Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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D�A CUARTO
Consideraci�n: Desde el seno de su Madre comenz� el Ni�o Jes�s a poner en
pr�ctica su eterna sumisi�n a Dios, la que continu� sin la menor
interrupci�n durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, le amaba, se
somet�a a su voluntad; aceptaba con resignaci�n el estado en que se hallaba,
conociendo toda su debilidad, toda su humillaci�n, todas sus incomodidades.
�Qui�n de nosotros quisiera retroceder a un estado semejante en el pleno
goce de la raz�n y de la reflexi�n?
Por ah� entr� el Divino Ni�o en su dolorosa y humillante carrera; as� empez�
a anonadarse delante de su Padre; a ense�arnos lo que Dios merece por parte
de su criatura; a expiar nuestro orgullo, origen de nuestros pecados.
�Deseamos hacer una verdadera oraci�n? Empecemos por formarnos de ella una
exacta idea, contemplando al Ni�o en el seno de su Madre.
El Divino Ni�o ora del modo m�s excelente. No habla, no medita, ni se
deshace en tiernos afectos. Su mismo estado lo acepta con la intenci�n de
honrar a Dios; en su oraci�n, y en ese estado, expresa altamente todo lo que
Dios merece y de qu� modo quiere ser adorado por nosotros.
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cortesia de Anibal Monsalve Salazar