Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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D�A TERCERO
As� hab�a comenzado su vida encarnada el Ni�o Jes�s. Consideremos el alma
gloriosa y el Santo Cuerpo que hab�a tomado, ador�ndolos profundamente.
Admirando en primer lugar el alma de ese Divino Ni�o, consideremos en ella
la plenitud de su ciencia beat�fica, por la cual, desde el primer momento de
su vida, vio la divina esencia m�s claramente que todos los �ngeles y ley�
lo pasado y lo porvenir con todos sus arcanos y conocimientos.
Del alma del Ni�o Jes�s pasamos ahora a su cuerpo, que era un mundo de
maravillas, una obra maestra de la mano de Dios. Quiso que su cuerpo fuese
peque�o y d�bil como el de todos los ni�os, y sujeto a todas las
incomodidades de la infancia, para asemejarse m�s a nosotros y as�
participar de nuestras humillaciones.
La belleza de este cuerpo del Ni�o Jes�s fue superior a cuanto se ha
imaginado jam�s, y la divina sangre que por sus venas empez� a circular,
desde el momento de su Encarnaci�n, es la que lav� todas las manchas del
mundo culpable.
Pid�mosle que lave las nuestras en el sacramento de la penitencia para que
el d�a de su dichosa Navidad nos encuentre purificados, perdonados y
dispuestos a recibirle con amor y provecho espiritual.



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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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