Iba camino al cementerio
Los parientes y allegados del difunto transidos de dolor y movidos por la desesperación de perder a su amado, futuro esperanzador de la familia, no se resignaron al dictamen y decidieron sacar al muerto, maquillarlo y presentarlo como si todavía pudiera salvarlos a todos de la deshonra de la derrota. Para ser justos con la historia, cabe decir, a los que no lo saben, que el susodicho nació defectuoso. ¡Sin madre, e hijo de padre genocida!, ¿qué se podía esperar de él? Fue adoptado como hijo legítimo pero todo el pueblo sabía que los allegados más fieles a la familia habían corrido para traerlo del extranjero y presentarlo como pariente lejano, sacado de algún escandaloso contubernio. Entre secretos y misterios, lo ocultaron mientras lo hacían pasar como un nuevo "Mesías", anunciador de la buena nueva. Pero cuando tuvo edad de salir al mundo y no se le pudo disfrazar más. Los sabios y estudiosos se quedaron estupefactos. Nunca se habían enfrentado a un fenómeno así. Algunos hablaban de algo caótico nunca visto en esos confines. Con un apetito insaciable comparable solo a los virus de las computadores, dispuesto a arrasar con todo lo que estuviera a su alcance. Algunos quisieron calificarlo como un aborto de la naturaleza pero otros salieron en defensa de la Madre Naturaleza y lo calificaron como un engendro anti-vida. Su peor característica fue su empeño en destruir lo que estuviera a su alcance, devoraba flora y fauna, sembradíos, todo por el afán de llenar su apetito desmedido; era un ente atroz. Su padre adoptivo, como el doctor Frankestein, embelesado por el futuro prometedor de su hijo salía en su defensa descalificando a todo aquel que se atreviera a abrir la boca. El pueblo, al igual que en el caso de Frankestein, tuvo que salir a defenderse. Se trataba de un monstruo sin lugar a dudas y ponía en peligro la vida del país. Su padre desesperado quiso inscribirlo como ciudadano natural pero la gente lo rechazó por no tener nada de las costumbres y hábitos del lugar. Y así fue como la gente fue organizando en silencio y con mucho esfuerzo el sepelio. Llegaron de todos los rincones a defender su vida y la de sus hijos. Era una verdadera fiesta popular. La gente de ese lugar decía: "El coraje y la valentía no nos quitan la alegría." Ya iba de camino al cementerio el TLC, cuando Óscar Arias vio que las honras fúnebres las estaban oficiando los especialistas en Derecho Constitucional, por eso se saca de la manga la idea del referéndum ejecutivo. Don Oscar, usted lo que atrasó, por unos días, es el entierro. Pero en el pueblo, las bandas ya preparan la marcha fúnebre y no será "El duelo por la Patria", se llamará "LA GLORIA DE LA PATRIA". Dicen que las cimarronas también van a participar con una canción muy conocida: "El TLC, el TLC ya lo llevan a enterrar porque le falta, porque le falta alma y humanidad. El TLC, el TLC ya lo llevan a enterrar entre cuatro oligarcas y un patán de sacristán." Isabel Ducca D. Profesora [Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]
