Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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http://eltiempo.terra.com.co/05-02-2002/reda166118.html

  Bogot�, martes 5 de febrero de 2002

EDITORIAL

Darse o no la pela es la cuesti�n

Si el establecimiento es capaz de reflexi�n, debe entender su insoslayable 
responsabilidad en esta crisis en la que se decide el destino de Colombia

Hay dos temas que generan una encendida controversia entre los entendidos y 
analistas de la realidad colombiana. Uno es si el tan mentado 
�establecimiento� colombiano existe, y el otro sobre cuanta legitimidad 
tiene. En aras de la brevedad, el primero puede zanjarse diciendo que m�s 
all� de la entelequia, �ste son los partidos, gremios, instituciones y 
personas que han tenido en Colombia, desde la independencia, la voz 
cantante en pol�tica y econom�a, y que, varias generaciones despu�s siguen 
siendo las mismas. El otro es objeto de este editorial.

�Tendr� capacidad de reflexi�n el establecimiento colombiano? Al cabo de 
dos siglos de gobiernos de distintos cortes, tenemos un pa�s descuadernado 
por la guerra, con unas escandalosas injusticias que arrastra desde la 
Colonia y que provocan informes peri�dicos de organismos de derechos 
humanos y respuestas, igualmente escandalosas, de los funcionarios de 
turno. La comunidad internacional mira con asombro c�mo puede un pa�s con 
tanta inequidad y desorden tener a una guerrilla, enajenada del grueso de 
la poblaci�n por sus pr�cticas terroristas, como la �nica oposici�n a este 
estado de cosas.

Por un lado, el Estado no carece de tanta legitimidad como opinan muchos. 
Mal que bien, con clientelismo y corrupci�n, ha mantenido una envidiable 
tradici�n de elecciones, lo mismo que el record de tener una de las pocas 
guerrillas del mundo que aspira a tumbar un r�gimen democr�tico. Sus 
instituciones m�s representativas, la fuerza p�blica entre ellas, no est�n 
presentes en muchos sitios del pa�s, y por �presencia estatal� se entiende 
electrificaci�n, algunos puestos de salud y unos heroicos maestros.

Por otro lado, es evidente que en muchos sitios de Colombia grupos armados 
de derecha e izquierda reemplazan al Estado. El establecimiento ha sido 
incapaz de impedirlo y ha permitido, por ejemplo, que finqueros paguen 
�vacunas� u organicen �autodefensas� para no hacerlo. O ha preferido mirar 
para otro lado cuando se habla de miseria y campesinos desarraigados. Ese 
es el pa�s que tenemos y una guerrilla con mucho menos legitimidad que la 
del Estado pero con la capacidad de hacer da�o, exige cambiarlo. �Qu� hacer 
entonces? �Negociar? �Hacerle la guerra total?

Ambas opciones ahora dependen m�s de la guerrilla que del gobierno y en 
ambas variantes, el establecimiento tiene la responsabilidad de responder a 
una larga lista de compromisos aplazados. No se trata �nicamente de adoptar 
una pol�tica coherente y de largo aliento, hoy inexistente, frente a la 
subversi�n. El establecimiento, con negociaci�n o sin ella, est� en mora de 
�darse la pela� , hacer el inventario de cuantas veces le ha puesto conejo 
al pa�s y emprender con firmeza y sin m�s demoras, una ambiciosa agenda de 
profundas transformaciones que este pa�s est� pidiendo a gritos. �Porqu� 
esperar a que �Tirofijo� nos ponga ante la disyuntiva de qu� es lo que 
estamos dispuestos a negociar?

El r�gimen de tenencia de la tierra en Colombia -sin incluir la que han 
amasado impunemente narcotraficantes que respaldan a los paramilitares - 
pertenece a siglos enterrados. La inicua desigualdad en la distribuci�n del 
ingreso, los abusivos privilegios que han crecido a la sombra de la 
pol�tica y las instituciones, la administraci�n de justicia, los impuestos, 
el acceso a la educaci�n y la salud deben ser objeto, entre muchas otras 
cosas, de dr�sticos cambios.

Quienes opinan que la revoluci�n no se hace por contrato y creen con 
incre�ble simpleza que lo �nico que hay que negociar con la guerrilla es su 
desmovilizaci�n a cambio de algunas prebendas, son tan ilusos como quienes 
nos venden la perspectiva de la guerra total. Tampoco ser� suficiente 
entregar un pedazo del poder a un grupo armado sin legitimidad o esperar a 
que la guerrilla lo pida. El establecimiento colombiano, que por tantos 
a�os no ha mirado m�s all� de su ombligo, est� en mora de meterse la mano 
al bolsillo, y hondo. Adentro no solo encontrar� plata. Tambi�n encontrar� 
la fuente de la legitimidad que le falta.

De no ser as�, y a�n si se firmara la paz con las Farc o se las derrotara, 
podemos estar seguros de que otros, empu�ando fusiles o cacerolas, no 
tardar�an en reemplazarlas.


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    cortesia de Anibal Monsalve Salazar

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