progreso''
disfrazado de asfalto y lo borró... el puente se me convirtió en otro
objeto en mi cajita de cosas tristes o desaparecidas. Sinembargo, en días
lluviosos del mes de febrero del año pasado (2000), mientras estaban
remodelando este viejo Bogotá, salió a la vista el puente de mis recuerdos,
perfectamente conservado, libre de asfalto, simplecito, sin grandes
tecnologías. Todavía se leía la fecha de nacimiento; 1905. Mi emoción fue
tanta que estuve un buen tiempo contemplándolo sin decir palabra. Semanas
más tarde sentí la necesidad de verlo otra vez de cerca y cuando fui, qué
gran sorpresa tuve. El puente ya no estaba; mejor dicho, ya no se veía. Las
autoridades tuvieron que taparlo con una lona verde para protegerlo de los
''coleccionistas'' de antigüedades que se lo estaban robando pedazo por
pedazo. Sentí en ese momento ,a pesar de todo, que algún día saldría otra
vez a la luz del día, para admiración de arquitectos y de aficionados
amantes de las construcciones del pasado, pero que yo ya no estaría en
condiciones para esa celebración.
Quinto párrafo (Transcribo del peridico de hoy): "La Jiménez, que ya no
es una avenida, ha sido siempre uno de los centros históricos de Bogotá. Hoy
será entregado el eje ambiental, con inversión de 7 mil millones de pesos...
Esta vía hace tan solo tres años era ejemplo perfecto del deterioro
ambiental, nudo gordiano del tráfico vehicular y caldo de cultivo de
innumerables casos de inseguridad... Hoy es un paseo peatonal, entre la
Quinta de Bolívar y la carrera 10. Allí hay arborización, recuperación de
espacio público, reconstrucción de calzadas y como elemento principal corre
una lámina de agua del río San Francisco en un canal que tiene dos metros de
ancho y 70 centímetros de profundidad... Este río se 'enterró' al final de
los años 30 cuando el Distrito decidió pavimentar la zona... Las obras aún
no incluyen la incorporación del puente de 1905."
Sexto párrafo: Como la esperanza es lo último que se pierde, acá me
quedo, en mi vieja aldea bacatanensis, esperando a que devuelvan los
pedacitos robados para que antes del año 2005 reinauguren el puente sobre
el resucitado río, y esperando también a que todas aquellas aves canoras
''calentanas,'' vivas aún en mis recuerdos, otra vez vuelen en prolíficas
bandadas sobre la vieja casona donde viví mi adolescencia...
Carmenza, desde Bogotá (febrero, 2001)
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cortesia de Anibal Monsalve Salazar