Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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Leyendo a Eco (largo y sustancioso)... (�Gracias, Jos�!)
Martes, 23 de octubre de 2001 Escenarios para una guerra global
Por Umberto Eco, escritor y semi�logo italiano.
La cuesti�n que estos d�as turba las conciencias de todos no es
si el terrorismo est� bien o mal, o si hay que erradicarlo
aunque sea de forma violenta: sobre esto hay un consenso
un�nime, al menos en Occidente y en muchos pa�ses �rabes, e
incluso un pacifista admite que en cualquier reacci�n de
leg�tima defensa es indispensable cierta dosis de violencia. Si
no fuera as�, no deber�an existir ni siquiera las fuerzas de
polic�a, y no habr�a que usar la violencia contra quien est�
disparando a la multitud. Los aut�nticos problemas son otros:
si la guerra es la forma adecuada de violencia y si el
enfrentamiento que nos espera debe convertirse en un
enfrentamiento de civilizaciones -o, si se prefiere, de culturas-,
o una guerra entre Oriente y Occidente. De ahora en adelante
usar�, por comodidad, la expresi�n 'guerra E/O', del mismo
modo que durante la Guerra Fr�a se consideraba, con mucha
flexibilidad geogr�fica, Este a Checoslovaquia y Oeste a
Finlandia, Este a China y Oeste a Jap�n. Y naturalmente, al
hablar de un enfrentamiento entre mundo cristiano y mundo
musulm�n, incluyo entre los cristianos a todos los occidentales,
incluidos los ateos y los agn�sticos, y en el mundo musulm�n
tambi�n a los fieles de poca fe que beben vino a escondidas sin
preocuparse lo m�s m�nimo por el Cor�n.
Por un lado, las operaciones de guerra pueden empujar en
Oriente a las masas fundamentalistas a tomar el poder en los
diferentes Estados musulmanes, incluso en algunos de los que
apoyan a Estados Unidos; por el otro, la intensificaci�n de
atentados insostenibles puede llevar a las masas occidentales a
considerar al islam en su conjunto como el enemigo. Tras lo
cual tendr�amos un enfrentamiento frontal, el Armaged�n
decisivo, el choque final entre las fuerzas del Bien y las del Mal
(y cada parte considerar�a mal a la parte contraria). No es un
escenario imposible. Por ello, como todos los escenarios, debe
dibujarse hasta sus �ltimas consecuencias.
Admito que para hacerlo hay que practicar el arte de la
ciencia-ficci�n. Pero tambi�n el desplome de las dos torres fue
anticipado por mucha ciencia-ficci�n cinematogr�fica, y, por lo
tanto, los escenarios de ciencia-ficci�n, aunque no
necesariamente dicen lo que va a ocurir, s� sirven para decir lo
que podr�a ocurrir.
Choque frontal, pues, igual que en el pasado. Pero en el pasado
hab�a una Europa con fronteras bien definidas, con el
Mediterr�neo entre cristianos e infieles y con los Pirineos, que
manten�an aislada la parte occidental del continente que a�n
era en parte �rabe. Tras lo cual, el enfrentamiento pod�a
asumir dos formas: o el ataque o la contenci�n.
El ataque lo constituyeron las Cruzadas, pero ya se sabe lo que
pas�. La �nica cruzada que llev� a una conquista efectiva (con
la instalaci�n de los reinos francos en Oriente Pr�ximo) fue la
primera. Despu�s, durante siglo y medio (con Jerusal�n de
nuevo en manos de los musulmanes), hubo otras siete, sin
contar expediciones fan�ticas e insensatas como la llamada
cruzada de los ni�os. En todas ellas, la respuesta a la llamada
de San Bernardo o de los pont�fices fue poco entusiasta y
confusa. La segunda cruzada estuvo mal organizada; la tercera
vio a Barbarroja morir en el camino; a los franceses e ingleses,
llegar a las costas enemigas y, despu�s de alguna conquista y
alguna negociaci�n, volverse a casa. En la cuarta, los cristianos
se olvidaron de Jerusal�n y se pararon a saquear
Constantinopla. La quinta y la sexta fueron pr�cticamente dos
viajes de ida y vuelta. En la s�ptima y la octava, el bueno de
San Luis luch� bien en las costas, pero no obtuvo nada
consistente y muri� all�. Fin de las cruzadas.
