Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Para humedecer el apetito de nuestros hombres de ideas, empapándolos en
temas claves de la Agenda estadounidense de los colombianos, quisiera
ofrecer tres comentarios, mismos que van, sin duda, en contravía de los que
circulan campantes en nuestro país:
1. Colombia -y en particular el "Plan Colombia"- es parte integral de
la problemática interna de la nación norteamericana, más que de su política
externa. Desde luego, tal "dictum" está escrito en letra bastante menuda, es
decir, se oculta bajo la criptografía de los pujos y movimientos económicos
de la gran Nación. "Profits", podría ser su "mantra". Las decisiones que
tomará el Presidente Bush en relación con Colombia, reflejarán, ante todo,
la avidez de las juntas corporativas del "Business World" estadounidense y
muy en segundo lugar los cálculos del Pentágono, las cavilaciones del
Consejo Nacional de Seguridad, o la cerebración del Secretario de Estado.
Dicho en "román paladino": así como lo determinen los jenízaros civiles del
armamentismo norteamericano y demás corporaciones hambrientas de los
desembolsos que se hagan en nombre de Colombia, en esa misma medida el
establecimiento político y diplomático de la Administración Bush determinará
su política colombiana.!
Así las cosas, la Administración Pastrana, su Embajador en Washington, los
medios de comunicación, la sociedad civil y los mundos político y académico
colombianos harían bien en indagar no tanto sobre lo que están pensando
Colin Powell, Condoleeza Rice y Dick Cheney, sino lo que están tramando los
Presidentes de Sikosrky Aircraft, DynCorp y MRPI, o los "Chairman of the
Board" de McDonell Douglas, Dana Corp, las "Fortune 500" y hasta en Burger
King y K-mart, todos emporios que salivan por los entremeses que repartirá
Washington en su afán por "ayudar" a Colombia. Mejor dicho, el analista
colombiano que no sepa como funciona el poder corporativo en los E. U., bien
hiciera en mantenerse al margen del examen de la política bilateral, o en
aprenderlo pronto. Porque los intereses de la economía interna de los E. U.
van a definir en gran medida la suerte de Colombia.
2. A pesar de los innumerables "Contingency Plans" que existen en
cuanto estamento gubernamental se involucra en el estudio e implementación
de las políticas hacia nuestra nación, es patente que Estados Unidos -en lo
referente a su diplomacia- abre camino al andar. O sea, ejerce una hábil
mezcla de planeación elemental y astuta intuitividad. De esto se desprende
una simple conclusión: en los corredores del poder washingtoniano aún no se
ha cincelado en granito si la poderosa nación del norte va o no a caer como
un hipopótamo sobre la pobre tortuga colombiana, caso de que a ésta le dé
por enturbiar las aguas en que abreva el vecindario. De donde también se
deduce que será nuestra actividad o, en su defecto, nuestra flema, la que
defina en qué medida y cuándo entrarían los E. U. a raparnos la tambora,
para entonar por cuenta propia y en nuestro patio un jazz frenético. He ahí
por qué tanto comentario sobre la necesidad que tenemos los colombianos de
subir a Monserrate para que el Altísimo prevenga una hemorragia de "U. S.
marines" en Cartagena, es un acto ilusorio, el mas soporífero y maula que
pueda ser imaginado. De todas maneras, si los colombianos no resolvemos
nuestros problemas con nuestras propias manos, no podríamos quejarnos de que
los norteamericanos lleguen a resolverlos con los pies.
3. Se lamenta el que Estados Unidos tenga en cuenta sus propios
intereses y no los colombianos. Pero no se reporta que el elevar una nación
al primer plano lo que estima sustantivo para su permanente estabilidad ha
sido, desde tiempo inmemorial, una constante histórica. Colombia debe hacer
lo mismo, sólo así, basándose en un comercio político bilateral de intereses
nacionales, se podrían cimentar las relaciones de los dos países. Ni la
bondad, ni el altruismo -por inconstantes- constituyen base estable en
política internacional. El análisis de las conveniencias intrínsecas de
Estados Unidos, en vez de la contemplación de su filantropía o la atracción
de su bondad, deben guiar nuestros pasos en materia de política extranjera.
En resumen, Colombia debe poner su suerte toda de parte de la diligencia.
Hacer caso omiso del ruiseñor de los elogios y de la ayuda mendigada. Asir
la negligencia por el cuello y convertirla en algo elevado, o por lo menos
hacerla inocua. Deducir que su inacción puede traer secuelas calamitosas. Y,
sobre todo, pedir que sus intelectuales dialoguen entre sí y se iluminen
con generadores y luz propia, como antecedente para solicitar la atención de
la inteligencia mundial. Jairo Sandoval Franky. Permitida su
circulación.
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cortesia de Anibal Monsalve Salazar