La prensa internacional ha dado cuenta de los perdones y conmutaciones de
penas otorgados por el ex presidente de EE.UU., Bill Clinton, en los �ltimos
d�as de su mandato. Aunque la potestad presidencial de perdonar est� establecida
en la Constituci�n, lo que escandaliza en este caso es que los beneficios
judiciales -irreversibles y totales - cobijaron a un importante n�mero de
conocidos narcotraficantes y lavadores de d�lares. Aun no se sabe si, adem�s,
las concesiones presidenciales pueden considerarse contraprestaciones a favores
y donaciones recibidos durante la pasada campa�a electoral.
�Qu� hubiera pasado si a horas de terminar mi mandato, hubiera indultado a
cien narcotraficantes por haber contribuido a campa�as congresionales
colombianas? Seguramente me hubieran crucificado, torturado, incinerado. La gran
paradoja, en este caso, est� en que la amnist�a haya sido firmada por la misma
persona que hace cuatro a�os, en plenas elecciones presidenciales
norteamericanas y en medio de publicitados alardes morales de sus funcionarios,
me retir� la visa de ingreso a los EE.UU. sin tener en cuenta que ya hab�a sido
absuelto de los cargos que me formulaban por la financiaci�n irregular de mi
campa�a; la misma persona que tambi�n por razones pol�ticas certific� a M�xico y
descertific� a Colombia en su lucha contra el narcotr�fico; que acus� de
corrompidos a congresistas y funcionarios colombianos quitando visas y que
indujo a Colombia a una desestabilizaci�n de sus instituciones.
�Doble moral? No lo creo, es la moral del m�s fuerte que se impone al d�bil y
frente a la cual solo nos queda mostrar la actitud coherente de la indignaci�n.Y
aqu� no se trata del cheque de 3 000 d�lares que ingres� a la cuenta de la
campa�a de un congresista colombiano o de una condena de tres o cuatro a�os por
transporte de droga, sino de un lavador de m�s de 100 millones de d�lares
anuales y de la jefa de la red de narc�ticos del Estado de Illinois condenada a
85 a�os de prisi�n.
La muy desmoralizante conclusi�n que queda de este episodio es que mientras
en Colombia los narcotraficantes se condenan, en EE.UU. se condonan. C�mo
hubi�ramos deseado muchos colombianos que esta indignaci�n se hubiera reflejado
en la respuesta del presidente Pastrana cuando le preguntaron en su reciente
visita a Washington sobre el tema y se limit� a responder que se trataba de "un
asunto interno de los EE.UU." �Interno? Si precisamente nuestra tragedia es que,
por no asumir costos internos, muchos pa�ses consumidores han internacionalizado
la soluci�n del problema hasta convertir a Colombia en una especie de Vietnam en
la lucha contra la droga.
Que el tema de los perdones nos sirva entonces para volver a plantear la
necesidad de adoptar el principio de la corresponsabilidad internacional en la
lucha contra las drogas, como lo sostuvo mi Gobierno en todos los foros
regionales y mundiales. Que haya una certificaci�n pero multilateral de todos
los esfuerzos que se hagan o dejen de hacer en esta lucha para que no queden
impunes conductas como la que se vivi� esta semana cuando el ex presidente
Clinton borr� en veinticuatro horas lo que hab�a predicado durante ocho a�os.
* Columnista de El Tiempo de Bogot�, GDA