Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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ELPAIS.ES
  EDICI�N IMPRESA  opini�n
La lucha por el esp�ritu del siglo XXI

WILLIAM JEFFERSON CLINTON

William Jefferson Clinton fue Presidente de Estados Unidos entre 1993 y 
2001, Global Viewpoint.Distribuido por los Angeles Times
                Syndicate International
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La cuesti�n crucial de este nuevo siglo es si la era de la interdependencia 
va a ser buena o mala para la humanidad. La respuesta depender� de que los 
que vivimos en las naciones ricas extendamos las ventajas y reduzcamos las 
cargas del mundo moderno, de que las naciones pobres pongan en pr�ctica los 
cambios necesarios para hacer posible el progreso, y de que todos podamos 
desarrollar un nivel de conciencia lo suficientemente alto como para 
comprender las obligaciones y responsabilidades que tenemos los unos con los 
otros.

No podremos hacerlo si los pobres de la tierra est�n conducidos por gente 
como Osama Bin Laden, que cree que pueden hallar su redenci�n en nuestra 
destrucci�n. Y no podremos hacerlo si los ricos est�n conducidos por 
aquellos que alimentan un ego�smo corto de miras y defienden el espejismo de 
que podremos exigir eternamente para nosotros lo que negamos a los otros. 
Todos tendremos que cambiar.

Fil�sofos y te�logos hablan desde hace mucho tiempo de la interdependencia 
de la humanidad. Los pol�ticos lo hacen seriamente al menos desde el final 
de la II Guerra Mundial, cuando se fund� Naciones Unidas. Y hoy ya la da por 
sentada la gente corriente, porque est� presente en todos los aspectos de 
nuestras vidas. Vivimos en un mundo en el que hemos derribado muros, 
reducido las distancias y difundido la informaci�n.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre fueron tanto una manifestaci�n 
de esta globalizaci�n e interdependencia como de la explosi�n del 
crecimiento econ�mico. No podemos reclamar para nosotros todas las ventajas 
sin afrontar tambi�n el lado oscuro de la moneda.

Por tanto, es muy importante que veamos la lucha actual contra el terrorismo 
en el contexto m�s amplio de c�mo debemos manejar un mundo interdependiente.

Si el 10 de septiembre se hubiera planteado la cuesti�n de cu�les eran las 
fuerzas que ten�an m�s posibilidades de moldear el comienzo del siglo XXI, 
las respuestas habr�an variado en funci�n de d�nde viviera el que la diera.

Si usted vive en un pa�s rico, y es un optimista, podr�a haber respondido 
que la econom�a global. Ha hecho a los pa�ses ricos m�s ricos a�n y en los 
�ltimos treinta a�os ha sacado de la pobreza a m�s gente de todo el mundo 
que en ninguna otra �poca de la historia. Y los pa�ses pobres que han optado 
por desarrollarse a trav�s de la apertura han crecido el doble de r�pido que 
los pa�ses pobres que han mantenido cerrados sus mercados.

En segundo lugar podr�a haber respondido que la explosi�n de tecnolog�a de 
la informaci�n, porque esto incrementa la productividad que impulsa el 
crecimiento. Aunque hoy resulte dif�cil de creer, cuando yo acced� a la 
presidencia, en enero de 1993, s�lo hab�a 50 sitios en la Web, cuando ocho 
a�os m�s tarde dej� la Casa Blanca hab�a 350 millones.

En tercer lugar, que la revoluci�n actual de las ciencias, especialmente las 
ciencias biol�gicas, que rivalizar�n con los descubrimientos de Newton o de 
Einstein. El descubrimiento de la secuencia del genoma humano significa que 
las madres de los pa�ses con sistemas sanitarios bien desarrollados pronto 
traer�n al mundo a unos ni�os con una expectativa de vida de 90 a�os. La 
nanotecnolog�a y la supermicrotecnolog�a nos hacen capaces de diagnosticar 
tumores que s�lo constan de unas pocas c�lulas, lo que plantea la 
perspectiva de que todos los c�nceres sean curables. Se est� investigando 
con chips digitales para que imiten los movimientos altamente complejos de 
los nervios de las m�dulas espinales da�adas, lo que hace surgir la 
perspectiva de que personas paral�ticas desde hace mucho tiempo puedan 
levantarse y andar.

En cuarto lugar, y desde un punto de vista pol�tico, usted podr�a haber 
dicho que el factor dominante del siglo XXI ser�a la explosi�n de la 
democracia y la diversidad. Por primera vez en la historia de la humanidad, 
m�s de la mitad de la poblaci�n del mundo viv�a bajo Gobiernos de su propia 
elecci�n, y en pa�ses con sistemas de emigraci�n abiertos y econom�as 
saneadas; hab�a un impresionante aumento de la diversidad �tnica, racial y 
religiosa, lo que demostraba que era posible que gente de distintos or�genes 
y con diferentes creencias pudieran vivir y trabajar juntos.

