Les envio este artículo de la La Vanguardia de España, con los 
comentarios de mi amigo Melvin Saénz

C.R.

Amigas y amigos: desde ya les pido disculpas pues estoy seguro que 
algunas y algunos de ustedes pensarán que no tiene mucho sentido el 
que sean transcritos artículos de prensa en nuestra Lista. Yo, al 
contrario, creo que si es conveniente y necesario como un aporte 
para enfilar las discusiones y conocer otros puntos de vista que 
trascienden a nuestra membresía. Hace un momento, revisando La 
Vanguardia de Barcelona me encontré una joya de comentario efectuado 
por el periodista español Joaquín Ibarz, corresponsal del medio en 
México y nada sospechoso de derechista pepeista o panista. Es más, 
conozco sus profundas convicciones progresistas. Por eso, he sentido 
que es muy oportuno compartir el artículo que les menciono. Es que 
cae como anillo al dedo en relación con el tema de la participación 
de algunos sectores académicos e intelectuales costarricenses en la 
campaña antidemocrática actualmente en curso en el país. Ojo: el 
análisis de Ibarz, Enrique Krause y Luis González de Alba se puede 
aplicar con rigurosidad a aquellas y aquellos que juegan 
de "progres" y se embarcan en una aventura totalitaria que está 
condenada al fracaso. Es que al final de todo esto, estoy seguro, el 
pueblo sabio distinguirá y prevalecerán las instituciones de la 
democracia.

Saludos,

Melvin
 
 
Intelectuales mexicanos entregados a la causa antidemocrática
Joaquim Ibarz
Corresponsal en México

05/10/2006 - 21.14 horas 

Escritores de renombre, pintores famosos, escultores de prestigio, 
académicos ilustres, periodistas de brillante trayectoria forman 
parte de la estrategia de desestabilización política y destrucción 
de las instituciones democráticas mexicanas. A través de la prensa, 
radio y televisión, reconocidos intelectuales pregonan cuanto 
concepto sirva para confundir a la población y desprestigiar la 
victoria en las urnas de Felipe Calderón. Numerosos columnistas 
siguen defendiendo la causa de Andrés Manuel López Obrador, el 
candidato derrotado que se autoproclamó "presidente legítimo" y que 
mandó al diablo a las instituciones. En cada uno de sus escritos, 
hacen lo posible para convencer al público de que en México se ha 
cometido un fraude monumental electoral, que sólo ellos vieron.

Un buen número de esos intelectuales se separó de López Obrador 
cuando el Tribunal Federal Electoral proclamó a Felipe Calderón 
presidente electo; otro grupo se alejó cuando el cacique populista 
ordenó el bloqueo –que duró 47 días- del Centro Histórico y de 
varias de las avenidas más emblemáticas de la capital. Unos más 
rompieron cuando el candidato derrotado anunció que el 20 de 
noviembre se autoimpondrá la banda presidencial. 

Sin embargo, todavía existe un buen número de intelectuales que 
siguen poniendo su pluma y talento al servicio de López Obrador, 
apoyando y realzando las iniciativas más disparatadas. A pesar de 
que la realidad ha puesto al descubierto sus últimos sofismas, se 
niegan a admitir que la intransigencia y falta de cordura es cada 
día mayor en el líder del Partido de la Revolución Democrática 
(PRD). Escritores, académicos y artistas siguen apoyando posiciones 
públicas contrarias a los principios de la izquierda democrática. E 
incluso respaldaron que se chantajeara al Estado por medio del 
estrangulamiento económico del centro de Ciudad de México para 
forzar a reconocer una victoria que no se obtuvo en las urnas. 