La �nica operaci�n militar de �xito fue, m�s tarde, la
Reconquista de Espa�a. Pero no fue una expedici�n de
ultramar, sino m�s bien una lucha de reunificaci�n nacional
(algo as� como el Piamonte con el resto de Italia), que no
resolvi� el enfrentamiento entre los dos mundos, sino que
simplemente desplaz� la l�nea fronteriza.
En lo que a la contenci�n se refiere, los turcos se detuvieron
ante Viena, se gan� la batalla de Lepanto, se erigieron torres
en las costas para avistar a los piratas sarracenos, y as�
durante algunos siglos. Los turcos no conquistaron Europa,
pero el enfrentamiento permanece.
Despu�s, en los �ltimos siglos, asistimos a un nuevo
enfrentamiento: Occidente espera a que Oriente se debilite y
lo coloniza. Como operaci�n, no hay duda de que estuvo
coronada por el �xito, y durante mucho tiempo, pero hoy
estamos viendo los resultados. El enfrentamiento no se ha
eliminado, s�lo se ha agudizado.
Se podr�a decir que, a fin de cuentas, Occidente ha salido
ganando. Europa no fue invadida por los hombres del turbante
y la cimitarra, y �stos se han visto obligados a aceptar, en su
casa, la tecnolog�a occidental en gran medida. Podr�a
considerarse un �xito si no fuera porque, gracias a la tecnolog�a
occidental, Bin Laden ha logrado derribar las dos torres.
Imagino que los productores occidentales de armas se frotar�n
las manos cada vez que consiguen vender alta tecnolog�a b�lica
a Oriente, y que para celebrarlo comprar�n un barco nuevo de
cien metros de largo. Si as� os va bien, entonces alegraos,
muchachos, hab�is ganado.
Pero hasta ahora he faltado a mi promesa y he hablado de
historia, no de ciencia-ficci�n. Pasemos a la ciencia-ficci�n, que
tiene la consoladora ventaja de no ser todav�a verdad en el
momento en que se imagina.
Volvemos, pues, a plantear el choque frontal; es decir, la
guerra E/O. �En qu� se diferenciar�a este choque de los
enfrentamientos del pasado? En tiempos de las cruzadas, el
potencial b�lico de los musulmanes no difer�a mucho del de los
cristianos: espadas y m�quinas de asedio estaban a disposici�n
de ambos. Hoy, Occidente tiene ventaja en cuanto a tecnolog�a
b�lica. Es cierto que, en manos de los fundamentalistas,
Pakist�n podr�a usar la bomba at�mica, pero como mucho
conseguir�a arrasar, por ejemplo, Par�s e inmediamente sus
reservas nucleares quedar�an destruidas. Si cayera un avi�n
estadounidense, construir�an otro; si cayera un avi�n sirio,
tendr�an dificultades para comprar otro a Occidente. El Este
arrasa Par�s y el Oeste lanza una bomba at�mica sobre La
Meca. El Este difunde el botulismo por correo y el Oeste le
envenena todo el desierto de Arabia, como se hace con los
pesticidas en los inmensos campos del Midwest, y mueren
hasta los camellos. Estupendo. Tampoco durar�a tanto, como
mucho un a�o; despu�s, todos continuar�an con las piedras,
pero ellos saldr�an perdiendo.
Con una salvedad: hay otra diferencia con respecto al pasado.
