Denuncia por conflictos de intereses

Vinicio Chacón
Redactor Semanario Universidad
22-02-2007

Las jefas de fracción del Partido Liberación 
Nacional (PLN) y del Movimiento Libertario (ML) 
han tenido que responder la demanda de partidos 
oposición y organizaciones sociales de que se 
abstengan de votar el Tratado de Libre Comercio 
entre Centroamérica y Estados Unidos (TLC) por 
posibles conflictos de intereses.

El primero en reventar fue el caso de Evita 
Arguedas, quien fue cuestionada por el diputado 
de Acción Ciudadana (PAC) Alberto Salom, pues 
"tiene participación accionaria en tres empresas 
COMUNICA M Y T S.A., MULTISERVICIOS DE 
COMUNICACIONES R.F. S.A. y GRUPO CONTINENTAL S.A 
que juntas suman 138 concesiones en las 
denominadas frecuencias "comerciales relevantes" 
entre los 800 -900 MHz. Para desocupar las 
bandas, el Estado tendría que indemnizar a los 
concesionarios de esas frecuencias", según señala 
un comunicado oficial del PAC, fechado el 7 de 
febrero.

Salom elevó una consulta sobre este caso a la 
Procuraduría General de la República, la 
Contraloría General de la República y el 
Procurador de la Ética.
Días después, el 14 de febrero, el Secretario 
General de la Asociación de Empleados Públicos y 
Privados (ANEP), Albino Vargas, con el de la 
Unión de Empleados de la Caja Costarricense del 
Seguro Social (UNDECA), Luis Chavarría, y el 
diputado del Frente Amplio José Merino, 
presentaron una denuncia por posible conflicto de 
intereses en el caso de la diputada 
liberacionista y jefa de fracción María de los 
Ángeles Antillón.

La acusación contra Antillón se basa en que el 
bufete de su esposo, el abogado Luis Pal Hegedus, 
trabaja el tema de propiedad intelectual y la 
representación de varias casas farmacéuticas 
extranjeras en el país.
De acuerdo con el texto de la denuncia, entre los 
clientes del Bufete CastroPal figuran empresas 
como Pfizer Inc, Quill Medical Inc, Wyeth de 
E.U.A. y Warner-Lambert Company LLC de E.U.A.

"Según diversas publicaciones del diario oficial 
La Gaceta, los señores Pal y Castro han tramitado 
la inscripción de patentes de invención de las 
citadas empresas y otras del sector farmacéutico 
(...) En particular, según certificación del 
Registro Nacional, el señor Luis Pal Hegedus 
tiene un poder concedido por PFIZER PRODUCTS INC: 
'para ser ejercido en Costa Rica, limitado a 
actuaciones relacionadas con asuntos de propiedad 
intelectual de la corporación, especialmente pero 
sin limitarse a la prosecución y defensa de 
patentes de invención, ya fuera en sede 
administrativa, registral o judicial'", añade el 
texto.

Durante la presentación de la denuncia, Vargas 
afirmó que ésta es producto de "una gran 
investigación, reiteramos que la diputada Mayi 
Antillón debe abstenerse de votar el TLC porque 
su esposo es socio de un bufete que representa a 
la transnacional farmacéutica Pfeizer, que se 
beneficiaría del TLC".

El diputado Merino calificó la denuncia como "muy 
seria para el país y para la Asamblea 
Legislativa. Nadie pone en duda que el TLC, en 
cuanto a propiedad intelectual y medicamentos, de 
ser ratificado significará gigantescas ganancias 
para las transnacionales. No es casualidad que la 
compañía Pfeizer haya estado registrando en los 
últimos meses exponencialmente nuevas solicitudes 
de patentes, en espera de que se apruebe el TLC".

"Hay una relación directa entre la jefa de 
fracción del PLN y su esposo, representante de 
compañías farmacéuticas. De momento, para la 
salud democrática de este país, en un momento en 
que el TLC puede llevar a serias confrontaciones 
sociales en Costa Rica, en aras de la paz social 
y tranquilidad pública, diputados o diputadas que 
tengan evidentes conflictos de intereses entre 
sus intereses privados y su función pública, 
deben abstenerse de aplicar leyes", agregó.