Al desconocer los dictámenes de los órganos electorales, al mandar 
al diablo a las instituciones nacionales, al rechazar al presidente 
elegido por los ciudadanos, al calificar a Felipe Calderón 
de "espurio", "títere" y "pelele", y al anunciar que no obedecerán 
su mandato, López Obrador y sus corifeos están traspasando la raya 
de la legalidad. Obcecados, faltos de prudencia y conciliación, al 
respaldar la patochada del "presidente legítimo" han dado un paso 
peligroso contra la paz y tranquilidad de la República. Parece que 
se está apostando a contra peor, mejor. Escritores y articulistas 
que supuestamente deberían orientar a la opinión pública, continúan 
induciendo y envolviendo a sus lectores y oyentes para que acepten 
como ciertas las falsas argumentaciones de López Obrador. Con una 
persistente campaña de críticas y difamaciones contra el Instituto 
Federal Electoral (IFE) buscan confundir a la gente para demoler la 
credibilidad de esta institución, que había ganado un sólido 
prestigio en toda América Latina. 

Por su parte, el IFE, la presidencia y los partidos que aceptaron el 
resultado electoral han sido incapaces de implementar una política 
mediática capaz de desactivar el alud de engaños, medias verdades y 
mentiras completas sobre las que se construyó el espantajo del 
supuesto fraude. Algunos medios de comunicación actuaron con cierta 
irresponsabilidad al hacerse eco –sin un mínimo distanciamiento- de 
todos los pronunciamientos de López Obrador, actuando como caja de 
resonancia de denuncias e injurias. 

El comentarista Ricardo Alemán señala que "al invento de un supuesto 
fraude" se sumaron los intelectuales y académicos que en anuncios a 
toda página habían anticipado su voto a favor de López 
Obrador. "Estos intelectuales –afirma Alemán- pusieron imagen y 
prestigio al servicio no de la verdad, no de la razón, no de las 
instituciones y menos de la democracia, sino al servicio de sus 
causas personales, de sus frustradas ambiciones de poder. El 
escándalo creció a niveles insospechados, de insensatez, al grado de 
que en este momento es difícil que Felipe Calderón pueda gobernar 
sin el estigma de ilegítimo".

Lo que sorprende es que buena parte de intelectuales y académicos 
que antaño se decían promotores de la democracia electoral y de la 
fortaleza de las instituciones como condición indispensable para 
unos comicios transparentes, rechacen ahora el escrutinio. Cuando ya 
existe un IFE en manos de los ciudadanos y las elecciones no son 
manejadas y controladas por el gobierno, académicos y periodistas 
parecen no querer dejar atrás las viejas formas, los viejos estilos; 
pidieron acuerdos políticos por encima de las reglas electorales y 
de las instituciones creadas precisamente para acabar con esas 
formas extralegales, e incluso demandaron a los magistrados del 
Tribunal Federal Electoral que tuvieran una "sensibilidad política" 
por encima del resultado que dieron las urnas. 

"No se trata de ignorantes que desconozcan lo que está ocurriendo. 
Esos intelectuales y académicos ponen la pasión por sobre de la 
razón porque son incapaces de reconocer su equívoco. Lo que importa 
es su interés personal, más que la realidad", subraya Alemán.

En declaraciones a este Diario de América Latina de "La Vanguardia", 
el historiador Enrique Krauze, fundador y director de la 
revista "Letras Libres", afirma que los intelectuales que apoyan a 
López Obrador "han jugado un papel lamentable, en la medida en que 
la vocación y la misión del intelectual siempre debe tener un 
fundamento crítico, crítico del poder o de los poderes; en este 
caso, supeditaron la autoridad moral e intelectual que habían 
acumulado al poder de un caudillo carismático. Esta es una actitud 
siempre reprobable en un intelectual". 

Según Krauze, un intelectual no está para sumar su pequeño poder al 
gran poder sino para diferenciarse y distanciarse de las 
autoridades, y criticarlas.