Por otra parte, si usted proviene de un pa�s pobre o simplemente es 
pesimista, podr�a haber dicho que la econom�a global era el problema, no la 
soluci�n. La mitad de la poblaci�n del mundo vive con menos de dos euros al 
d�a y mil millones de personas viven con menos de un euro al d�a. Mil 
millones de personas se acuestan todas las noches con hambre. La cuarta 
parte de la poblaci�n del mundo nunca ha tenido un vaso de agua potable. 
Cada minuto muere una mujer al dar a luz. Est� previsto que la poblaci�n 
mundial aumente un 50% en los pr�ximos 50 a�os, y pr�cticamente la totalidad 
de ese crecimiento tendr� lugar en los pa�ses m�s pobres y con menos 
capacidad de afrontarlo.

Adem�s, usted podr�a haber dicho que, a pesar del crecimiento econ�mico o 
quiz� debido a �l, vamos a enfrentarnos a una crisis medioambiental. Los 
oc�anos, que nos proporcionan la mayor parte del ox�geno, se est�n 
deteriorando r�pidamente. Ya hay una tremenda escasez de agua y el 
calentamiento global va a causar estragos. Si la Tierra se calienta durante 
los pr�ximos 50 a�os al mismo ritmo que en los 10 �ltimos, perderemos 
naciones enteras del Pac�fico que son islas y 20 metros de la isla de 
Manhattan en Nueva York. Crearemos decenas de millones de refugiados del 
hambre, lo que conducir� a m�s violencia y levantamientos.

Pero quiz� la crisis sanitaria mundial habr�a encabezado la lista. Una de 
cada cuatro personas muere cada a�o de sida, malaria, tuberculosis e 
infecciones relacionadas con la diarrea, casi todos ellos ni�os que jam�s 
beben un vaso de agua potable.

S�lo a causa del sida han muerto 22 millones de personas y hay 36 millones 
contagiados. Si no se emprenden acciones preventivas, se prev�n cien 
millones de casos en los pr�ximos cinco a�os. Y si esto sucede, ser� el 
mayor problema p�blico de salud desde que la peste negra mat� a la cuarta 
parte de la poblaci�n de Europa en el siglo XIV. Aunque las dos terceras 
partes de los casos se dan en �frica, los �ndices de crecimiento m�s r�pidos 
se registran en la antigua Uni�n Sovi�tica, en la puerta trasera de Europa. 
Le sigue el Caribe, a la puerta de entrada de Estados Unidos. En tercer 
lugar est� India,

la mayor democracia del mundo. Y los chinos acaban de admitir que tienen el 
doble de casos de los que cre�an y que s�lo el 4% de los adultos saben c�mo 
se contrae y se contagia el sida.

Incluso el d�a 10 de septiembre usted podr�a haber afirmado razonablemente 
que el siglo XXI estar�a definido por la alianza de un armamento moderno y 
un terrorismo arraigado en antiguos odios de raza, religi�n, tribus y 
etnias.

Todas estas fuerzas, positivas y negativas, son un sorprendente reflejo del 
grado de interdependencia m�s extraordinario de la historia de la humanidad.

�Qu� se puede hacer?

Primero tenemos que ganar la guerra contra el terrorismo. No hay ninguna 
excusa para el asesinato deliberado de civiles inocentes por razones 
pol�ticas, religiosas o econ�micas. El terrorismo lleva actuando mucho 
tiempo. Occidente no ha estado siempre limpio de culpa. Cuando durante la 
primera cruzada los soldados cristianos tomaron Jerusal�n, incendiaron una 
sinagoga con 300 jud�os y masacraron a toda mujer y ni�o musulm�n en el 
Monte del Templo. Mi pa�s, que ahora es la democracia continuada m�s antigua 
del mundo, naci�, sin embargo, con la esclavitud institucionalizada, y tras 
su abolici�n muchos esclavos negros e ind�genas americanos fueron asesinados 
y sometidos al terror.

Ahora Estados Unidos y otras naciones avanzadas se enfrentan a la realidad 
del terrorismo en casa. Aunque tenemos que ganar la batalla en Afganist�n y 
esforzarnos m�s en desarrollar defensas contra el posible uso de armas 
biol�gicas, qu�micas o nucleares, tambi�n tenemos que hacer m�s para 
descubrir c�mo identificar y detener, en un mundo de fronteras abiertas y 
sociedades cada vez m�s diversas, a aquellos que entran en nuestros pa�ses 
buscando a alguien a quien matar. Ser� dif�cil de hacer sin violar 
libertades civiles porque en Estados Unidos y en muchos otros pa�ses hay 
gente de todas partes. Pero lo haremos.