En tiempos de las cruzadas, los cristianos no necesitaban
hierro �rabe para hacer sus espadas, ni los musulmanes hierro
cristiano. Ahora, en cambio, incluso nuestra tecnolog�a m�s
avanzada vive del petr�leo, y el petr�leo lo tienen ellos, por lo
menos la mayor parte. Ellos solos, sobre todo si les
bombardean los pozos, no pueden extraerlo; pero nosotros nos
quedamos sin �l. A no ser que se lance en paraca�das a
millones de soldados occidentales para conquistar y vigilar los
pozos, pero entonces los volar�an ellos, y adem�s una guerra
por tierra, en esos pa�ses, no es tan f�cil.
Occidente, por lo tanto, deber�a reestructurar toda su
tecnolog�a para eliminar el petr�leo. Y dado que todav�a hoy no
ha conseguido hacer un autom�vil el�ctrico que vaya a m�s de
ochenta kil�metros por hora y no tarde una noche en cargarse,
no s� cu�nto tiempo llevar�a esta reconversi�n. Incluso sin
contar con la vulnerabilidad de las nuevas centrales, se
necesitar�a mucho tiempo para propulsar a los aviones y los
tanques, y hacer que nuestras centrales el�ctricas funcionaran
con energ�a at�mica. Adem�s habr�a que ver si las Siete
Hermanas est�n de acuerdo. No me asombrar�a que los
petroleros occidentales estuvieran dispuestos a aceptar un
mundo islamizado con tal de seguir obteniendo beneficios.
Pero la cosa no acaba aqu�. En los buenos tiempos pasados, los
sarracenos estaban de un lado, m�s all� del mar, y los
cristianos, de otro. Si durante las cruzadas dos �rabes (quiz�
disfrazados) hubieran intentado erigir una mezquita en Roma,
les habr�an degollado y no habr�an vuelto a intentarlo. Hoy, en
cambio, Europa est� llena de musulmanes que hablan nuestros
idiomas y estudian en nuestras escuelas. Si ya hoy algunos de
ellos se al�an con los fundamentalistas de su pa�s, imaginemos
qu� pasar�a si tuvi�semos una guerra E/O. Ser�a la primera
guerra con un enemigo acomodado en casa y asistido por la
seguridad social.
Pero, atenci�n, el mismo problema se plantear�a en el mundo
isl�mico, que tiene en su casa industrias occidentales e incluso
enclaves cristianos como Etiop�a. Como el enemigo es malo por
definici�n, damos por perdidos a todos los cristianos del otro
lado del mar. La guerra es guerra. Son desde el principio carne
de ca��n. Ya los canonizaremos a todos despu�s en la plaza de
San Pedro.
En cambio, �qu� hacemos en nuestro pa�s? Si el conflicto se
radicaliza m�s de lo debido, y caen otros dos rascacielos, o
incluso San Pedro, tendremos una caza al musulm�n. Una
especie de noche de San Bartolom� o de V�speras Sicilianas: se
coge a cualquiera que tenga bigote y una piel no
excesivamente blanca y se le deg�ella. Se trata de matar a
millones de personas, pero la multitud se ocupar� de ello sin
necesidad de molestar a las fuerzas armadas. Naturalmente,
habr�a que ver si se deg�ella tambi�n a un �rabe cristiano, o a
un siciliano que no tenga ojos azules de normando, pero somos
tan pol�ticamente correctos que en el carn� de identidad no
figura si se es cristiano o musulm�n, y adem�s hay que
desconfiar tambi�n de los europeos rubios que se han vuelto
infieles. Como ya se dijo en la guerra contra los albigenses, de
momento matadlos a todos, y luego Dios reconocer� a los
suyos. Por otra parte, no puede uno arriesgarse a hacer una
guerra planetaria y permitir que se quede en tu casa un solo
fundamentalista, que despu�s puede actuar como kamikaze en
una estaci�n.