Intelectuales que han luchado por la democracia mexicana y que 
combatieron el totalitarismo del Partido Revolucionario 
Institucional (PRI), que durante 71 años monopolizó el poder en 
México, apoyan ahora a un político que cada día patea el tablero 
democrático. A petición del firmante de este trabajo, Krauze expone 
las causas del comportamiento de los intelectuales que siguen 
apoyando a López Obrador: "Veo dos razones que pueden explicar ese 
respaldo de un sector de los intelectuales a favor de López Obrador. 
Una, por una propensión ideológica, por lo visto incurable, en el 
intelectual mexicano y en algunos intelectuales latinoamericanos. 
Ven la realidad con el prisma distorsionante de la ideología. Estos 
intelectuales mexicanos no han pasado todavía por el periodo de 
autocrítica, no se han dado cuenta de que de verdad cayó el muro de 
Berlín, y no se han enterado de que de verdad China y la India han 
optado por un camino de gran crecimiento a través del mercado".

Krauze, autor de un polémico y divulgado ensayo sobre la 
personalidad caciquil de López Obrador, titulado "El mesías 
tropical", resalta que en el siglo XX parte de los intelectuales 
siempre han sentido una fascinación por el poder: "No solo con el 
poder, sino con el poder tiránico. Ocurrió con Hitler, ocurrió con 
Stalin, ocurrió con Lenin, ocurrió con Mussolini. Ahora queda claro 
que la fascinación por el hombre fuerte sigue siendo uno de las 
enfermedades morales del intelectual, no sólo en América Latina, 
sino en todo Occidente".

En opinión de Krauze, en algún caso particular se trata de un 
desvarío romántico o de una especie de "embriaguez con la historia". 

"Ese intelectual, artista, académico o escritor, cree ver en la 
historia un libreto de las masas, parecido al que tiene López 
Obrador en la cabeza", señala Krauze. Y añade: "Este tema lo he 
abordado en un artículo que aparece en "Letras Libres". Un libreto 
en el que hay buenos y malos, hay opresores y oprimidos. Se trata de 
una vaga lectura marxista. Se trata de una esquizofrenia o de una 
especie de romanticismo hacia el hombre que consideran bueno, 
impoluto, sincero y honesto, que está a favor del pueblo. Están muy 
involucrados en ese proyecto, incluso en un nivel muy personal. 
Incluso pueden sentir cariño personal hacia López Obrador. Es una 
razón. Pero en el fondo creo que se trata de una lectura romántica 
de la historia. Además, muchos de esos artículos y declaraciones 
están llenos de sofismas históricos, que no tienen nada que ver con 
la tradición democrática y liberal. Se propugna una especie de 
socialismo trasnochado que casa muy bien con la imagen que López 
Obrador quiere proyectar de sí mismo". 

Krauze subraya que la manera cómo esos intelectuales se entregaron a 
la causa de López Obrador es "francamente imperdonable". Y expone 
sus razones: "Dejaron de ser servidores de la verdad para 
convertirse en servidores del poder. Es un desprecio a la verdad 
objetiva que según George Orwell fue la más lamentable enfermedad de 
muchos intelectuales, que cerraron los ojos ante la realidad 
empírica. Me refiero a Sartre y a tantos intelectuales que se 
enamoraron de las causas del socialismo real, y algunos también se 
enamoraron de las causas del nazismo. Es una vieja historia. Pero en 
México hay un elemento más a tener en consideración: el 
resentimiento social, político, económico provoca en las personas 
distorsiones en la objetividad. El resentimiento genera graves males 
visuales y morales en la gente. Eso también es aquí un factor a 
considerar. Les habrían prometido cargos, importancia. Uno no se 
explica los resentimientos sociales porque en México los 
intelectuales son reverenciados. En el fondo, es la fascinación por 
el poder lo que los ha marcado. Va a costar mucho tiempo que se 
repongan. Porque las mentiras, las falsedades, las medias verdades 
que han dicho ya quedaron escritas o grabadas, quedaron consignadas. 
Han pretendido cargarse las escasas y frágiles instituciones 
democráticas de México. Eso es grave".

