Colext/Macondo
Cantina virtual de los COLombianos en el EXTerior
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LA COMUNIDAD INTERNACIONAL FRENTE A COLOMBIA
Red de Acad�micos Europeos habla sobre el rompimiento de los di�logos de
paz (Domingo, 3 de marzo, 2002)
Debido al escaso eco que tiene en Europa la problem�tica colombiana,
un grupo de acad�micos y representantes de reconocidos institutos
europeos, tales como Oxford, el Instituto de Altos Estudios de Am�rica
Latina de la Sorbona, el Instituto para las Relaciones de Italia con
Am�rica Latina y �frica (Ipalmo), el Centro Iberoamericano de la
Universidad de Helsinki, el Instituto Iberoamericano de Hamburgo y la
Asociaci�n de Investigaci�n y Especializaci�n sobre Temas Iberoamericanos
de Espa�a constituyeron la Red de Acad�micos Europeos por Colombia.
Gracias al apoyo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo
en Europa, se ha creado un espacio de debate y reflexi�n sobre el papel de
la Uni�n Europea frente a la problem�tica colombiana.
La Red, que cuenta con un comit� coordinador compuesto por el
historiador ingl�s Malcolm Deas, el experto franc�s en temas de violencia
Daniel P�caut, el periodista espa�ol Miguel �ngel Bastenier, el ex
ministro de Gobierno colombiano Fernando Cepeda, el director del Instituto
de Altos Estudios de Am�rica Latina, Jean Michel Blanquer, y el
representante del BID para Europa, Carlo Binetti, reiter� que este es un
espacio apol�tico y de perfil exclusivamente acad�mico, y que se ha
propuesto interactuar con los �rganos competentes de la Comisi�n y el
Parlamento Europeo para colaborar en la lectura y definici�n de pol�ticas
dirigidas a ayudar la compleja realidad colombiana.
En repetidas ocasiones se ha se�alado la oportunidad de tener una
presencia creciente de Europa alrededor de la problem�tica colombiana. En
este caso, lo mejor de la academia europea pretende compartir con el
p�blico los an�lisis y estudios sobre los distintos aspectos de la crisis
colombiana y as� mismo generar un debate con quienes tienen la
responsabilidad pol�tica.
Entre sus principales actividades, la Red tiene previsto realizar un
gran foro los pr�ximos 19 y 20 de marzo en Par�s, para discutir la
existencia o no de una pol�tica de la Uni�n Europea hacia Colombia. Los
debates ser�n enriquecidos con la participaci�n de altos funcionarios del
Consejo, el Parlamento y la Comisi�n Europea. En este evento se presentar�
un diagn�stico de la situaci�n actual del conflicto, se analizar� el
lugar ocupado por Colombia en la concepci�n europea de las
relaciones internacionales y se analizar� el panorama de los programas y
proyectos financiados por la Uni�n Europea.
Adem�s de la realizaci�n de este y otros seminarios que permitan hacer
el punto sobre la situaci�n colombiana, los acad�micos tambi�n se fijaron
la tarea de pronunciarse sobre los aspectos m�s relevantes del complejo
proceso de negociaci�n. Ante las actuales circunstancias, los miembros de
la red prepararon un documento sobre las implicaciones de la ruptura del
proceso de paz en Colombia.
A trav�s de este comunicado los intelectuales hacen un an�lisis de
la situaci�n actual e incluyen un diagn�stico de los actores involucrados
en el proceso de negociaci�n: el Gobierno, las Fuerzas Militares, la
guerrilla, la poblaci�n civil y la comunidad internacional.
Declaraci�n de la Red de Acad�micos Europeos sobre el rompimiento de
los di�logos de paz
Par�s, 28 de febrero, 2002
1. La ruptura oficial del proceso de paz es un hecho de extrema gravedad.
Sin duda el proceso de paz no hab�a dado ning�n resultado concreto.
Ninguna verdadera negociaci�n sobre puntos sustanciales hab�a fructificado
y el escepticismo de la opini�n p�blica no hab�a hecho m�s que aumentar.
El pasado 20 de enero, sin embargo, cuando las conversaciones estaban
al borde de la ruptura, el Gobierno y las Farc-Ep acordaron en presencia
de los pa�ses facilitadores un calendario para humanizar el conflicto y
abrir el paso a un cese al fuego. Por primera vez las Farc-Ep se ve�an en
la obligaci�n de escoger entre la guerra y una soluci�n negociada.
Con la toma del avi�n de Aires para secuestrar a un senador, las
Farc-Ep parecen haber escogido deliberadamente el camino de la guerra, ya
que sab�an que el Gobierno no dispon�a de ning�n margen de maniobra
adicional.
En sus formas actuales, caracterizadas por las interferencias entre
la econom�a de la droga y la lucha armada, el conflicto se ha mantenido
desde hace 20 a�os.
Siempre estuvo acompa�ado de procesos de paz, menos entre 1993 y
1998, procesos que dieron algunos resultados, ya que en 1990- 1991 dos de
las principales organizaciones guerrilleras se desmovilizaron.
