Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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                                        - Se traspasa -



"Se traspasa". El viento arremolina los bordes de mi abrigo, me zarandea;
aprovechando el vaiv�n, yo arremolino mis pensamientos, incluso puede que
los zarandee, al menos un poco.

"Se traspasa".  Ya no recuerdo cuantas veces he repetido la frase de  un
cartel que parece  balancearse sobre  mi pensamiento, sobre unos zuecos
blancos, y una bata blanca que a�n ol�a a reci�n planchada, en lugar de
sobre el vac�o de la calle. Dos recuerdos tirando de un aroma a ropa limpia
mezclado con  aftershave.  Mi suspiro casi se solidifica en  un ambiente tan
g�lido  que hasta los car�mbanos, de no estarlo ya, se congelar�an.

Salgo de un lugar atestado de personas y sufrimientos que trato de olvidar
para tiritar de pies a cabeza,  como la protagonista de aquel cuento, "La
cerillera", mientras espero un autob�s que me ha de llevar hasta otro en el
que ya no cabe una brizna m�s de soledad. "Necesitas un barrendero de
pensamientos negativos", me digo. Una excavadora es lo que necesito, me
respondo, y casi sonr�o ante semejante idea. "Un cerebro plano ser�a mejor".
Pues entonces, la excavadora y una aplanadora. Esta vez no sonr�o; creo que
tengo raz�n.

No quiero seguir leyendo: " Se traspasa". �C�mo se puede leer de forma tan
repetitiva una frase  Para no recordar, para no sonre�r, tampoco,  con el
chiste sobre las torres gemelas que me han contado poco antes; es de muy
mal gusto.

Mientras me estremezco de fr�o hasta las suelas de los zapatos, y ni  llega
el autob�s  ni deja de lloviznar, recuerdo que, hace tiempo, dec�as querer
esculpirme en el aire, y ahora es mi boca quien lo hace al pronunciar tu
nombre, bajito, muy bajito. "Tienes una crisis, una crisis afectiva", me
digo. Y claustrofobia tambi�n. "Tambi�n, doctora, tambi�n". Respondo como si
al haber atravesado la puerta del  Hospital, el fr�o del amanecer me hubiera
producido un desdoblamiento de personalidad. "Mala combinaci�n esa, lo
sabes, �verdad?" S�, mala combinaci�n, mal diagn�stico, peor evoluci�n ; un
pronostico muy negativo. "�Alguna sugerencia?, doctora, �alg�n remedio?" Sin
pensarlo dos veces, desnudo mis manos de los guantes, tiro de talonario,  y
bajo la luz de la farola, que casi tiembla m�s que yo, con la letra m�s
clara posible, relleno una receta para mi uso personal:  duraci�n del
tratamiento : indefinido; n�mero de envases:  uno, dispensaci�n : con receta
m�dica. Y me quedo pensando qu� escribir en el cuerpo, �cu�l puede ser la
soluci�n, cu�l ? Piensa, piensa. Y pienso, y por fin escribo: un amor
kamikaze. Advertencias al farmac�utico: "de esos que te traspasan el alma".

Chirr�an los frenos del autob�s sobre la calzada h�meda. Entrego el importe
exacto, recojo mi billete y me dej� caer sobre el asiento y sobre mi propio
cansancio, agradeciendo el calor que parece abrazarme al entrar, es el
primer sitio que he encontrado libre: "reservado para personas con movilidad
reducida".  Le digo a mi pensamiento que se calle antes de que se le ocurra
alg�n chiste de mal gusto. Cierro los ojos. El sol es el mejor barrendero de
pensamientos que conozco. Ojal� deje de llover, ojal� cambie el tiempo,
ojal� puedan despegar aviones. Ojal�. �D�nde est�s, amor kamikaze, d�nde?

[� Indah. Octubre de  2001]










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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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