En el ensayo "Fango sobre la democracia", que Roger Bartra publicó 
en "Letras Libres" del pasado mes de setiembre, el antropólogo e 
investigador emérito señala que una parte significativa de la 
intelectualidad escorada hacia la izquierda ha perdido el 
equilibrio, la independencia y la serenidad. "A muchos 
intelectuales –escribe Bartra- les ha ocurrido lo mismo que a las 
corrientes socialdemócratas y reformistas modernas del PRD y de 
otros partidos: fueron cautivados por el espejismo populista y han 
sido integrados como parte orgánica de un "proyecto alternativo de 
nación" que parece sacado de un viejo baúl de recetas añejas de 
medio siglo. Me pregunto qué es lo que pudo fascinar a cientos de 
artistas y escritores que apoyaron el "proyecto alternativo" de 
López Obrador, donde, bajo el signo de un juarismo (de Benito 
Juárez) trasnochado, ofrece una mixtura de medidas económicas 
conservadoras (bajar los impuestos), nacionalistas (frenar las 
maquiladoras) y anticuadas (basar el desarrollo en el petróleo, la 
electricidad y la construcción)". Se trata, sigue diciendo el 
articulista, de una regresión al asistencialismo que trata a los 
pobres como si fueran minusválidos, enfermos o ancianos. "Es un 
proyecto donde lo único que se afirma, patéticamente, sobre la 
cultura de México, es que "ha sobrevivido a todas las desgracias de 
su historia" y es nuestra "fuerza y nuestra señal de identidad"". 
Bartra recuerda que algunos de estos intelectuales, que ahora 
critican al subcomandante Marcos, estuvieron ayer tan fascinados por 
el neozapatismo como hoy lo están por López Obrador y su populismo.

Bartra, intelectual que siempre ha militado en esa izquierda no 
dogmática tan difícil de encontrar en México, explica que es 
comprensible la enorme irritación que han sentido muchos 
intelectuales ante, entre otras cosas, la penosa actitud cerril del 
presidente Fox frente al mundo de la cultura. Pero también subraya 
que deberían evitar que su indignación impulsara el renacimiento del 
aquel viejo rencor nacionalista que, en nombre de la Revolución, 
estaba decidido a bloquear a toda costa el camino de cualquier 
alternativa que no fuera la suya. López Obrador, recurriendo a 
Benito Juárez, lo ha dicho claramente: "El triunfo de la derecha es 
moralmente imposible." "Así es –señala Bartra- como erige un 
fundamento moral superior, por encima del terrenal y democrático 
conteo de sufragios. A la sombra de este fundamentalismo hay quien 
sueña en la caída de un rayo justiciero anulador que auspicie la 
llegada de un presidente bonapartista interino".

Luis González de Alba, un escritor que fue destacado dirigente del 
movimiento estudiantil mexicano de 1968, junto con Bartra es de los 
pocos intelectuales de izquierda que en todo momento ha mantenido 
una actitud crítica hacia López Obrador. En declaraciones a este 
corresponsal, González de Alba dice que una buena parte de 
novelistas, ensayistas, artistas y académicos "han sentido embeleso 
por el caudillo y mesías; no se puede entender de otra manera que 
hombres y mujeres inteligentes aclamen en 2006 lo que combatieron en 
tiempos del PRI. No los avergüenzan ni tan siquiera las citas de 
Stalin que se presentaron ante el Tribunal Federal Electoral para 
intentar probar que las elecciones del 2 de julio no fueron limpias. 
Una y otra vez, los intelectuales dan muestras de doble moral, doble 
rasero, y siguen tan campantes para la próxima ocasión". 

Para González de Alba, esta entrega de los intelectuales a la causa 
de López Obrador es aún más injustificable cuando el candidato 
derrotado del PRD propone un programa que supone la refundación del 
PRI más arcaico, el PRI anterior al de Salinas de Gortari. 