Si bien el conflicto no ha hecho despu�s sino extenderse, por el aumento
del poder territorial de las Farc-Ep y la persistencia en el combate del
Eln, de un lado; por el crecimiento de los paras, del otro, el proceso
iniciado por el presidente Pastrana en 1998 dejaba la oportunidad de una
salida pol�tica.
La ruptura que acaba de producirse es singularmente m�s grave que las que
se dieron en el pasado. Efectivamente, ella implica que durante un
tiempo indeterminado las armas prevalecer�n. No hay que equivocarse: es
un verdadero salto al vac�o que se ha producido, y no se sabe en qu�
estado se encontrar� el pa�s cuando se retomen eventualmente las
discusiones, ni se pueden medir tampoco las presiones externas que son
susceptibles de ejercerse sobre el pa�s.
La ruptura se da en un pa�s debilitado, confrontado a numerosas
dificultades econ�micas y sociales y a un debilitamiento institucional
cada vez m�s evidente. Al producirse a la v�spera de un nuevo proceso
electoral, puede poner en peligro su realizaci�n. Por lo tanto, cabe
preguntarse si las Farc-Ep no est�n intentando tambi�n obstaculizar la
expresi�n de los electores en un momento en que las encuestas muestran que
�stos exigen una actitud de firmeza por parte de los gobernantes.
La credibilidad pol�tica de las guerrillas no ha hecho sino reducirse a
lo largo de estos �ltimos a�os, incluso en las regiones que son de
tradicional presencia de ellas. La incapacidad de sus dirigentes de
proponer soluciones pol�ticas para seducir los sectores afectados por las
crisis sociales es aterradora. Los secuestros y las matanzas
indiscriminadas terminaron por exasperar la poblaci�n.
Ah� radica el verdadero obst�culo para el �xito de las
negociaciones. Mientras las guerrillas se alejen de la posibilidad de
convertirse en una fuerza pol�tica, el proceso de paz ser� cada vez m�s
incierto.
El dominio territorial de las guerrillas se ha reducido constantemente
a medida que los paramilitares las han amenazado hasta en los
territorios tradicionalmente controlados por ellas. Lo que queda es su
potencial militar, que perdura intacto en raz�n a sus enormes recursos y
sobrepasa de lejos el de otras guerrillas del mundo. Las guerrillas
colombianas tienen la capacidad de afectar gravemente la vida de Colombia,
incluyendo sus ciudades.
Al negar involucrarse m�s en las negociaciones, las Farc-Ep parecen
optar por la estrategia de obligar a este gobierno y al siguiente a
aceptar compartir el poder que ellas siguen reclamando y de obligar a la
poblaci�n a aceptar esa soluci�n para escapar del terrorismo. Que se trate
de una ilusi�n, y a�n m�s en la coyuntura internacional presente, no
disminuye en absoluto las posibilidades de un deterioro profundo de la
situaci�n.
A pesar de la modernizaci�n que han conocido estos �ltimos a�os y de
la ayuda americana de la cual se han beneficiado, se pueden alimentar
dudas sobre la capacidad de las Fuerzas Armadas de hacer frente f�cilmente
a una ofensiva de grandes dimensiones. Si ellas pueden impedir las
operaciones militares de gran envergadura, no pueden evitar la
multiplicaci�n de las acciones terroristas. Todav�a no est�n preparadas
para una guerra de contraguerrilla, tampoco est�n en capacidad de
controlar la totalidad del territorio.
En estas condiciones, las organizaciones paramilitares bien podr�an tener
el campo a�n m�s libre que en la actualidad, para realizar con sus
habituales m�todos, las masacres, el terror, la reconquista de amplios
territorios. Sobre este aspecto tambi�n conviene medir las consecuencias
de la ruptura de las negociaciones.
Es por intermedio de la poblaci�n civil que se libra la guerra y
las violaciones de los derechos humanos no constituyen
�da�os colaterales� sino una modalidad esencial del conflicto. Esta
poblaci�n es susceptible de convertirse a�n m�s en reh�n de los actores
armados.
La confrontaci�n mantuvo hasta ahora un car�cter ampliamente regional
y rural, as� sus efectos hayan tocado las ciudades. Sin embargo, no ser�
as� en el caso de una generalizaci�n del conflicto.
La confrontaci�n ha incrementado la crisis de varias instituciones
locales. Si se produce una escalada, el funcionamiento de las
instituciones nacionales correr�a el riesgo de verse a su vez afectado y
las iniciativas para reforzar su car�cter democr�tico estar�an cuestionadas.
La prioridad otorgada ya al presupuesto militar se realizar� en
detrimento de las indispensables inversiones sociales. Es en efecto la
tradici�n profundamente civilista de Colombia la que se va a poner a prueba.
La econom�a de la droga, favorecida por el conflicto y que constituye
la base del financiamiento tanto de las guerrillas como de los
paramilitares, puede acrecentar a�n m�s la desorganizaci�n social y pol�tica.