"CACERÍA DE BRUJAS"

Antillón, durante la conferencia de prensa del 
Consejo de Gobierno de ese mismo día, buscó 
aclarar que "mi esposo en un profesional liberal, 
tiene su bufete, trabaja en propiedad intelectual 
desde hace más de 15 años, representa una empresa 
transnacional y decir que con eso beneficia a la 
diputada Antillón me parece que están hilando muy 
delgado, nadie entonces en este país podría 
desarrollar ninguna actividad, porque las 
vinculaciones entre todos nosotros van a hacer 
que todo sea perverso y que tenga un conflicto de 
intereses".

"Con toda transparencia digo que me pueden 
investigar, pueden saber quién soy, mi 
trayectoria habla de quién es Mayi Antillón, lo 
mismo mi esposo; por lo tanto el caer en esta 
cacería de brujas que se busque ensuciar el 
nombre de una persona como yo o mi esposo para 
hacer que no vote el TLC, yo no voy a caer en ese 
juego", añadió.

También subrayó que "en la cartera de clientes de 
mi marido, gracias a Dios se ha pulido mucho en 
su vida para ser quién es, no solamente son tres 
empresas sino muchas, no solamente del sector 
farmacéutico, sino de muchas más. Me parece que 
eso no viene al caso. Para quienes están en 
contra del TLC cualquier tipo de empresas que 
venga al país va a ser nocivo y por lo tanto 
quienes estemos dando el sí al TLC nos vemos 
enriquecidos, le pido al pueblo de Costa Rica que 
no caigamos en la cacería de brujas".

En un comunicado oficial, Antillón enfatizó que 
"están hilando muy delgado y actuando de muy mala 
fe. Con estos argumentos,....entonces, nadie 
podría en este país vincularse profesionalmente 
con ninguna actividad porque sería algo perverso. 
El propósito es claro: primero atemorizar a los 
diputados mediante el chantaje moral para, luego, 
tratar de deslegitimarlos en su acción como 
parlamentarios".

Por su parte, Arguedas manifestó a UNIVERSIDAD 
que "sólo es una compañía la que opera las 
frecuencias y en un nicho de frecuencias que es 
precisamente de radiocomunicación. Mundialmente, 
la Unión Internacional de Telecomunicaciones, 
tiene en la banda del espectro cuáles sirven para 
tecnología celular y la banda que tiene la 
empresa que yo fundé no opera en esas bandas".

Arguedas hizo referencia a una carta del 
Ministerio de Comercio Exterior (COMEX) que 
señala que servicios inalámbricos como "radio 
enlaces, televisoras, servicios de 
radiocomunicación troncalizada u otros, no están 
cubiertos por este compromiso de apertura".
La diputada libertaria consideró que "para que 
haya un conflicto de intereses tiene que haber un 
evidente y directo lucro, o ánimo de lucro. El 
TLC es una ley amplia y la Ley General de 
Telecomunicaciones es una ley de interés difuso, 
general. Habría que pensar en los 57 diputados y 
como se afecta hasta el tercer grado de 
consanguinidad, todos tendrían a favor o en 
contra sus propias actividades o de sus familias 
que se beneficien o se perjudiquen con el TLC".

"Ya dije, cuando Alberto Salom inició el 
cuestionamiento por conflicto de intereses de mi 
parte y que no podía votar el TLC, que esto es 
una persecución y una cacería de brujas, es una 
manera de afectar políticamente la función 
legítima del legislador", declaró Arguedas.

Por su parte, Salom consideró que la explicación 
de Arguedas es "truculenta y ella lo sabe", pues 
"cualquier técnico del ICE puede explicar que es 
relativamente sencillo convertir las frecuencias 
que ella tiene en frecuencias de telefonía 
celular, con sólo modificar lo que llaman los 
transeptores, transmisores y receptores a la vez".

El diputado del PAC cuestionó la misiva del COMEX 
pues a su entender, las frecuencias en cuestión 
"son de telecomunicaciones inalámbricas y por lo 
tanto entran dentro de lo escrito en la carta 
paralela emitida por Alberto Trejos".

