RISA, MUCHA RISA

José Merino del Río*

Rodeado de aduladores y de bufones dispuestos a 
aplaudir cada ocurrencia del jefe, el presidente 
Arias se burla de sus opositores en cada una de 
las reuniones a puerta cerrada que lleva a cabo 
en las empresas de zonas francas, para 
promocionar el TLC. Está convencido de que es muy 
inteligente e ingenioso, porque lleva demasiados 
años rodeado de gente que se parte de risa por 
cualquier tontería que dice.

El mismo tiene que aguantarse sus propias 
carcajadas ante sus corifeos de turno, cuando le 
dice a los trabajadores que con el TLC "el que 
anda en bicicleta llegará al trabajo en moto BMW, 
y el que conduce un Hynduai lo hará en un 
Mercedes Benz", o cuando, en el colmo de su 
brillante sarcasmo, afirma que "los del No 
amenazan que con el TLC la isla del Coco será una 
franquicia de Disney".

Los trabajadores, obligados por los capataces a 
soportar los discursos soporíferos con los 
correspondientes toques de humor arista, no están 
para bromas, aunque a veces hay que aplaudir 
porque está prohibido silbar.

El espectáculo se prestaría incluso para que 
todos nos divirtiéramos un poco, si no nos 
tomáramos la democracia en serio, y si no 
tuviéramos la capacidad de indignarnos ante el 
uso prevaricador del poder y de los recursos 
públicos, el secuestro de las libertades en 
fábricas y plantaciones, la humillación de 
obreros y obreras en el espacio concentracionario 
de sus centros de trabajo.

Es evidente que Oscar Arias habla de lo que no 
sabe y que ofende la inteligencia de los 
costarricenses. Por eso no acepta debatir: "El 
Presidente no está para eso", dice con ese tono 
de soberbia y de superioridad que adoptan algunos 
ricachones, y agrega con talante testicular que 
le "tiene sin cuidado lo que digan", que para 
discutir de comercio "están los que saben". 
Claro, la aristocracia está para reunirse con la 
farándula y para otros menesteres menos tediosos 
que el aburrido TLC.

Es verdad que esa falta de respeto a la gente no 
es monopolio de este gobierno, es algo que 
lamentablemente se viene incubando, lenta pero 
inexorablemente, en el proceso de degeneración 
democrática que el país viene padeciendo. Pero 
ese desparpajo con el que Arias trata a los 
ciudadanos como si fueran súbditos, parece ser el 
sello de una presidencia imperial ejercida con 
una prepotencia sin límites.

Lo más grave es, sin embargo, el uso patrimonial 
de lo público en la campaña del referéndum que 
sin duda raya con posibles conductas delictivas. 
Una buena parte del presupuesto nacional -bonos, 
becas, obra pública y un largo etcétera- es 
puesto con todo descaro al servicio de la causa. 
Esta orgía de poder político, económico y 
financiero, sin frenos y sin contrapesos 
democráticos, es el mayor peligro que enfrentamos 
como país y como sociedad, y la catástrofe que 
amenaza a nuestra democracia si lograran salirse 
con la suya.

Por dicha, la risa se les congeló cuando la niña 
nicoyana dijo con su poesía lo que sentimos y por 
lo que luchamos la inmensa mayoría de este país.

* Artículo enviado a la prensa escrita.

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