�Por qui�n doblan las cacerolas?De eso se tratan las crisis. Ahora viene el periodo de se�alar culpables. Los m�s evidentes, por supuesto, son los pol�ticos. Con excepciones, han sido corruptos, imprevisores e incompetentes. Han gastado mucho m�s de lo que se�alaba la prudencia, convirtiendo las instituciones p�blicas en agencias de empleo encaminadas a mantenerlos en el poder. Pura ``corrupci�n de baja intensidad'', como hoy se le llama al viejo clientelismo. Pero esos pol�ticos no son gentes extra�as a la poblaci�n argentina. Por el contrario: han sido elegidos porque forman parte de la sociedad. Los argentinos se reconocen en ellos, y ellos, los pol�ticos, son los grandes expertos en los argentinos. Los pol�ticos no son otra cosa que una expresi�n del pueblo del que han salido, y se comportan de acuerdo con los valores, usos, costumbres y creencias prevalecientes en el medio. No forman una raza aparte ni son distintos a los farmac�uticos o a los maestros de viol�n. �Ad�nde nos lleva esta afirmaci�n? A que el coraz�n del problema radica en los valores, usos, costumbres y creencias prevalecientes en Argentina o en cualquier otro pueblo. �Por qu� roban los pol�ticos argentinos y los de casi toda Am�rica Latina? Porque robar no descalifica moralmente, casi nunca se persigue por la v�a penal, y ni siquiera tiene un costo electoral. Per�n, que en su primer periodo de gobierno demostr� que era deshonesto e incompetente, fue elegido otras dos veces y en ning�n caso obtuvo menos del sesenta por ciento de los votos. Es verdad que los pol�ticos argentinos emplearon irresponsablemente a un ej�rcito de funcionarios p�blicos, pero �es posible en nuestros pa�ses resultar elegido proponiendo un programa de austeridad, contrataci�n por m�ritos y sujeci�n estricta a las reglas? �D�nde est� el poder de un gobernador que no puede beneficiar al amiguete con una licitaci�n ama�ada, colocar a la querida en un puesto bien remunerado o acelerar en la buena direcci�n los tr�mites de alguien paralizado por la mara�a burocr�tica? �Se pueden hacer grandes o medianos negocios en Am�rica Latina sin antes ``aceitar'' la maquinaria gubernamental con sobornos? �No son c�mplices de este lamentable fen�meno los empresarios que hoy se quejan del desbarajuste econ�mico pero ayer se prestaron a participar en el delito de cohecho convencidos de que �sa es la �nica manera de hacer negocios en Am�rica Latina? El mal est� enquistado en nuestra cultura. La quiebra actual de Argentina es puramente anecd�tica. Se pueden encontrar diez causas directas e inmediatas para explicar este episodio reciente, pero el problema de fondo viene de lejos. Cuando el pueblo desesperado recorre las calles golpeando cacerolas, cuando los mataperros salen a quemar llantas y los ladrones a asaltar supermercados --es bueno darle a cada grupo el nombre que se merece--, est�n protestando in�tilmente. Nada van a resolver de manera definitiva apelando a esos procedimientos. Dentro de cinco o diez a�os una crisis parecida va a derribar de nuevo lo que se haya logrado reconstruir. Si este an�lisis es correcto, quienes quieran contribuir a solucionar los males m�s severos de Argentina (y de toda Am�rica Latina) deben ir a la ra�z. Tienen que enfocar sus esfuerzos en modificar los aspectos negativos que provocan nuestras crisis peri�dicas. Tienen que trabajar en el �mbito de los valores, usos, costumbres y creencias. Tienen que actuar en el �mbito de la cultura. �C�mo? Divulgando informaci�n, educando, denunciando desde la sociedad civil todo aquello que sea censurable, proponiendo pol�ticas p�blicas sensatas y evaluando seriamente las iniciativas del gobierno. Lo grave no es que un fugaz presidente haya asegurado que crear�a un mill�n de puestos de trabajo en pocas semanas, sino que millones de argentinos hayan aplaudido esa imbecilidad. �Y qui�n podr�a pagar un esfuerzo educativo de ese calibre? Naturalmente, las empresas, que son las que directamente sufren el embate de estos desastres econ�micos. Para las empresas espa�olas, norteamericanas y, por supuesto, las argentinas, tiene mucho m�s sentido invertir unos cuantos cientos de millones de d�lares en defender vigorosamente los principios sobre los que se sustentan la econom�a de mercado y el buen gobierno que quejarse peri�dicamente de las consecuencias de operar en una cultura cuyas coordenadas conducen al despe�adero cada cierto tiempo. Es absurdo que las empresas contemplen cap�tulos de gastos para anunciar sus productos y rara vez se planteen la necesidad de fomentar un clima econ�mico y pol�tico en el que realmente puedan prosperar sin sobresaltos y hacer planes a largo plazo, condiciones b�sicas del sistema capitalista. A lo mejor ahora es el momento de comenzar la tarea. La lucidez suele ser hija de experiencias dolorosas. Enero 13, 2002 |