Podr�a prevalecer la raz�n. No degollamos a nadie. Pero
incluso los norteamericanos, tan liberales, a principios de la II
Guerra Mundial recluyeron en campos de concentraci�n,
aunque fuera con mucha humanidad, a todos los japoneses que
ten�an en casa, aunque hubieran nacido all�. Por lo tanto (y
siempre sin hilar fino), se localiza a todos los posibles
musulmanes -y si, por ejemplo, son et�opes cristianos, qu� se
le va a hacer, Dios reconocer� a los suyos- y se les pone en
alg�n sitio. �D�nde? Con la cantidad de extracomunitarios que
andan por Europa, para hacer campos de prisioneros se
necesitar�a un espacio, organizaci�n, vigilancia, comida y
cuidados m�dicos insostenibles, sin contar con que esos
campos ser�an bombas que estallar�an con s�lo poner juntos a
varios miles, y que no se pueden hacer campos para grupos de
a cuatro.
O, si no, se les coge a todos (no es nada f�cil -pero �ay de
nosotros si queda uno solo!- y hay que hacerlo deprisa, de una
sola vez), se les carga en una flota de barcos mercantes y se les
descarga... �D�nde? Se dice: 'Perdone, se�or Gaddafi; perdone,
se�or Husein, �le importar�a hacerse cargo de estos tres
millones de turcos que intento expulsar de Alemania?'. La
�nica soluci�n ser�a la de los traficantes de inmigrantes: se les
arroja al mar. Millones de cad�veres flotando en el
Mediterr�neo. Me gustar�a ver qu� Gobierno se atreve a
hacerlo, ser�an mucho peor que desaparecidos, incluso Hitler
masacraba poco a poco y a escondidas.
Como alternativa, en vista de que somos buenos, les dejamos
que se queden tranquilos en casa, pero detr�s de cada uno
ponemos a un agente de polic�a para que lo vigile. �Y d�nde
encontramos tantos agentes? Se reclutan entre los
extracomunitarios. �Y si despu�s ocurre como en Estados
Unidos, donde las compa��as a�reas, para ahorrar, dejaban
que los inmigrantes del tercer mundo hicieran los controles en
los aeropuertos y luego pensaron que a lo mejor no eran de
fiar?
Naturalmente, todas estas reflexiones las podr�a hacer, al otro
lado de la barricada, un musulm�n sensato. El frente
fundamentalista, no ser�a desde luego del todo vencedor, una
serie de guerras civiles ensangrentar�a sus pa�ses
desembocando en horribles masacres, tambi�n recaer�an
sobre ellos contragolpes econ�micos, tendr�an menos comida y
a�n menos medicinas de las pocas que tienen hoy, morir�an
como moscas. Pero si partimos del punto de vista de un
choque frontal, no debemos preocuparnos por sus problemas,
sino por los nuestros.
Volviendo, pues, al Oeste, se crear�an dentro de nuestras filas
grupos filoisl�micos, no por fe, sino por oposici�n a la guerra,
nuevas sectas que se negar�an a optar por Occidente,
seguidores de Gandhi que se cruzar�an de brazos y se negar�an
a colaborar con sus Gobiernos, fan�ticos como los de Waco que
empezar�an (sin ser fundamentalistas musulmanes) a
desencadenar el terror para purificar al Occidente corrupto.
Pero no es imprescindible pensar s�lo en estas franjas. Estoy
pensando en la mayor�a.
�Aceptar�an todos la disminuci�n de energ�a el�ctrica, sin
poder recurrir siquiera a las l�mparas de petr�leo? �El
oscurecimiento fatal de los medios de comunicaci�n y no m�s
de una hora de televisi�n al d�a? �Los viajes en bicicleta en
lugar de en autom�vil? �Cines y discotecas cerrados, hacer
cola en el McDonald's para tener la raci�n diaria de una
rebanada de pan de salvado con una hoja de lechuga? En
resumen, �el cese de una econom�a de prosperidad y
derroche? Imaginemos lo que le importa a un afgano o a un
pr�fugo palestino vivir en una econom�a de guerra, para ellos
no cambiar�a nada. Pero �a nosotros? �A qu� crisis de
depresi�n y desmotivaci�n colectiva nos enfrentar�amos?