"Aún sin convertir, esas frecuencias son 
apetecibles ante la eventual aprobación del TLC. 
Vendrán empresas transnacionales, como la empresa 
de taxis Yellow Cab, que ya tiene inscrita la 
marca, que perfectamente podrían solicitar al 
amparo de esa carta paralela la disponibilidad de 
una frecuencia, con lo cual las frecuencias que 
ella tiene, sea para celulares o frecuencias 
privadas de telecomunicación en circuito cerrado, 
van a cotizarse extraordinariamente", señaló.
El congresista consideró que las denuncias contra 
Antillón y Arguedas ya están teniendo 
consecuencias sensibles en el congreso, porque 
"han respondido de la peor manera, asumiendo una 
actitud evidentemente defensiva y tratando de 
enredar, de lanzar una cortina de humo de lo que 
es la figura del conflicto de intereses, que lo 
quieren convertir en la relación que un diputado 
tiene con cualquier tema. La figura del conflicto 
de intereses tiene que ver con la tramitación, 
sanción, legislación que hace que un diputado o 
cualquier funcionario tenga poder en una materia 
pueden derivar intereses pecuniarios, si no es 
así entonces la figura del conflicto de intereses 
no significa nada. Si todos tenemos intereses en 
el sentido en que ellos quieren explicar, 
entonces para qué existe el artículo 48 de la Ley 
contra la Corrupción".

MARCO LEGAL

El artículo 48 de la Ley Contra la Corrupción y 
el Enriquecimiento Ilícito señala que, "será 
sancionado con prisión de uno a ocho años, el 
funcionario público que sancione, promulgue, 
autorice, suscriba o participe con su voto 
favorable, en las leyes, decretos, acuerdos, 
actos y contratos administrativos que otorguen, 
en forma directa, beneficios para sí mismo, para 
su cónyuge, compañero, compañera o conviviente, 
sus parientes incluso hasta el tercer grado de 
consanguinidad o afinidad (...) o para las 
empresas en las que el funcionario público, su 
cónyuge, (...) posean participación accionaria, 
ya sea directamente o por intermedio de otras 
personas jurídicas en cuyo capital social 
participen o sean apoderados o miembros de algún 
órgano social. (...)"

Al respecto, el abogado administrativista Jorge 
Enrique Romero expresó que tanto en el caso de 
Evita Arguedas como en el de Mayi Antillón, "hay 
una violación absolutamente clara y rotunda al 
artículo 48 de la Ley Contra la Corrupción y el 
Enriquecimiento Ilícito, si creen que porque son 
parte de la cúpula del poder no les van a hacer 
nada, eso ya tiene que ver con corrupción 
política".

Para Romero, quien dirige el Instituto de 
Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UCR, ya las 
diputadas estarían en violación de este artículo 
desde el momento en que participaron del dictamen 
del TLC en la Comisión de Asuntos Internacionales.
"La denuncia de los sindicatos es absolutamente 
cierta y si hubiera ética de parte de esas 
diputadas, voluntariamente se abstendrían de 
votar el TLC, pero ya manifestaron que no se van 
a abstener", puntualizó.

Romero recomendó que "el PAC y grupos sociales 
deberían interponer denuncias ante la 
Contraloría, la Procuraduría de Ética Pública y 
la Sala Constitucional, para que estas diputadas 
y otros que puedan estar en situación similar no 
puedan votar el TLC". 

Las viejas andadas de las farmacéuticas

En la edición No. 1667 del pasado 25 de mayo, 
UNIVERSIDAD denunció la posible injerencia que el 
dinero proveniente de las empresas farmacéuticas 
podría tener en el esfuerzo en pro del TLC.
Esa información citó una nota del New York Times 
del 2003, en la que se denunciaba que un grupo 
denominado Pharmaceutical Research and 
Manufacturers of America (PhRMA), el cual recibe 
financiamiento de sus 66 compañías miembros, 
había presupuestado $17,5 millones "para luchar 
contra control de precios y proteger derechos de 
patente en otros países y en negociaciones 
comerciales".

Por otra parte, UNIVERSIDAD obtuvo copia de una 
carta enviada por 15 congresistas estadounidenses 
a la Representante Comercial de los Estados 
Unidos, Susan Schwab, con fecha del 14 de junio 
del año pasado.

En la misiva, los congresistas critican el hecho 
de que "en todos los acuerdos de libre comercio 
(...) la Administración ha incluido reglas para 
proteger los datos de prueba, aún cuando tales 
reglas no se incluyen en el acuerdo de la 
Organización Mundial del Comercio Sobre Aspectos 
relacionados al Comercio de la Propiedad 
Intelectual. En la práctica, estas reglas pueden 
estirar los monopolios de las compañías 
farmacéuticas más allá de la ventana de cinco 
años que provee la ley de los Estados Unidos 
(...) las alternativas genéricas se podrían 
atrasar 10 años o más".

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