"El programa de López Obrador es el PRI de José López Portillo, de 
Luis Echeverría, y de ahí para atrás. Son las mismas propuestas, el 
mismo lenguaje, la misma oratoria y la misma intolerancia. Todo es 
igual. Yo me pregunto, y se lo he preguntado a amigos cercanos, cómo 
se explica que gente con la inteligencia de fulano y mengano esté 
metida en esta propuesta populista y antidemocrática. No lo 
entiendo", comenta González de Alba.

El escritor recuerda que sus amigos de la revista "Nexos" se 
distanciaron de él porque publicó un texto muy duro sobre López 
Obrador.

"Por López Obrador ha habido pérdidas de amistades. Pero ahora el 
grupo de "Nexos", que estuvo muy cercano a López Obrador, ahora 
hablan de él como si se tratara de un loco".

En febrero de 2005, unos 50 intelectuales mexicano, entre los que 
aparecían otrora adictos al ex presidente Carlos Salinas, 
beneficiarios y amigos del alcalde de la capital, y algunos 
reputados por su lucidez crítica e independiente, respaldaron con su 
nombre un anuncio público en el que llamaban a los diputados del 
Congreso a actuar "en conciencia y con responsabilidad histórica" en 
torno del eventual desafuero e inhabilitación política de López 
Obrador. Afirmaban que "está en juego la legitimidad de las 
elecciones de 2006". En el tercer párrafo del texto se 
decía: "Estamos en un momento definitorio para el futuro de la 
democracia, que exige como prioridad fortalecer las instituciones, 
en vez de socavarlas". 

Esos intelectuales no han salido ahora en defensa de las 
instituciones que pretende socavar y destruir López Obrador. El 
candidato derrotado no para de atacar y vilipendiar a las más altas 
instancias del Estado. Al presidente Fox le llama "traidor a la 
democracia", "faccioso"; al fiscal general lo califica de "cínico e 
hipócrita". Durante años ha descalificado al Poder Judicial, al 
Legislativo y al Ejecutivo. No ha mostrado el menor respeto para las 
leyes que no le eran favorables. Los intelectuales que firmaron 
aquella y otras proclamas nunca hicieron un llamamiento a López 
Obrador a la sensatez, al respeto y consolidación de las 
instituciones.

González de Alba fue estigmatizado por amigos y compañeros por 
escribir que había que dejar a los jueces que se pronunciaran sobre 
los supuestos delitos cometidos por López Obrador, que dieron pie a 
que se iniciara el procedimiento del desafuero. ""Si hay un delito a 
revisar, ya lo dirá un juez", escribí. Eso causó distancia grande 
con mis amigos. Pero ahora sí noto que hay gente que ha repensado el 
asunto, que se plantea como pudieron apoyar a ciegas a una persona 
que nunca ha respetado leyes e instituciones. Las instituciones de 
México son fuertes, por lo que no le van a permitir hacer las cosas 
extremas que anda diciendo". 

González de Alba hace una distinción entre los intelectuales que 
apoyaron a López Obrador y que ahora se han distanciado al comprobar 
que no tiene principios democráticos, y los que lo siguen 
respaldando aún después del fallo del Tribunal Electoral. 

"No me explico como un intelectual puede apoyar a un político que se 
autoproclama "presidente legítimo" en una asamblea en la que se vota 
a brazo alzado. Quizá lo explique su exceso de vanidad. Piensan que 
no pudieron haberse equivocado como se equivocaron de forma tan 
redonda. Veo muy bajo el nivel intelectual y de honradez de estos 
escritores, artistas y académicos. Todos o casi todos los que 
reclaman el "voto por voto" apostaron todo su capital por un 
candidato; el que resultó derrotado. Junto con la penosa exhibición 
que todos los días nos ofrece ese candidato perdedor, el tiempo pone 
y pondrá a cada quien en su sitio", declara González de Alba.







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