Desde que la primera persona sali� de una caverna empu�ando un garrote, en 
todos los conflictos siempre gana al principio el que toma la ofensiva. Pero 
luego, si la gente de buena voluntad se comporta con sensatez, la defensa 
toma la ventaja y la civilizaci�n avanza. Cuanto m�s letal es un arma m�s 
urgente es cerrar el desfase entre la ofensiva y la defensa eficaz.

Los terroristas pretenden aterrorizar, que tengamos miedo de levantarnos por 
la ma�ana, miedo del futuro y miedo los unos de los otros. Pero ninguna 
estrategia terrorista ha triunfado jam�s por s� misma. Este intento 
fracasar� tambi�n y es altamente improbable que el siglo XXI se cobre tantas 
v�ctimas inocentes como se cobr� el XX.

No todos los que est�n furiosos quieren destruir el mundo civilizado. Hay 
mucha gente que est� furiosa porque quiere ser parte del ma�ana y no 
encuentra ninguna puerta abierta.

As� pues, me parece fundamental comprender que no podemos tener un comercio 
global sin una pol�tica econ�mica global, una pol�tica sanitaria global, una 
pol�tica educativa global, una pol�tica de medio ambiente global y una 
pol�tica de seguridad global.

De hecho, tenemos que crear m�s oportunidades para aquellos a los que el 
progreso ha dejado atr�s, y reducir as� la cantera de terroristas en 
potencia al incrementar el n�mero de posibles socios. Para hacer nuevos 
socios, el mundo rico tiene que aceptar la obligaci�n de fomentar m�s 
oportunidades econ�micas y contribuir a reducir la pobreza.

Para empezar, deber�a haber otra ronda de condonaci�n global de la deuda. El 
a�o pasado, EE UU, la UE y otros aliviaron la deuda a los 24 pa�ses m�s 
pobres del mundo, a condici�n de que dedicaran el dinero a educaci�n, 
sanidad y desarrollo. Ha habido algunos resultados sorprendentes. En un a�o, 
Uganda duplic� la matriculaci�n en la escuela primaria y redujo el n�mero de 
alumnos por aula con sus ahorros. En un a�o, Honduras pas� de seis a�os de 
escuela obligatoria a nueve.

Durante varios a�os, Estados Unidos ha financiado dos millones de cr�ditos 
al a�o para microempresas en pa�ses pobres. Debemos hacer m�s de lo mismo. 
Esos dos millones deber�an ascender a 50 millones. Como ha demostrado el 
economista peruano Hernando de Soto, el crecimiento econ�mico puede ser 
enorme si los bienes de los pobres entran en el sistema legal, como, por 
ejemplo, d�ndoles escrituras de sus casas, que a su vez les permitir�an 
avalar un cr�dito. Mercados enteramente nuevos se abrir�an ante nosotros si 
esto pudiera hacerse.

El a�o pasado, Estados Unidos y Europa ampliaron sus mercados en �frica y el 
Caribe, as� como Jordania y Vietnam. China fue admitida en la OMC. Este 
acceso al mercado deber�a ampliarse m�s a�n.

Debemos aportar urgentemente los 10.000 millones de d�lares que el 
secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha pedido para combatir el sida. 
La participaci�n de Estados Unidos ser�a de unos 2.200 millones de d�lares, 
una mil�sima parte del presupuesto estadounidense, mucho m�s barato que 
tener que hacer frente luego a 30 millones de v�ctimas potenciales del sida, 
s�lo en la India.

El mismo argumento sirve para contribuir a financiar la educaci�n. Un a�o de 
educaci�n incrementa en un 10% a un 20% los ingresos de una persona en un 
pa�s pobre. Hay 100 millones de ni�os que nunca van al colegio, la mitad de 
ellos en el �frica subsahariana. En Pakist�n, la raz�n principal de que 
todas esas madrasas no est�n ense�ando matem�ticas, sino fomentando ideas 
tan absurdas como que 'Estados Unidos e Israel han vuelto a traer a los 
dinosaurios a la tierra para matar a los musulmanes', es que, en los a�os 
ochenta, los paquistan�es se quedaron sin dinero para mantener sus escuelas.