2. Los pa�ses de la Uni�n Europea han centrado toda su estrategia sobre
el �xito de una soluci�n negociada. Su rol como facilitadores o
pa�ses acompa�antes contribuy� en enero a prolongar el proceso de paz.
Los compromisos que tomaron para sostener los laboratorios de paz se
inscriben en esta perspectiva. La ruptura pone en peligro su rol.
En contraste, es muy probable que la agravaci�n de la situaci�n suscite
una intervenci�n mayor por parte de los Estados Unidos. Si la ayuda
militar que han proporcionado estaba destinada a combatir los cultivos de
la droga, �sta podr�a ser utilizada de ahora en adelante contra las
guerrillas. En este sentido, los Estados Unidos dieron un primer paso
anunciando algunas medidas para proteger el principal oleoducto. Una
intervenci�n directa no est� en el orden del d�a, pero una ayuda mal
dise�ada a la modernizaci�n de la armada podr�a contribuir al escalamiento
del conflicto.
Motivaciones estrat�gicas m�s amplias no parecen ser ajenas a la actitud
de los Estados Unidos. Adicionalmente a los riesgos de desestabilizaci�n
que la confrontaci�n colombiana conlleva para los fr�giles pa�ses vecinos,
la inestabilidad de la coyuntura del Oriente Medio incita a los Estados
Unidos, seg�n las propias declaraciones de sus responsables, a asegurar
reservas petroleras en la zona andina.
Sin embargo, su prioridad perdura en el combate contra el tr�fico de
droga, mayor factor de desestabilizaci�n. A este punto ser�a urgente que
los Estados Unidos tomaran conciencia del fracaso de sus programas contra
los cultivos de droga y que Europa admitiera que los microproyectos
de sustituci�n de cultivos il�citos no responden a la magnitud del problema.
En un momento en el cual, en el marco de la lucha contra el terrorismo,
los grandes pa�ses declaran poner en el orden del d�a medidas contra las
redes de lavado de dinero y el tr�fico ilegal de armas, ser�a tiempo
tambi�n de que asumieran las consecuencias del principio de
corresponsabilidad en la econom�a de la droga. Deber�an reconocer que
Colombia es la gran v�ctima de pol�ticas en gran medida hip�critas y en
todo caso ineficaces.
La internacionalizaci�n de la guerra podr�a tener consecuencias
lamentables. M�s que nunca es la internacionalizaci�n de un proceso de
negociaci�n que debe ser la prioridad de los pa�ses amigos.
3. A lo largo de los �ltimos 20 a�os, los colombianos siempre
demostraron que no cre�an en las soluciones de fuerza y prefer�an recurrir
a las transacciones y a los compromisos.
Igualmente apoyaron las reformas pol�ticas de 1991 y manifestaron con
sus votos a lo largo de los a�os 90 que quer�an ante todo la paz. No han
dejado de contradecir a quienes se obstinan en ignorar los elementos de
una cultura democr�tica y tolerante en el seno de la poblaci�n.
En cuanto al r�gimen, lo m�nimo que se puede decir es que no corresponde
en absoluto a uno de tipo autoritario. Su responsabilidad radica sobre
todo en no haber hecho nada para remediar la situaci�n de abandono en la
que se encuentran las regiones de colonizaci�n. Es evidente que las
Fuerzas Armadas cometieron directamente o dejaron cometer numerosas
violaciones de derechos humanos, dejando que los paramilitares actuaran a
su antojo. Sin embargo, no existen muchos pa�ses en guerra donde las
autoridades judiciales hayan intentado perseguir a algunos de los
presuntos culpables, as� fuese con resultados limitados.
Nadie puede ignorar la constante perseverancia por parte del
presidente Pastrana al perseguir contra viento y marea su pol�tica de paz.
La paradoja es que, lejos de aprovechar estas condiciones para contribuir
a promover las reformas indispensables, las guerrillas parecieron
apostarle ante todo a una estrategia militar, actitud que no pod�a sino
reforzar la convicci�n de los detractores de una soluci�n negociada. Ellas
quisieron ignorar el nuevo contexto internacional engendrado por la
lucha antiterrorista. El resultado est� ahora a la vista de todos.
Estamos convencidos de que no hay una soluci�n militar a la
situaci�n colombiana y que la escalada de la guerra s�lo conllevar�a
perdedores: la poblaci�n, los combatientes de buena fe y la democracia. Es
el futuro de Colombia que, por mucho tiempo, estar� en juego. Quedan
todav�a algunas horas, algunos d�as para que otras opciones surjan.
Mientras todav�a sea posible, la comunidad internacional debe lanzar,
de acuerdo con el Gobierno colombiano, un llamado serio y urgente para
detener una evoluci�n suicida, proponer sus buenos oficios, preservar la
posibilidad de contactos discretos con la insurgencia. Ella debe apoyar un
plan de largo plazo para poner en marcha las reformas sociales e
institucionales necesarias. Este es el costo de la paz.
Firman
Red Universitaria Europea por Colombia
3 de marzo, 2002
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cortesia de Anibal Monsalve Salazar