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�Globalicemos la decencia!
Por Carlos Alberto Montaner
En medio de la crisis econ�mica, miles de
argentinos han salido a comprar un libro titulado Ojos vendados: Estados Unidos
y el negocio de la corrupci�n en Am�rica Latina.
El autor, un norteamericano de origen argentino,
Andr�s Oppenheimer, uno de los mejores periodistas de investigaci�n de Estados
Unidos, ha puesto el dedo en la llaga, en dos llagas: la de la end�mica
podredumbre latinoamericana, donde el soborno, el tr�fico de influencia y el
sobreprecio son casi la regla en las transacciones p�blicas, y en la de la
complicidad de las grandes multinacionales financieras e industriales del primer
mundo con estas pr�cticas nauseabundas.
Magn�fico. Eso se llama agarrar al toro por los
cuernos. Es verdad que abundan los pol�ticos y funcionarios latinoamericanos
dispuestos a aceptar una coima ("sobrecogedores" les dicen en Espa�a: usted les
da un sobre y lo cogen en el acto), pero dif�cilmente estas personas pudieran
venderse si no hubiera una legi�n de empresarios �vidos de comprarles la
conciencia, u otros tantos banqueros internacionales amables y discretos,
dispuestos a colocar los fondos productos del delito en cuentas cifradas
amparadas en subterfugios legales encaminados a oscurecer las pistas que
conducen al origen del dinero.
El argumento de las multinacionales para
justificar su participaci�n en la corrupci�n es de un enorme cinismo: es as�,
sobornando funcionarios, como �nicamente se puede hacer negocios en Am�rica
Latina. Y si una empresa renuncia a esta conducta delictiva, tiene que cerrar
las puertas. Lo que explica que enormes compa��as como IBM, Citibank o la
alemana Siemens, razonablemente manejadas dentro de sus pa�ses, fuera de ellos,
y especialmente en el tercer mundo, no vacilan en comportarse deshonestamente,
como se desprende de los esc�ndalos que han aflorado a las primeras p�ginas de
los peri�dicos y que ahora analiza Oppenheimer.
La gravedad de este c�rculo vicioso (nunca mejor
dicho) trasciende el da�o econ�mico que se les inflige a los pueblos. Al margen
de ese 10 a 15 por ciento que aumenta los costos de los bienes y servicios que
tiene que abonar el conjunto de la sociedad en beneficio de los pol�ticos y
funcionarios corruptos, dado que las comisiones ilegales siempre se agregan al
precio final del producto, hay que a�adir el desprestigio total del Poder
Judicial, y el rechazo general contra el modelo democr�tico que ello provoca en
la ciudadan�a. "Si la democracia (piensa el com�n de la gente) es esta
alcantarilla pestilente, qu� nos importa que un Coronel entre en la casa de
Gobierno a bordo de un tanque y arrase la podredumbre a sangre y
fuego".
�Por qu� aplauden los latinoamericanos cuando
surgen "hombres fuertes" que barren las instituciones, suspenden la constituci�n
y prometen "meter el pa�s en cintura"? Porque la impunidad con que se roba y se
asignan privilegios a los amiguetes es la se�al m�s evidente de que el sistema
est� montado sobre la mentira y la hipocres�a.
El libro de Oppenheimer va mucho m�s all� de ser
una fr�a investigaci�n period�stica concebida para desvelar secretos turbios y
descubrir inmundicias: es un planteamiento moral. Exactamente de la misma manera
que "el problema de la droga" tiene dos extremos interrelacionados (los que la
producen y los que la consumen), y hay que abordarlos conjuntamente, "el
problema de la corrupci�n" no va a ser resuelto ni aliviado mientras en Estados
Unidos no se dicten medidas muy severas contra las multinacionales c�mplices que
participan en la compra de los funcionarios y pol�ticos corruptos de Am�rica
Latina.
�Y Europa y Asia? Desgraciadamente, Europa y
Asia son a�n m�s tolerantes con estas pr�cticas que Estados Unidos.
Hasta hace relativamente poco tiempo (por
ejemplo) en Alemania era posible descontar de los impuestos de las grandes
empresas el dinero pagado como soborno en transacciones internacionales,
mientras franceses, espa�oles y japoneses (con sus naturales excepciones,
naturalmente), son famosos por las "comisiones" que prometen y pagan para
realizar sus negocios al margen del mercado.
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