Si lo comparamos con lo que cuesta la lucha contra una nueva generaci�n de 
terroristas, llevar a la escuela a 100 millones de ni�os de todo el mundo es 
una propuesta barata. Y puede hacerse. En Brasil, por ejemplo, el 97% de los 
ni�os van a la escuela porque el Gobierno paga a las madres m�s pobres para 
que sus hijos asistan a la escuela.

La guerra de Afganist�n cuesta a EE UU unos 1.000 millones de d�lares 
mensuales. 12.000 millones anuales es mucho m�s de lo que Estados Unidos 
pagar�a a trav�s de todos los programas que he mencionado.

Pero los pa�ses pobres tienen tambi�n obligaciones: avanzar en la 
democracia, los derechos civiles y el buen gobierno. Las democracias no 
patrocinan el terrorismo organizado y es m�s probable que respeten los 
derechos humanos.

Con esta finalidad, debemos estimular el debate que est� ahora en marcha en 
el mundo musulm�n, un debate que surge peri�dicamente desde hace 1.300 a�os 
sobre la naturaleza de la verdad, la naturaleza de la diferencia, el papel 
de la raz�n y la posibilidad de un cambio positivo y no violento.

Quien tuvo m�s �xito a la hora de reconciliar la fe con los imperativos de 
la vida moderna fue el rey Hussein de Jordania, recientemente desaparecido 
por desgracia. En 1991, galvaniz� a todos los elementos de la sociedad 
jordana y ofreci� un Parlamento real con elecciones justas, en las que todo 
el mundo, fundamentalistas incluidos, podr�a gobernar siempre que se 
comprometiera a no limitar los derechos de los otros.

No es casualidad que Jordania, un pa�s pobre, un pa�s joven, un pa�s con 
mayor�a palestina, un pa�s peque�o en una posici�n geogr�fica delicada, sea, 
sin embargo, el pa�s pol�ticamente m�s estable de Oriente Pr�ximo. Esto se 
debe a que ha avanzado hacia la democracia y ha reforzado el respeto mutuo y 
el papel del razonamiento y el debate humanos. Los que queremos tener una 
buena relaci�n con el mundo isl�mico debemos apoyar este tipo de moderaci�n 
y de tendencia a la democracia.

Para que la interdependencia sea un bien en vez de un mal para el siglo XXI, 
tenemos que reconocer que nuestra humanidad com�n es m�s importante que 
nuestras diferencias. �sta es la lucha por el esp�ritu del siglo XXI. Pero 
la historia ha demostrado lo dif�cil que resulta entender este concepto.

Durante los a�os que llevo yo viviendo, Gandhi fue asesinado no por un 
musulm�n furioso, sino por un hind� furioso, porque Gandhi quer�a que la 
India fuera para los musulmanes, los jains, los sijs y los hind�es. Anuar el 
Sadat fue asesinado hace 20 a�os no por un comando israel�, sino por un 
egipcio furioso que pensaba que Sadat no era un buen musulm�n porque quer�a 
secularizar Egipto y hacer la paz con Israel. Y mi amigo Isaac Rabin, uno de 
los hombres m�s grandes que he conocido nunca, fue asesinado no por un 
terrorista palestino, sino por un israel� furioso que pensaba que Rabin no 
era un buen jud�o o un israel� fiel porque quer�a dejar a un lado una vida 
entera de matanzas a cambio de una paz segura que diera un hogar a los 
palestinos y reconociera sus intereses en Jerusal�n.

Los m�s beneficiados somos los que debemos llevar la iniciativa a la hora de 
hacer de este mundo sin barreras un hogar para todos nosotros.

El presidente Bush ha dejado claro que Estados Unidos y Occidente no son 
enemigos del islam. Tenemos que recordar a los musulmanes de todo el mundo 
que la �ltima vez que Estados Unidos y Reino Unido utilizaron su potencia 
militar fue para proteger las vidas de los musulmanes pobres de Bosnia y 
Kosovo; que 18 estadounidenses perdieron la vida en Somalia intentando 
detener a Mohamed Farra Aidid porque hab�a asesinado a 22 miembros de las 
fuerzas de paz de la ONU procedentes de Pakist�n. Tenemos que decir a los 
musulmanes airados algo que al parecer no saben: que en diciembre de 2000, 
Estados Unidos propuso un acuerdo que estipulaba, en t�rminos muy claros, un 
Estado palestino en Cisjordania y Gaza, as� como la protecci�n de los 
intereses palestinos y musulmanes en Jerusal�n y en el Monte del Templo. Y 
que mientras Israel acept� ese plan, la OLP dijo que no.

Para demostrar que el islam no es nuestro enemigo, la Uni�n Europea y 
Estados Unidos tendr�n que volver a ponerse manos a la obra de construir una 
paz justa y duradera en Oriente Pr�ximo.


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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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