Reportaje de El País, de España

EL TLC CON EE UU HACE DUDAR A COSTA RICA

El Gobierno de Arias impulsa la ratificación, 
pero una férrea oposición y el tiempo apremiante 
podrían convertir al país en el primero en 
atreverse a rechazar un acuerdo con Washington

ÁLVARO MURILLO - San José - 20/03/2007

La discusión sobre el tratado de libre comercio 
(TLC) entre Estados Unidos y Centroamérica y 
República Dominicana ha puesto a hervir a Costa 
Rica, un país más bien perezoso. El tira y afloja 
sobre la conveniencia de dicho acuerdo comercial 
y su ratificación en el Congreso se prolonga y 
calienta, mientras los empresarios ansían que se 
rompa el monopolio de las telecomunicaciones, que 
se abra el mercado de los seguros, que se 
concedan más ventajas a los inversores... que 
dejen de discutir.

Porque en Costa Rica es difícil pasar algunas 
horas sin oir al Gobierno presionando para lograr 
la ratificación del TLC, a los sindicatos 
denunciando el desmantelamiento del Estado, a los 
diputados opositores alargando el debate y a los 
empresarios clamando por privilegios para 
exportar al mercado más apetecido del mundo.

Costa Rica duda entre conservar su Estado 
protector o subirse a la ola de los TLC a la 
americana. Es un dilema contrarreloj, ya que 
marzo de 2008 será el límite para que Costa Rica 
se enganche a una locomotora que ya tira de los 
vagones de cuatro países centroamericanos y de 
República Dominicana.

El país menos pobre Centroamérica lleva ya cuatro 
años hablando de lo mismo, un tiempo que ha 
resultado ventajoso para los opositores, como 
demuestra la más reciente encuesta sobre el apoyo 
popular al TLC. Cinco meses bastaron para que el 
porcentaje de respaldo pasara del 51% al 35%, 
según un estudio encargado por el diario La 
Nación, cuya línea editorial favorece la 
ratificación del tratado.

Los opositores crecieron sólo dos puntos (un 
26%), pero son muchos más quienes asumieron al 
pie de la letra la frase "take your time" 
("tómense su tiempo") que Bush pronunció en 2005 
dirigiéndose al entonces mandatario 
costarricense, Abel Pacheco. Efectivamente, un 
31% quiere seguir tomándose la mayor cantidad de 
tiempo.

Pero a Costa Rica le urge la puesta en práctica 
del acuerdo, según asegura el actual presidente, 
Óscar Arias, que se ha confesado aburrido pero no 
cansado de empujar el TLC en un Congreso 
caracterizado por la maraña reglamentaria, donde 
en apariencia hay votos suficientes para la 
ratificación. El oficialista Partido Liberación 
Nacional (PLN, socialdemócrata) labró una alianza 
al parecer suficiente, al menos para vencer en el 
legislativo al opositor Partido Acción Ciudadana 
(PAC), que estuvo a punto de arrebatarle las 
pasadas elecciones con su discurso contrario al 
TLC.

La marcha del tratado en el Congreso, sin 
embargo, ha sufrido pequeños golpes, debido a 
pronunciamientos jurídicos contra la forma y el 
límite del reglamento; el acuerdo ha sido 
tramitado bajo la guía del propio hermano de 
Óscar Arias, Rodrigo. El criterio final, sin 
embargo, estará en manos del Tribunal 
Constitucional, un órgano de alto poder cuyos 
magistrados tampoco está exentos de connotaciones 
políticas.

Y la calle es aún más dura. Al rechazo de los 
sindicatos y del PAC se han sumado grupos 
ecologistas universitarios y académicos, 
incluidas altas autoridades de las universidades 
estatales. Hay también algunos empresarios, 
colectivos de agricultores e incluso sacerdotes 
que han ido más allá de la posición episcopal de 
"ni a favor ni en contra". Entre los políticos 
opositores están, además de la marginal 
izquierda, algunos líderes del partido 
socialcristiano y varios exdirigentes del PLN, 
que ahora lo tildan de "neoliberal".

Los opositores dieron una muestra de su fuerza el 
pasado 26 de febrero, dos días después de 
realizada la última encuesta. Con más símbolos 
que argumentos, se lanzaron a las vías más 
céntricas de la capital de un país 
desacostumbrado a las marchas masivas. Más de 
25.000 manifestantes -unos 50.000, dijeron 
algunos organizadores- echaron mano de símbolos y 
de ciertos argumentos olvidados para recordar a 
los diputados el coste que tendrá una eventual 
ratificación del TLC.

Los primeros razonamientos contra del acuerdo 
criticaban la desigual competencia que surgirá 
entre los agricultores costarricenses y la 
subsidiada agroindustria estadounidense, así como 
el cambio de las reglas en el mercado de las 
medicinas, a favor de las compañías farmacéuticas.

Leña para la hoguera ha supuesto la inclusión de 
la ruptura del monopolio estatal de las 
telecomunicaciones y de seguros como uno de los 
compromisos del TLC, una obligación que hasta el 
mismo Óscar Arias ha calificado como un error.

Lo cierto, como han reconocido incluso los 
opositores, es que el TLC fijaría condiciones 
preferenciales de acceso al mercado 
estadounidense; ahora dependen de la Iniciativa 
para la Cuenca del Caribe (ICC), un programa 
unilateral que Washington puede retirar cuando se 
le antoje.

También se facilitarían las condiciones para 
inversores extranjeros, cuya aportación, según el 
Gobierno, influirá automáticamente en la 
generación de decenas de miles de empleos.

Los mitos y las influencias extranjeras tampoco 
han estado ausentes de las campañas, tanto de 
opositores como de impulsores del TLC. Nombres 
propios como "Cuba", "Chávez" y "Washington" son 
ya familiares en el discurso de unos y otros. 
Hasta el Vaticano se vio impregnado de TLC cuando 
Arias aseguró que el ex secretario de Estado 
Angelo Sodano enviaría a los prelados 
costarricenses una carta en la que tomaría 
posición sobre el TLC.

Al debate se suman acusaciones sobre posibles 
conflictos de interés, roces con la Constitución 
y proclamas patrióticas, condicionamientos 
políticos, postergaciones, campañas millonarias y 
amenazas de "confrontación social". La 
polarización se ha acentuado entre el sí y el no, 
en un debate sin grises porque "es más fácil 
cambiar los 10 mandamientos que el TLC", dijo el 
presidente ante la posibilidad de una 
renegociación, como insiste el ex candidato y 
líder opositor Ottón Solís. ¿Rechazar este TLC y 
negociar uno nuevo? Es una posibilidad sujeta a 
demasiadas variables ajenas al control de San 
José, opinan los expertos.

Precisamente el embajador de Estados Unidos en 
San José, Mark Langdale, dijo la semana pasada 
que no ve posibilidad más allá de este TLC, 
aunque reconoció que no entiende todos los 
ángulos de discusión que Costa Rica ha abordado 
y, por lo visto, seguirá abordando durante lo que 
falta de este año.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/TLC/EE/UU/hace/dudar/Costa/Rica/elpepuint/20070320elpepuint_3/Tes

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