�Estar�amos dispuestos a aceptar el llamamiento de un nuevo
Churchill que nos prometiera sangre y l�grimas? �Pero si los
italianos, tras veinte a�os de propaganda fascista sobre
nuestra misi�n civilizadora, llegados a cierto punto est�bamos
encantados de perder la guerra con tal de que cesaran los
bombardeos! Es cierto que esper�bamos a cambio a los
norteamericanos buenos con sus raciones, mientras que ahora
se esperar�a a los sarracenos malos que matar�an a los curas y
los frailes y pondr�an el velo a nuestras mujeres, pero
�estar�amos tan motivados como para no aceptar cualquier
sacrificio?
�No se crear�an por las calles de Europa cortejos de orantes
esperando desesperados y pasivos el Apocalipsis? Hemos
admirado la resistencia y la energ�a patri�tica de los
norteamericanos tras la tragedia del 11 de septiembre, pero, a
pesar de toda la indignaci�n y la solidaridad que sienten,
siguen teniendo su filete, su autom�vil, y el que se atreva, sus
l�neas a�reas. �Y si la crisis del petr�leo provocase un apag�n,
la falta de Coca-Cola y de Big Mac, la visi�n de supermercados
desiertos con s�lo una lata de tomate all� y una bandeja de
carne caducada aqu�, como hemos visto en algunos pa�ses del
este europeo en los momentos de m�xima crisis? �Hasta qu�
punto se seguir�an identificando con Occidente los negros de
Harlem, los desheredados del Bronx, los chicanos de California,
los caldeos de Ohio (s�, los hay, los he visto, con sus vestidos y
sus ritos)?
Occidente (y Estados Unidos m�s que nadie) ha fundado su
fuerza y su prosperidad acogiendo en su casa a gente de
cualquier raza y color. En caso de enfrentamiento frontal,
�cu�nto aguantar�a esta fusi�n?
Y, por fin, �qu� har�an los pa�ses de Latinoam�rica, donde
muchos, sin ser musulmanes, han elaborado sentimientos de
rencor hacia los gringos, hasta el punto de que all�, incluso
despu�s de la ca�da de las torres, hay quien susurra que los
gringos se lo han buscado?
En resumen, la guerra E/O podr�a muy bien mostrar a un
islam menos monol�tico de lo que se piensa, pero desde luego
ver�a a una cristiandad fragmentada y neur�tica, donde
poqu�simos se presentar�an candidatos a ser los nuevos
templarios; es decir, los kamikazes de Occidente.
Estos escenarios de ciencia-ficci�n no me los estoy inventando
yo; hace ya unos treinta a�os, aunque sin prever una guerra
total, sino s�lo un apag�n accidental, Roberto Vacca ide�
escenarios apocal�pticos como �stos en su obra Medioevo
prossimo futuro.
Repito: he dibujado un escenario de ciencia-ficci�n, y
naturalmente espero, como todos, que no se haga realidad.
Pero lo he hecho para decir lo que, razonando con l�gica,
podr�a ocurrir si estallara una guerra E/O. Todos los
incidentes que he previsto derivan de la existencia de la
globalizaci�n, y en este marco, los intereses y exigencias de las
fuerzas en conflicto estar�an estrechamente enlazados, como
ya lo est�n, en una madeja que no se puede devanar sin
destruir.
Lo que significa que, en la era de la globalizaci�n, una guerra
global es imposible; es decir, que llevar�a a la derrota de todos.
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The problem, I fear, is that without any sense of history,
we do not understand injustice.
Robert Fisk
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cortesia de Anibal Monsalve Salazar